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Llevar a los niños a tener una experiencia de contemplación a través del rezo de un misterio del Rosario.
Queridos niños: contemplar es ver con el corazón. El Rosario nos ayuda a ver con el corazón y la imaginación los hechos de la vida de Jesús en los que estuvo presente también la Santísima Virgen. ¿Cómo podemos afianzar nuestro amor a Jesús si no lo recordamos? La Virgen María, pues, nos enseña a contemplar: ella guardaba todos los acontecimientos de la vida de Jesús y los repasaba en su corazón.
-¿Qué respuestas he encontrado al consultar sobre las palabras de la Virgen en las apariciones de Lourdes y La Virgen Milagrosa, Francia y Fátima, Portugal? -¿He rezado tres Avemarías todos los días pidiendo para que todos los niños del mundo conozcan y amen a Jesús y a la Virgen?
(Lucas 2, 16 -19) Fueron aprisa y encontraron a María, a José y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, les contaron lo que habían dicho del niño. Y todos los que lo oyeron se asombraban de lo que contaban los pastores. Pero María lo conservaba y meditaba todo en su interior.
Cuando suceden cosas muy importantes no nos quedamos parados sino que vamos de prisa a contar y a verificar lo sucedido. Los pastores, que habían recibido el anuncio del nacimiento de Jesús a través de un ángel, van corriendo a Belén a verificar lo que habían escuchado. Los que escuchan a los pastores se asombran pero María va guardando y meditando todo en su corazón. Ella necesita tiempo para asumir todo lo sucedido y así no perder ningún detalle de las cosas tan admirables que Dios está haciendo. Por eso, el Papa Juan Pablo II nos invita a volver al rezo del Rosario y a repasar con el corazón los acontecimientos de la vida de Jesús, como lo hizo María. Escuchemos lo que él nos dice. El motivo más importante para volver a proponer con determinación la práctica del Rosario es por ser un medio muy válido que favorece en los cristianos la contemplación del misterio de Cristo, que he propuesto en la Carta Apostólica <Novo Millennio Ineunte> como camino a la santidad: <Es necesario un cristianismo que se distinga ante todo en el arte de la oración>. Mientras en la cultura contemporánea, incluso entre tantas contradicciones, surge el deseo de una nueva espiritualidad, impulsada quizás por el influjo de otras religiones, es más urgente que nunca que nuestras comunidades cristianas se conviertan en <auténticas escuelas de oración>. El Rosario, que durante tantos siglos ha brotado del corazón de tantos cristianos, forma parte de la mejor y más reconocida tradición de la contemplación cristiana. Iniciado en el mundo occidental, es una oración meditativa y se compara de algún modo con la <oración del corazón>, u <oración de Jesús> practicada en el oriente cristiano. La oración de Jesús es la invocación constante que acostumbra a decir, desde su corazón, el cristiano oriental: "Jesús misericordioso, ten compasión de mí".
El catequista invita a los niños a sentarse en el suelo formando un círculo. Entregará una tarjeta a cada uno para que medite sobre lo que se indica a continuación y luego escriba. ¿Qué imagina cada uno QUE PODíA ESTAR PENSANDO LA VIRGEN MARíA AL CONTEMPLAR A JESÚS ENVUELTO EN PAñALES Y AL ESCUCHAR LO QUE DECíAN LOS PASTORES? (Aunque es una pregunta difícil, valorar cuanto piense y diga cada uno). Invitar a los niños a expresar en voz alta lo que han meditado y escrito. Finalmente se reza el Avemaría y se entona un canto a la Virgen María.
-Escribir en el cuaderno de I.M., con letras grandes, los cinco misterios Gozosos y aprenderlos bien para que no se olviden. -Rezar cada día uno de los misterios Gozosos pidiendo a la Virgen María por la paz del mundo.
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