Llevar a los niños a reflexionar sobre la necesidad de trabajar y orar por la paz del mundo.
Queridos niños: Vivimos en un mundo donde no hay paz. Todos queremos que haya paz pero no se ponen los medios necesarios porque hay injusticias, hay hambre, hay destrucción de la naturaleza, falta perdón, hay egoísmo y no hay respeto por la vida del indefenso. Si no tenemos verdadero amor a los demás, no podemos esperar que haya paz.
-¿He rezado todos los días un misterio del Rosario pidiendo por la paz del mundo? -¿He ayudado en la escuela y en mi casa sin que me lo hayan pedido?
Querida Virgen María: Jesús desea la paz para cada uno de nosotros y tú, también nos pides que oremos y trabajemos para que haya paz. Donde está Jesús estás tú y hay paz. Donde no hay paz no está Jesús, ni estás tú. Te pedimos por todos los países que sufren por causa de la guerra, de las injusticias, del hambre y de la violencia, para que Jesús reine en cada corazón y desde ahí surja la paz para las familias y para todos los pueblos. Amén.
Juan 20, 19-21. Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos con las puertas bien cerradas, por miedo a los judíos. Llegó Jesús, se colocó en medio y les dice: - la Paz sea con ustedes. Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron al ver al Señor. Jesús les repitió: - La Paz sea con ustedes. Como el Padre me envió, yo los envío a ustedes.
-¿Por qué tenían los discípulos miedo a los judíos? -¿Cómo entró Jesús al lugar en que estaban sus discípulos con la puertas cerradas? -¿Con qué palabras saludó Jesús y qué gesto hizo? -Al ver a Jesús, ¿cómo reaccionaron los discípulos? -¿Qué otras palabras les dijo Jesús? Las dificultades que presenta el mundo en este comienzo del nuevo Milenio nos lleva a pensar que sólo una intervención de Dios, que puede orientar los corazones de quienes viven situaciones de conflicto y de quienes dirigen los destinos de las Naciones, nos hace esperar que tengamos un futuro menos oscuro. El Rosario es una oración orientada por su naturaleza hacia la paz, por el hecho mismo de que contempla a Cristo, Príncipe de la paz y <nuestra paz>. Quien interioriza el misterio de Cristo –y el Rosario tiende precisamente a eso- aprende el secreto de la paz y hace de ello un programa de vida. Además, debido a su carácter meditativo, con la serena sucesión del Ave María, el Rosario ejerce sobre el orante una acción pacificadora que lo dispone a recibir y experimentar en la profundidad de su ser, y a difundir a su alrededor, paz verdadera, que es un don especial del Resucitado. Es además oración de la paz por la caridad que promueve. Si se recita bien, como verdadera oración meditativa, el Rosario, favoreciendo el encuentro con Cristo en sus misterios, muestra también el rostro de Cristo en los hermanos, especialmente en los que más sufren. ¿Cómo se podría considerar, en los misterios gozosos, el misterio del Niño nacido en Belén sin sentir el deseo de acoger, defender y promover la vida, haciéndose cargo del sufrimiento de los niños en todas la partes del mundo? ¿Cómo podrían seguirse los pasos del Cristo revelador, en los misterios de la luz, sin proponerse el testimonio de sus bienaventuranzas en la vida de cada día? Y ¿cómo contemplar a Cristo cargado con la cruz y crucificado, sin sentir la necesidad de hacerse sus <cireneos> en cada hermano aquejado por el dolor u oprimido por la desesperación? ¿Cómo se podría, en fin, contemplar la gloria de Cristo resucitado y a María coronada como Reina, sin sentir el deseo de hacer este mundo más hermoso, más justo, más cercano al proyecto de Dios? En definitiva, mientras nos hace contemplar a Cristo, el Rosario nos hace también constructores de la paz en el mundo. Por su carácter de petición insistente y comunitaria, en sintonía con la invitación de Cristo a <orar siempre sin desfallecer>, nos permite esperar que hoy se pueda vencer también una ‘batalla’ tan difícil como la de la paz. De ese modo, el Rosario, en vez de ser una huida de los problemas del mundo, nos impulsa a examinarlos de manera responsable y generosa, y nos concede la fuerza de hacerles frente con la certeza de la ayuda de Dios y con el firme propósito de testimoniar en cada circunstancia la caridad, <que es el vínculo de la perfección>.
Buscar en la “sopa de letras” las siguientes palabras que tienen relación con la paz: AMOR-PERDóN-ACEPTACIóN-GENEROSIDAD-TRABAJO-ESTUDIO-COMPARTIR-SOLIDARIDAD-RESPETO-JUSTICIA-ALEGRíA-FIESTA-CELEBRACIóN-VERDAD-DIOS-COMUNIóN-ORACIóN-LIBERTAD-
El catequista invita a los niños a sentarse en el suelo formando un círculo y les indicará que cada uno piense un momento en los problemas que hay en su país o en el mundo y prepare una petición. Se iniciará con un canto y seguidamente cada uno dirá su oración. Al final todos recitarán la oración que se dice en la misa: “Señor Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles: ‘la paz les dejo, mi paz les doy’, no tengas en cuenta nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia y, conforme a tu palabra, concédele la paz y la unidad. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén”.
-Durante la Semana Santa asistir a la iglesia a las celebraciones propias de estos días. (pedir a los papás que los acompañen) -Rezar el Rosario, más de una vez, pidiendo por la paz en el mundo.
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