Llevar a los niños a reflexionar que meditando el Rosario seguimos el camino que hizo la Virgen María.
Queridos niños: la vida de la Virgen María, como la más fiel discípula de Jesús, es un camino que nosotros podemos seguir. Ella vivió para Jesús y cuando el salió a predicar y enseñar ella también lo seguía y abría el corazón a sus enseñanzas. En el Rosario contemplamos este camino de María.
-¿Aprendí los cinco misterios Gloriosos? -¿Recé todos los días por la intenciones del santo Padre Juan Pablo II y, en especial, por la paz del mundo?
Virgen María, la más fiel seguidora de Jesús, que tenías siempre el corazón dispuesto para recibir su mensaje de amor: enséñanos, acompáñanos, corrígenos, aconséjanos. Queremos ser cristianos de verdad pero a veces parece que no lo deseamos del todo porque no nos gusta que otros sobresalgan y sean tenidos como mejores, que por decir la verdad seamos reprendidos, que tengamos que compartir con otro lo que se quiere para uno no solo. Pide a Jesús nos bendiga y bendiga a nuestros papás y hermanos, a nuestros maestros y compañeros, a nuestro catequista y a nuestros amigos. Amén.
Lucas 1, 41- 42. Cuando Isabel oyó el saludo de María, la criatura dio un salto en su vientre; Isabel, llena del Espíritu Santo, exclamó con voz fuerte: -Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre.
-¿Qué palabras dijo Isabel en voz alta al escuchar el saludo de María? -¿Qué decimos nosotros cuando rezamos el Avemaría? -Al repetir tantas veces en el Rosario las palabras de Isabel, ¿qué le decimos de María y de Jesús? Las Meditaciones que nos propone el Rosario llaman la atención sobre lo esencial, nos lleva a querer conocer más a Cristo, como nos lo presentan los Evangelios. Cada rasgo de la vida de Cristo, tal como lo narran los Evangelistas, refleja aquel misterio que supera todo conocimiento. Es el Misterio del Verbo hecho carne, en el cual “reside toda la Plenitud de la Divinidad corporalmente”. Por eso el Catecismo de la Iglesia Católica insiste tanto en los misterios de Cristo, recordando que “todo en la vida de Jesús es signo de su misterio”. El <remar mar adentro> de la Iglesia en el tercer Milenio se basa en la capacidad de los cristianos de alcanzar <en toda su riqueza la plena inteligencia y perfecto conocimiento del Misterio de Dios, en el cual están ocultos todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia>. La Carta a los Efesios desea ardientemente a todos los bautizados: <Que Cristo habite por la fe en sus corazones, para que, arraigados y cimentados por el amor[...], puedan dar a conocer el amor de Cristo, que sobrepasa todo conocimiento, para que ustedes se vayan llenando hasta la total plenitud de Dios”. El Rosario promueve este ideal, ofreciendo el ‘secreto’ para abrirse más facilmente a un conocimiento profundo y comprometido de Cristo. Podríamos llamarlo el camino de María. Es el camino del ejemplo de la Virgen de Nazaret, mujer de fe, de silencio y de escucha. Es al mismo tiempo el camino de una devoción mariana consciente de la inseparable relación que une a Cristo con su Santa Madre: los misterios de Cristo son también, en cierto sentido, los misterios de su Madre, incluso cuando Ella no está implicada directamente, por el hecho mismo de que Ella vive de él y por él. Haciendo nuestras en el Ave María las palabras del ángel Gabriel y de santa Isabel, nos sentimos impulsados a buscar siempre de nuevo en María, entre sus brazos y en su corazón, el <fruto bendito de su vientre>
El catequista entregará a los niños una hoja de papel en que esté dibujado un camino que vaya de una esquina a otra de la hoja. Les invita a dialogar un poco sobre el camino de María, o sea la vida de María y a escribir sobre el camino dibujado los momentos que se quieran resaltar de la vida de la Virgen María. Cuando todos hayan hecho lo indicado, cada niño hará un dibujo referente a uno de esos momentos del camino de María. Al final se expondrán los trabajos para que todos aprecien lo realizado por sus compañeros.
El catequista entregará a cada niño una papeleta para que escriba una alabanza a María. Se colocarán de pie, haciendo un medio círculo frente a la cartelera. Se iniciará la celebración con un canto a la Virgen y seguidamente cada niño leerá lo que escribió en la papeleta y la pegará alrededor de la imagen dibujada en la cartelera. Para finalizar, todos se tomarán de la mano y rezarán el Padrenuestro y el Avemaría.
-Invitar a los miembros de la familia a rezar el Rosario, un día, todos juntos. -Durante la semana no discutir ni quejarse porque las cosas no salen bien.
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