Que los niños se den cuenta de que toda oración, desde que se inicia hasta que se termina, forma un todo. La oración del Rosario es un todo con su comienzo y su final.
Queridos niños: Hoy, reflexionaremos sobre el comienzo y el final de la oración del Rosario. Las palabras que nos dice el Papa las debemos recordar siempre pues nos ayudarán a orar mejor: “el Rosario es realmente un camino espiritual en el que María se hace Madre, maestra, guía, y sostiene al que reza con su poderosa intercesión”.
¿Cómo ha quedado el rosario que hice en casa? ¿Lo puedo mostrar a mi catequista y a mis compañeros? ¿Recé un día el Rosario con los miembros de mi familia?
Querida Virgen María: Tú eres nuestra Madre, guía y maestra que nos lleva siempre a Jesús. Cuando tú orabas con los discípulos, después de la ascensión de Jesús al cielo, él estaba en medio. Pídele a Jesús que hoy esté con nosotros y cada vez que nos reunamos lo hagamos en su nombre para que siempre esté en medio de nosotros. Te pedimos por toda la Iglesia para que tenga siempre a Jesús en medio. Amén.
Mateo 18, 19-20. Les digo también que si dos de ustedes en la tierra se ponen de acuerdo para pedir cualquier cosa, se la concederá mi Padre del cielo. Pues donde hay dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo, en medio de ellos.
¿Qué cosas son las que debemos pedir al Padre del cielo? ¿Recordamos lo que dijo Jesús acerca del “tamaño de un grano de mostaza”? ¿Para que el Padre nos conceda lo que pedimos, en nombre de quién debemos reunirnos? ¿Por qué algunas personas dicen que piden a Dios y que él no les escucha? ¿Debemos buscar a Dios sólo para pedirle cosas? ¿Cómo debe ser nuestra oración? Para rezar el Rosario, hay varios modos de comenzarlo, según los diversos lugares y costumbres dentro de lglesia. En algunas regiones lo inician con la invocación del salmo 69: <Dios mío ven en mi auxilio, Señor date prisa en socorrerme>, como para alimentar en el orante la humilde conciencia de su propia indigencia; en otras regiones, se comienza recitando el Credo, como haciendo de la profesión de fe el fundamento del camino contemplativo que se emprende. éstos y otros modos parecidos, en la medida que preparan el ánimo para la contemplación, son usos igualmente correctos. El Rosario se termina rezando por las intenciones del Papa, para llevar la mirada de quien reza hacia el inmenso campo de las necesidades eclesiales. Precisamente para avivar esta dimensión eclesial del Rosario, la Iglesia ha querido enriquecerlo con santas indulgencias para quien lo recita con humildad y confianza. En efecto, si se hace así, el Rosario es realmente un itinerario espiritual en el que María se hace Madre, maestra, guía, y sostiene al creyente con su poderosa intercesión. Si al terminar el Rosario, oración en la cual se ha experimentado íntimamente la maternidad de María, ¿cómo no nos vamos a asombrar de que nuestro espíritu sienta necesidad de dedicar una alabanza a la Santísima Virgen, bien sea con la bella oración de la Salve Regina, bien con las Letanías lauretanas? Es como coronar un camino interior, que ha llevado al fiel al contacto vivo con el misterio de Cristo y de su Madre Santísima.
El catequista habrá preparado cinco medios pliegos de papel blanco. Organiza a los niños en cinco grupos diferentes y a cada uno le asigna la preparación de uno de los misterios dolorosos. Cada grupo de niños debe hacer el dibujo del misterio correspondiente y pintarlo, preparar quien va a recitar: el misterio, el Padrenuestro, las Avemarías y el Gloria.
El catequista invita a los niños a sentarse en el suelo formando un círculo pero quedando cerca los miembros de cada grupo. Les indicará que, cuando cada grupo tenga su turno, se pondrán de pie para hacer la oración presentando a los demás el dibujo elaborado. Terminado el rezo de cada misterio el grupo se sienta. El catequista iniciará el Rosario, como se tenga costumbre en el lugar, y se terminará con el rezo de la Salve a la Santísima Virgen.
Hablar en mi casa, con mis papás y hermanos de lo que hemos aprendido sobre el Rosario y por qué es importante que lo recemos en familia. Ayudar en las cosas de la casa sin que te lo pidan. Recordar en compromiso misionero de rezar por un país...
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