Llevar a los niños a profundizar en el dolor de corazón, la confesión de los pecados y la actitud de satisfacer por el mal que se ha hecho.
En la cartelera, se podrán colocar recortes de periódicos o revistas que presenten edificios, en ruinas unos y otros en construcción.
Queridos niños: Jesús nos conoce muy bien y sabe que necesitamos "hechos y pruebas" para darnos cuenta nosotros mismos de que lo que hacemos brota de nuestra sinceridad. Cuando somos sinceros y humildes, Dios hace todo lo demás, por eso la importancia de "confesarnos bien".
-¿He rezado cada día por la conversión de todos .los pecadores? -¿He llevado a cabo el examen de las cosas que hago durante el día: buenas o malas, para pedir perdón, corregir y agradecer a Papá Dios?
Querido Papá Dios: tú, todo lo ves pero no nos quitas la responsabilidad que, como personas, todos tenemos. Cuando hago lo malo ante tus ojos y me hago daño y daño a mi prójimo, tú me das esa luz que cosquillea en mi conciencia para que ejerza mi responsabilidad y repare ese daño, restaure mi casa interior y vuelva a tu amor. Te pido que nunca me haga el sordo y me endurezca ante tus señales para volver a tus brazos y a tu casa. Te pido por todos los que viven alejados de ti. Amén.
Lucas 15, 11- 24. Jesús puso otro ejemplo: Un hombre tenía dos hijos. El menor dijo a su padre: "Padre, dame la parte de la herencia que me corresponde." Y el padre la repartió entre los dos hijos. A los pocos días, el hijo menor recogió sus cosas, se marchó a un país lejano y allí despilfarró toda su fortuna viviendo como un libertino. Cuando lo había gastado todo, sobrevino una gran carestía en aquella región, y el muchacho comenzó a padecer necesidad. Entonces fue a servir a casa de un hombre de aquel país, quien le mandó a sus campos a cuidar cerdos. Habría deseado llenar el estómago con las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie se las daba. Entonces recapacitó y se dijo: "Cuántos jornaleros en la casa de mi padre tienen pan de sobra, mientras que yo aquí me muero de hambre! Me pondré en camino, volveré a casa de mi padre y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no merezco llamarme hijo tuyo; trátame como a uno de tus jornaleros". Se puso en camino y se fue a casa de su padre. Cuando aún estaba lejos, su padre lo vio, y profundamente conmovido, salió corriendo a su encuentro, lo abrazó y lo cubrió de besos. El hijo empezó a decirle: "Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo". Pero el padre dijo a sus criados: "Traigan, enseguida, el mejor vestido y pónganselo; pónganle también un anillo en la mano y sandalias en los pies. Tomen el ternero cebado, mátenlo y celebremos un banquete de fiesta, porque este hijo mío había muerto y ha vuelto a la vida, se había perdido y lo hemos encontrado". Y se pusieron a celebrar la fiesta.
-¿ Quién quiere narrar con sus palabras esta parábola del hijo que se fue de su casa? - ¿En qué momento el hijo menor tomó conciencia de su situación? -¿Cómo logra el hijo menor remediar su situación? -¿El muchacho imaginó alguna vez cómo iba a ser recibido por su padre? -¿A quién nos quiere presentar Jesús en la persona del padre de la parábola? Todos nos parecemos al hijo menor que se va de la casa, pues, cuando pecamos nos alejamos, rompemos la amistad con Papá Dios. La vida es dura lejos de Dios. Recapacitar, pensar y decidir es la luz y claridad que nos vienen de Dios y nos llevan a actuar, a buscar, a volver a lo que habíamos perdido. Reconocer la ofensa a un Padre tan bueno y proponerse no volver a caer en lo mismo, es el primer paso de la conversión. Cuando decimos al sacerdote todo lo malo que hemos hecho, recibimos la absolución. Recibimos el perdón en la medida de nuestra sinceridad y humildad. Es Dios mismo quien nos abre los brazos para acogernos con su amor misericordioso. Confesamos, también, este gran amor salvador y liberador. El perdón no nos quita la mala inclinación al pecado por eso, debemos luchar y trabajar, reparar ese mal. Este acto de reparación lo llamamos "cumplir la penitencia". También, llevamos a la práctica el propósito de conversión y de cambio.
A cada niño el catequista entrega una hoja en blanco que se doblará en dos partes iguales. Se harán dos dibujos que serán pintados: en la primera parte el niño representará al hijo reflexionando y pensando y en la segunda parte, dibujará el encuentro del padre y del hijo.
Formando un círculo, los niños se sentarán en el suelo. El catequista les entregará las letras recortadas de las palabras: RECONSTRUIR -REINICIAR -RECAPACITAR. Organizadas las palabras las pegarán sobre o al lado de la cartelera. Seguidamente, cada niño prepara una petición de perdón, de compromiso o acción de gracias. Se termina cantando el Padrenuestro.
-Rezar cada día por la propia familia para que se mantenga unida o se restablezcan las buenas relaciones si hay desunión. - Continuar en el ejercicio del examen de conciencia cada noche, pidiendo perdón a Papá Dios por lo bueno que se ha dejado de hacer.
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