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Que los niños se informen del por qué los Papas han recomendado el rezo del Rosario
Queridos niños: el Rosario es una oración que nos ayuda a contemplar la vida de Jesús y junto a él, a María. Esta oración, pues, tiene mucha importancia en nuestra vida; la podemos aprender de memoria y rezarla en cualquier lugar y momento que podamos
- ¿Coloqué mi dibujo de la Virgen María en un lugar destacado de mi habitación? - ¿He rezado a la Virgen para que interceda por la paz del mundo y la reconciliación de todos lo que están en guerra?
Bajo tu protección nos acogemos, santa Madre de Dios, no desoigas las súplicas que te dirigimos en nuestras necesidades; antes bien, líbranos siempre de todo peligro, oh Virgen gloriosa y bendita.
Lucas 1, 26 – 28. A los seis meses Dios mandó al ángel Gabriel a un pueblo de Galilea llamado Nazaret, para visitar a una virgen llamada María. Ella estaba comprometida para casarse con un hombre llamado José, descendiente del rey David. El ángel entró en el lugar donde ella estaba y le dijo: ¡Alégrate, favorecida, el Señor está contigo!
- ¿En qué ciudad de Galilea vivía la virgen llamada María? - ¿Con quién estaba comprometida María para casarse? - ¿Quién visitó a María de parte de Dios y qué le dijo? - ¿Quién puede explicar el significado del saludo del ángel a María? En el Evangelio de Lucas, María tiene una relevancia especial porque es una mujer de mucha fe y muy humilde y Dios la escoge para ser la madre de Jesús, el Hijo de Dios hecho hombre. ¿Nosotros, pues, seguidores de Jesús, no vamos a venerar, a buscar la protección y la amistad de María, su mamá? Eso es lo que nos recomiendan los Papas: que acudamos a María porque al honrarla, damos gloria a su Hijo Jesús y eso es lo que Ella nos pide: “Que hagamos lo que él nos dice”. A la oración del Rosario le han dado gran importancia muchos de los Papas anteriores a Juan Pablo II. Uno de ellos es el Papa León XIII que, el 1 de septiembre de 1883, promulgó una Encíclica muy importante con la cual dio comienzo a otras muchas intervenciones sobre esta oración del Rosario, indicándola como instrumento espiritual eficaz ante los males de la sociedad. Entre los últimos Papas, se han distinguido por haber promovido el Rosario: el Beato Juan XXIII y, sobre todo, Pablo VI, que en la Exhortación apostólica <Marialis cultus>, de acuerdo a cuanto dice el Concilio Vaticano II, reafirmó el carácter evangélico del Rosario y su orientación cristológica. Yo mismo, dice el Papa Juan Pablo II, “no he dejado pasar ocasión de invitar a rezar con frecuencia el Rosario. Esta oración ha tenido un puesto importante en mi vida espiritual desde mis años jóvenes. Me lo ha recordado mucho mi reciente viaje a Polonia, especialmente la visita al santuario de Kalwaria. El Rosario me ha acompañado en los momentos de alegría y en los de tribulación. A él he confiado tantas preocupaciones y en él siempre he encontrado consuelo. Hace veinticuatro años, el 29 de octubre de 1978, dos semanas después de mi elección a la Sede de Pedro, como abriendo mi alma, me expresé así: <El Rosario es mi oración predilecta. ¡Plegaria maravillosa! Maravillosa en su sencillez y en su profundidad. (...) Se puede decir que el Rosario es, en cierto modo, un comentario-oración sobre el capítulo final de la Constitución <Lumen Gentium> del Vaticano II, capítulo que trata de la presencia admirable de la Madre de Dios en el misterio de Cristo y de la Iglesia. En efecto, con el trasfondo de las Avemarías pasan ante los ojos del alma los episodios principales de la vida de Jesucristo. El Rosario en su conjunto consta de misterios gozosos, dolorosos y gloriosos, y nos ponen en comunión vital con Jesús a través – podríamos decir – del Corazón de su Madre. Al mismo tiempo nuestro corazón puede incluir en estas decenas del Rosario todos los hechos que entraman la vida del individuo, la familia, la nación, la Iglesia y la humanidad. Experiencias personales o del prójimo, sobre todo de las personas más cercanas o que llevamos en el corazón. De este modo la sencilla plegaria del Rosario sintoniza con el ritmo de la vida humana>. Con estas palabras, mis queridos Hermanos y Hermanas, introducía mi primer año de pontificado en el ritmo del Rosario de cada día. Hoy, al inicio de mis veinticinco años de servicio como Sucesor de Pedro, quiero hacer lo mismo. Cuántas gracias he recibido de la Santísima Virgen a través del Rosario en estos años. <Magnificat anima mea Dominum!> ¡Glorifica mi alma al Señor! Deseo elevar mi agradecimiento al Señor con las palabras de la Madre Santísima, bajo cuya protección he puesto mi ministerio petrino:<Totus tuus!> (Todo tuyo).
El catequista entregará a los niños una hoja de papel en blanco, que doblada en dos partes se hará lo siguiente: dibujar y pintar la escena de la anunciación del ángel Gabriel a María, y en la otra parte escribir una oración a María, con referencia a la anunciación.
Colocados de pie, formando un círculo, el catequista invita a los niños a leer en voz alta la oración que escribieron a la Virgen. Para finalizar se cantará un canto a la Virgen o se rezará el Avemaría.
- Aprender de memoria la oración que rezamos al comienzo: “Bajo tu protección...” - Reunir las estampas o retratos que pueda de la Virgen María para entregarlas al catequista en la próxima reunión. Le puedes colocar, por detrás, tu nombre.
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