Llevar a los niños a reflexionar sobre la importancia de la oración en familia.
Queridos niños: el Papa nos recuerda una expresión muy conocida: “La familia que reza unida, permanece unida”. Los niños de la Infancia Misionera tienen un primer campo de trabajo: la propia familia. Y para empezar hay que rezar por cada uno de los que la forman y también, rezar todos juntos.
-¿Durante la Semana Santa he asistido a la iglesia para las celebraciones propias de estos días? (¿mis papás me acompañaron?) -¿Recé el Rosario, más de una vez, pidiendo por la paz en el mundo?
Querida Virgen María: te damos gracias porque siempre nos ayudas y te pedimos por nuestras familias para que nunca dejemos de amarnos y perdonarnos, para que a nuestros papás no les falte la salud ni en trabajo, para que nos ayudemos unos a otros y sembremos la paz en nuestro ambiente. Te pedimos, también, por todos los niños que no tienen una familia que los quiera y ayude. Amén.
Que todos sean uno, como tú, Padre, estás en mí y yo en ti; que también ellos sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste. Yo les di la gloria que tú me diste para que sean uno como lo somos nosotros. Yo en ellos y tú en mí, para que sean plenamente uno; para que el mundo conozca que tú me enviaste y los amaste como me amaste a mí.
-¿Qué pide Jesús al Padre? -¿Para que pide Jesús que todos sean uno? -¿Cómo debe ser nuestra unidad? -¿Qué debe conocer el mundo? -Nosotros, seguidores de Jesús, ¿por qué nos debemos caracterizar? -Una familia cristiana, un niño misionero, ¿qué testimonio debe dar a los demás? -¿Mi familia se reúne para rezar y celebrar la eucaristía? Además de oración por la paz, el Rosario es también, desde siempre, una oración de la familia y por la familia. Antes esta oración era apreciada particularmente por las familias cristianas, y ciertamente favorecía su comunión. Conviene no descuidar esta preciosa herencia. Se ha de volver a rezar en familia y a rogar por las familias, utilizando todavía esta forma de plegaria. Si en la Carta apostólica Novo millennio ineunte he alentado la celebración de la Liturgia de las Horas por parte de los laicos en la vida ordinaria de las comunidades parroquiales y de los diversos grupos cristianos, deseo hacerlo igualmente con el Rosario. Se trata de dos caminos de la contemplación cristiana que no se oponen sino que se complementan. Pido, por tanto, a cuantos se dedican a la pastoral de las familias que recomienden con convencimiento el rezo del Rosario. La familia que reza unida, permanece unida. El Santo Rosario, por antigua tradición, es una oración que se presta particularmente para unir a la familia. Contemplando a Jesús, cada uno de sus miembros recupera también la capacidad de volverse a mirar a los ojos, para comunicar, solidarizarse, perdonarse recíprocamente y comenzar de nuevo con un pacto de amor renovado por el Espíritu de Dios. Muchos problemas de las familias de hoy día, que económicamente tienen más recursos, vienen de una creciente dificultad para comunicarse. No lograr reunirse ni estar juntos y a veces los pocos momentos de reunión se dedican a la televisión. Volver a rezar el Rosario en una familia significa llevar a nuestra vida otras imágenes muy distintas a las del televisor; es buscar la imagen del Redentor, la imagen de la Madre santísima. La familia que reza unida el Rosario reproduce un poco el clima de la casa de Nazaret: Jesús está en el centro, se comparten con él alegrías y dolores, se ponen en sus manos las necesidades y proyectos, se obtienen de él la esperanza y la fuerza para el camino.
El catequista entrega a los niños media hoja de papel para dibujar y pintar una mesa cubierta con un mantel y una olla humeante con su tapa en medio de la mesa. Les indica que cada uno deberá completar lo que pueda faltar: personas, asientos, cubiertos, platos, etc.
El catequista invita a los niños a sentarse en el suelo formando un círculo. En el centro, sobre el suelo, colocará un pequeño mantel y encima una vela encendida, la Biblia y un rosario. Tendrá preparado un corazón recortado en cartulina con el nombre de cada niño. Se comenzará con un canto a Jesús resucitado: Gloria, gloria, Aleluya u otro que todos sepan. Seguidamente entrega a cada niño el corazón de cartulina y les indica que, alrededor del nombre, cada uno escriba los nombres del papá, la mamá y los hermanos y lo coloque sobre el mantel, junto a la vela, la Biblia y el rosario. El catequista pedirá a los niños hacer unos momentos de silencio para que cada uno, dirija a Jesús una oración por cada uno de los miembros de su familia. Para finalizar se rezará el Padrenuestro, el Ave María y el Gloria. (Los corazones los recoge el catequista y los guarda para la siguiente catequesis)
-Mantener limpios los lugares en donde me encuentre: la casa, la escuela, el salón de la catequesis, etc. -Rezar el Rosario, si es posible con la familia, para pedir por la paz del mundo.
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