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El Titanic
En el año 1912 un fabuloso trasatlántico inglés de 47.000 toneladas -EL TITANIC- se dirigía, en viaje inaugural, a Estados Unidos. Con este motivo en los amplios y ricos salones de la nave, se había organizado una lujosa y rica fiesta. Había música, bailes y buenas bebidas. Las aguas que surcaba el transatlántico en aquellos días eran muy peligrosas; grandes bloques inmensos de hielo desprendidos del ártico, bajaban flotando hacia el sur. Así se lo comunicaba con insistencia profesional a los telegrafistas del Titanic, los telegrafistas del California, un barco mercante que las cruzaba en aquel momento. Con mal humor los telegrafistas del Titanic no oyeron los avisos de peligro. ¡Déjennos en paz! Pájaros del mal agüero, ¡tenemos cosas más importantes que comunicar al mundo! La gente ríe, baila, fuma, canta... Se está inaugurando el barco más potente del mundo. ¡Ni Dios, ni el Papa, podrán con él! Déjennos en Paz. Los telegrafistas del California, cumplida su misión se echaron a dormir. Después ya saben lo que pasó. El Titanic chocó violentamente contra un gigantesco bloque de hielo. Ese día perecieron 1.517 personas. Los telegrafistas del Titanic angustiados lanzaban sus gritos de auxilio. Fue una de las tragedias más graves y lamentables que han sucedido en el mar.
- Queridos niños de Infancia Misionera, vamos a recoger el mensaje de este episodio verdaderamente elocuente. - ¿Se podía haber evitando la tragedia? Creo que sí. Si los telegrafistas del Titanic hubieran hecho caso a los avisos del California. ¡Cuántos malos pasos evitaríamos y cuántos sinsabores nos ahorraríamos si hiciésemos caso a los avisos de quienes nos quieren! Seamos dóciles a los avisos amorosos de nuestros padres y educadores. A las llamadas y avisos de Jesús en el Sagrario que como buen telegrafista, nos avisa los peligros y nos muestra el buen camino. - ¿Alguna vez has actuado como los telegrafistas del Titanic? - ¿Cuáles han sido tus consecuencias? - Un niño misionero sabe escuchar y también sabe obedecer.
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