Llevar a los niños a descubrir que el Rosario es un resumen, un compendio del Evangelio.
Queridos niños: Cuando oramos con el Rosario repasamos las escenas del Evangelio: el nacimiento, la vida, la muerte y la resurrección de Jesús. Repitiendo el Ave María meditamos, una y otra vez, que Jesús se encarnó en el seno de la Virgen y lo bendecimos.
-¿Hablé a alguna persona de la familia, a algún amigo o compañero sobre el amor que nos tiene la Virgen María, de cómo nos cuida y ayuda presentando nuestras oraciones a Jesús? -¿He rezado por los misioneros y he colaborado con la campaña misionera que se realiza en octubre?
Virgen María, Madre e intercesora nuestra: de nuevo venimos a ti contemplando el misterio de la encarnación del Hijo de Dios en tus entrañas y te decimos esa plegaria que tanto te gusta: Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo, bendita eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Al cumplirse los ocho días tocaba circuncidar al niño, y le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepción.
-¿Cómo se llamaba el ángel enviado por Dios a una virgen de Nazaret? -¿Cuál era el nombre de la Virgen? -¿Con qué palabras saludó el ángel a María y qué le dijo este de parte de Dios? -¿Qué nombre deben ponerle al niño que va a nacer? -¿Dónde encontramos escritos estos hechos de la vida de Jesús y de María? -¿De qué Evangelio hemos hecho la lectura? -¿Cuándo rezamos el “Dios te salve, María…” qué recordamos? El Padre es quien conoce bien al Hijo y escuchando su voz, en el Espíritu, es como llegamos a la contemplación del rostro de Cristo. En Cesarea de Felipe, cuando Pedro responde a Jesús: “Tú, eres el Mesías, el Hijo de Dios”, Jesús le dice: <No te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos> (Mt 16, 17). La revelación, pues, nos viene de lo alto pero tenemos que estar a la escucha para poder recibirla. Para que madure y se desarrolle el conocimiento más auténtico del misterio de Cristo, hace falta un clima de oración y de silencio. El Rosario es una oración cristiana tradicional orientada a la contemplación del rostro de Cristo. Así lo dijo el Papa Pablo VI: <Oración evangélica centrada en el misterio de la Encarnación redentora, es el Rosario, oración de orientación profundamente cristológica. En efecto, su elemento más característico –la repetición en forma de letanía del “Dios te salve, María”- se convierte también en alabanza constante a Cristo, fin último del anuncio del ángel y del saludo de la Madre del Bautista: “Bendito el fruto de tu vientre” (Lc 1,42). Diremos más: la repetición del Ave María forma el tejido sobre el cual se desarrolla la contemplación de los misterios: el Jesús que nombramos en cada Ave María es el mismo que recordamos en cada misterio, el Hijo de Dios y de la Virgen”.
Buscar en la “Sopa de Letras” las palabras del Ave María. Las palabras de la primera parte de la oración señalarlas con un color y, las palabras de la segunda parte, con otro color.
Previamente a la celebración el catequista invita a una niña para representar a la Virgen y a un niño para representar al ángel Gabriel diciéndole a María: “Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo”. La misma niña que ha hecho de María, aparece en una segunda escena en que otra niña, representando a Isabel, le dice: “Bendita tú eres, entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre. El resto del grupo, llevando un letrero con la palabra IGLESIA, recitará la segunda parte de la oración: “Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. Para finalizar la celebración el catequista invitará a dar gracias a Jesús y a María y se entonará un canto a la Virgen.
-Rezar cada día un misterio del Rosario, pidiendo por todos los misioneros. -Colaborar con el propio dinero a las misiones.
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