Llevar a los niños a reflexionar en el nacimiento de Jesús.
Queridos niños: Jesús nació como todos nosotros, menos en el pecado, pero con todas las carencias de cualquier niño al nacer. Además de ser débil, indefenso, necesitado en todos los aspectos, Jesús vino al mundo en un pesebre, en un lugar donde se guardan por la noche los animales. No hubo lugar entre la gente para que él naciera. Se hizo hombre para ser nuestra alegría y nuestra paz, para que todos fuéramos verdaderamente personas según el plan de Dios para cada uno. Agradezcamos, de corazón, a Jesús al recordar todos estos acontecimientos salvadores.
-¿Invité a los miembros de la familia a rezar el Rosario un día, todos juntos? -¿Durante la semana, pocas veces o ninguna discutí ni me quejé porque las cosas no me salían bien?
Querida Virgen María y querido san José: gracias por haber dicho <sí> al plan de Papá Dios y porque cada uno, según este plan se hizo disponible para que el Hijo de Dios se hiciera hombre como nosotros. Rueguen por la humanidad que sufre tantas guerras, por los niños abandonados, por todos los que no conocen a Jesús, por cada uno de nosotros y por nuestras familias para que tengamos el corazón dispuesto siempre a que Jesús nazca en cada uno y seamos personas nuevas. Amén.
Lucas 2, 1-7. Por entonces se promulgó un decreto del emperador Augusto que ordenaba a todo el mundo inscribirse en el censo. Este fue el primer censo, realizado siendo Quirino gobernador de Siria. Acudían todos a inscribirse, cada uno en su ciudad. José subió de Nazaret, ciudad de Galilea, a la ciudad de David en Judea llamada Belén –pues pertenecía a la Casa y familia de David- a inscribirse con María, su esposa, que estaba embarazada. Estando ellos allí, le llegó la hora del parto y dio a luz a su hijo primogénito. Lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no habían encontrado lugar en la posada.
-¿Quién era el emperador romano que ordenó un censo en todo el mundo? -¿José y María por qué fueron a Belén a censarse si vivían en Nazaret? -¿En qué condiciones estaba María y qué le pasó? -¿Por qué el Niño Jesús nació en un refugio de animales? En 1978, cuando hablé sobre el Rosario como mi oración predilecta, expresé una idea que ahora quiero repetir y es que <el simple rezo del Rosario marca el ritmo de la vida humana>. A la luz de lo que hemos dicho hasta ahora sobre los misterios de Cristo, no es difícil profundizar en lo que de humano considera el Rosario. Quien contempla a Cristo recorriendo las etapas de su vida, descubre también en él la verdad sobre el hombre. ésta es la gran afirmación del Concilio Vaticano II, y que he tenido muy presente en mis enseñanzas, a partir de la Carta Encíclica Redemptor Hominis: <Realmente, el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo Encarnado>. El Rosario ayuda a abrirse a esta luz. Siguiendo el camino de Cristo, el cual renueva el camino del hombre, el creyente se coloca ante la imagen del verdadero hombre. Contemplando su nacimiento aprende el sentido sagrado de la vida, mirando la casa de Nazaret se da cuenta de la verdad originaria de la familia según el designio de Dios, escuchando al Maestro en los misterios de su vida pública encuentra la luz para entrar en el Reino de Dios y, siguiendo sus pasos hacia el Calvario, comprende el sentido del dolor salvador. Por fin, contemplando a Cristo y a su Madre en la gloria, ve la meta a la que cada uno de nosotros está llamado, si se deja sanar y transfigurar por el Espíritu Santo. De este modo, se puede decir que cada misterio del Rosario, bien meditado, ilumina el misterio del hombre. Resulta natural presentar, al mismo tiempo, en este encuentro con la santa humanidad del Redentor tantos problemas, afanes, fatigas y proyectos que marcan nuestra vida. <Descarga en el Señor tu peso, y él te sustentará>(Salmo 55,23). Meditar con el Rosario significa poner nuestras preocupaciones en los corazones misericordiosos de Cristo y de su Madre. Después de largos años, recordando los sinsabores, que no han faltado tampoco en el ejercicio del ministerio como sucesor de San Pedro, casi como una amorosa invitación dirigida a todos para que hagan de ello una experiencia personal, deseo repetir: sí, verdaderamente el Rosario <marca el ritmo de la vida humana>, para armonizarla con el ritmo de la vida divina, en gozosa comunión con la Santísima Trinidad, destino y anhelo de nuestra existencia.
Los niños prepararán el nacimiento de la cartelera con los dibujos correspondientes, por lo tanto, hay que: pintar, recortar, pegar y colocar los adornos que crean necesarios.
El catequista invita a los niños a sentarse en el suelo formando un círculo y a cada uno entregará unas pajas o ramitas. Habrá preparado sobre una mesa pequeña un mantel, la Biblia abierta, una vela encendida. Si no se tiene una imagen del Niño Jesús se escribe en letra grande la palabra Jesús. Se iniciará con un villancico y seguidamente el catequista dice que cada uno prepare una ofrenda al Niño Jesús. En el momento oportuno los niños van pasando al centro y sobre la Biblia abierta van colocando las pajas o ramas, formando un nido y dicen en voz alta lo que han pensado. Al finalizar, el catequista colocará sobre las pajas la imagen de Jesús o el nombre de Jesús. Se tomarán de la mano y cantarán otro villancico.
-Invitar a los miembros de la familia a preparar la Navidad teniendo como centro a Jesús que nace para redimirnos regalándonos su paz y el don de la unidad. -Rezar por todos los niños y colaborar para que muchos, más pobres, puedan pasar una Navidad diferente.
|
|
|