Tenía nueve años cuando me di cuenta de lo que era la MISIóN y me entusiasmaba el hecho de poder cooperar en ella perteneciendo a la Santa Infancia que así se llamaba entonces la INFANCIA MISIONERA. En el primer colegio en donde estudié yo lo hacían también mis hermanas mayores. Allí, el mes de octubre giraba en torno a las Misiones y se llevaban a cabo muchas actividades para cooperar con el DOMUND. La segunda de mis hermanas, invitada por Jesús a la vida misionera, ingresó a la congregación de las Misioneras Agustinas Recoletas. Tenía yo quince años cuando también sentí, muy fuertemente, la invitación de Jesús. Mis padres dudaban un poco por mi poca madurez, sin embargo, me permitieron dar el paso e ingresé a la congregación de las MAR. Hice mis votos y al terminar mis estudios, fui destinada a Venezuela a trabajar en el Colegio Santa Rita de Maracaibo. Años después, volví a Colombia y luego fui a España en donde permanecí por más de doce años, regresando a Venezuela, de nuevo, al Colegio Santa Rita de Maracaibo. Tres años más tarde llegué a Caracas, a la comunidad del Noviciado, en el barrio de El Manicomio. Actualmente resido en el colegio Nuestra Señora de la Consolación de Cumbres de Curumo. Tengo mucha facilidad para el dibujo y la pintura y en esto, soy autodidacta. Respecto a estudios: me preparé en catequesis, en pastoral juvenil y en pastoral social, entre otros. Siempre me ha entusiasmado el llamado de Jesús a evangelizar, pues, a la edad de 13 años, en nuestro colegio y con la ayuda de las hermanas, con un grupo de compañeras fundamos una escuela dominical en la que, además de alfabetizar, dábamos formación cristiana a las señoras y jóvenes que asistían. En mi oración, es un apremio la expresión de Pablo en Efesios 4, 13: « hasta que lleguemos todos a la unidad de la fe y del pleno conocimiento del Hijo de Dios». Confío en Jesús, que mi oración es escuchada y contribuye en algo a la extensión de su Reino en el mundo. Ante la urgencia de la evangelización, el Señor me ha llamado a colaborar, en un servicio específico en la Infancia Misionera. Es una labor que llevo a cabo con gran alegría y disponibilidad, contando además, con el apoyo de mis hermanas de comunidad. Siento que el Espíritu renueva todas las cosas e inspira nuevos caminos para llevar a todos los hombres a Cristo. Se me ha dado otra oportunidad para colocar los dones, que de Dios he recibido, al servicio de su Iglesia. |
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