Que los niños descubran el sentido de la eucaristía como banquete sagrado en el que nos unimos íntimamente a Cristo.
Tener preparado: una mesa, la Biblia, una vela grande encendida, un mantel, platos y vasos suficientes. Un pan grande, refresco o limonada. En la cartelera que se presente lo siguiente:
Queridos niños: Jesús nos invita al banquete eucarístico en el cual él es el alimento por excelencia. Jesús habló muchas veces del banquete y de cómo participar en él. Siempre seremos bien recibidos por Jesús si vamos a él con corazón humilde y dispuesto.
-¿En la oración de la noche di gracias a Papá Dios por todo aquello que durante el día recibí? -¿Compartí la merienda con algún compañero que no la llevó a la escuela?
Querido Jesús: sabemos que eres nuestro alimento pero necesitamos profundizar en esta realidad para que podamos dar frutos de amor y santidad en nuestra vida. Aumenta nuestra fe para que no dudemos nunca de tu amor, para que no busquemos otros alimentos que nos separen de ti, única verdad. Te pedimos para que todos lo cristianos acudamos a tu banquete eucarístico y así, unidos a ti, crezcamos en el amor unos con otros. Amén.
"Mi carne es comida verdadera, y mi sangre es bebida verdadera. El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él. Como el Padre, que vive, me envió, y yo vivo por él, así, quien me come a mí tendrá de mí la vida. Este es el pan que ha bajado del cielo, no como el pan que comieron sus antepasados, los cuales murieron. El que coma este pan vivirá para siempre". Así habló Jesús en la sinagoga, en Cafarnaún.
-¿Qué, dice Jesús, es verdadera comida y verdadera bebida? -¿Quién permanece en Jesús y, Jesús en él? -¿Quién tendrá la vida de Jesús? -¿De qué pan se alimentaron los antepasados de los judíos? -¿Quién, dice Jesús, vivirá para siempre? Comer y beber a Jesús es hacerse uno con él. Jesús ha venido para que tengamos vida y una vida plena, por eso, se hace alimento y al mismo tiempo, ideal y meta de nuestra vida, guía y maestro, amigo y hermano, fuerza y unidad con los demás, lo es todo para quien lo acepta de verdad. Si pensamos que recibir a Jesús en la eucaristía se refiere solo al momento de la comunión no hemos entendido las palabras de Jesús. él desea transformarnos del todo, día a día, momento a momento. Vivir para siempre es pertenecerle a Jesús. Muchos pueden pensar que es difícil pero no lo es: si amamos de verdad, buscamos hacer el bien, tratamos de llevar nuestra alegría a otros y nos alejamos de lo malo, ya estamos haciendo vida la comunión con Jesús. Un niño misionero que ha sentido la invitación de Jesús a colaborar con él, vive la comunión con Jesús y con los demás. Sabemos que somos débiles y que nos podemos desanimar pero que Jesús está siempre ahí para darnos fortaleza. La comunión con Jesús nos une a toda la Iglesia y nos hermana con los más pobres y necesitados, como se hermanó Jesús con los pobres de su tiempo. Comulgando a Jesús: "Miramos a todos los hombres con ojos de hermano".
Se les entregará a los niños el siguiente dibujo, que deben pintar con vivos colores llevando en cuenta la numeración: 1. Amarillo, 2. Verde, 3. Azul, 4. Rojo, 5. Morado, 6. Naranja, 7. Marrón.
En el momento indicado el catequista pedirá que algunos del grupo acomoden, en el centro del salón, la mesa con el mantel, la Biblia, la vela encendida, los platos y vasos, el pan y el refresco o limonada. Invitará a todos a que se sienten en el suelo formando un círculo. Seguidamente, el catequista toma la palabra e dirá a los niños que observen lo que hay sobre la mesa y reflexionen en el gesto amoroso de Jesús, que estando reunido con sus amigos en una comida, realizó el misterio de hacerse comida y bebida de salvación para todos. Un niño a leerá de nuevo el texto del Evangelio de Juan, se dejará un tiempo para interiorizar y cada uno tomará un trocito del pan que hay sobre la mesa. Cuando cada uno tenga su parte de pan en la mano, antes de comerlo, hará una oración de acción de gracias. Finalmente, el catequista hará la repartición del refresco que se ha traído. Puede comentarse respecto a cómo se han sentido y si han captado, un poco mejor, la importancia que tiene la Eucaristía cuando la celebramos con atención. Se terminará con un canto apropiado.
-Proponerse asistir en grupo a la Eucaristía del domingo siguiente tratando de vivir con más profundidad lo aprendido en la catequesis. - Rezar cada día para que los jóvenes que Jesús llama al sacerdocio le den su sí con alegría, para que, habiendo sacerdotes suficientes las comunidades puedan celebrar la Eucaristía frecuentemente.
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