- TEMA N°14
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- Con María, configurémonos
- con Cristo
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Que los niños comprendan que la acción de la Virgen María en
nuestra vida es la de llevarnos a nuestra meta: configurarnos con Jesucristo.
| En la cartelera presentar lo siguiente: |
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Queridos niños: La Virgen María, como Madre que es de la
Iglesia, sólo quiere para sus hijos lo mejor: que Cristo sea formado plenamente
en nosotros. Entreguémonos a Ella con toda confianza para que se realice esa
configuración con Cristo.
- 2. REVISIóN DEL COMPROMISO
- ¿He cumplido o llevado a cabo lo que escribí en la silueta
de “la tinaja”?
- ¿He rezado por todos los misioneros, en especial, por el
Papa por su salud y sus intenciones?
Querida Virgen María: tu vida se centró en Dios y por eso, El
hizo en ti grandes maravillas. Tú nos llamas, nos buscas, nos orientas para que,
en nuestras vidas, se realice el Plan de Dios que es configurarnos con
Jesucristo. Tú eres nuestra maestra: enséñanos y guíanos. Amén.
- 4. ESCUCHEMOS LA PALABRA DE DIOS
Juan 13, 12-17
Cuando les hubo lavado los pies, se puso el manto, se reclinó y les dijo: -
¿Entienden lo que les he hecho? Ustedes me llaman maestro y señor y dicen bien.
Pues si yo, que soy maestro y señor, les he lavado los pies, también ustedes
deben lavarse mutuamente los pies. Les he dado ejemplo para que hagan lo que yo
he hecho.
- 5. PREGUNTAS, RESPUESTAS, OPINIONES, EXPLICACIóN
- ¿Qué significa el gesto de Jesús de lavarles los pies a los discípulos?
- Si Jesús es nuestro Maestro y Señor, ¿Qué debemos hacer?
- ¿Por qué Jesús manda que nos lavemos los pies unos
a otros?
En la espiritualidad cristiana el discípulo debe parecerse cada vez más a
su Maestro. En el bautismo, el Espíritu Santo une al creyente a Cristo, como
las ramas al tronco de la vid y lo hace miembro de su Cuerpo Místico: la
Iglesia. Al que se haga miembro de este Cuerpo Místico le corresponde crecer y
aumentar esa unión con Cristo, para que El mismo lo oriente como discípulo
según su proyecto. San Pablo nos dice que tengamos los mismos sentimientos de
Cristo y, también, que nos revistamos de El.
En el recorrido espiritual del Rosario, que se basa en la contemplación
incesante del rostro de Cristo –en compañía de María- este ideal de
configurarnos con El se consigue con la constancia la cual nos introduce de
modo natural en la vida de Cristo y nos hace como ‘respirar’ sus sentimientos.
El Beato Bartolomé Longo decía que, como dos amigos que
se frecuentan llegan a parecerse también en las costumbres, así nosotros,
conversando familiarmente con Jesús y la Virgen, al meditar los Misterios del
Rosario, y formando juntos una misma vida de comunión, podemos, en la medida
de nuestra pequeñez, parecernos a ellos.
Además, por este proceso de configuración con Cristo, en el Rosario nos
colocamos bajo la acción materna de la Virgen Santa. Ella, que es la madre de
Cristo y a la vez miembro de la Iglesia, como miembro completamente singular,
es al mismo tiempo ‘Madre de la Iglesia’. Como Madre de la Iglesia implora
para sus hijos la gracia inagotable del Espíritu Santo. María es el icono (la
imagen) perfecto de la maternidad de la Iglesia.
El Rosario nos lleva místicamente junto a María para seguir el crecimiento
humano de Cristo en la casa de Nazaret. Eso le permite educarnos y modelarnos
con la misma diligencia, hasta que Cristo <sea formado> plenamente en nosotros
(Cf.Gal 4,19). Esa acción de María, que se basa y se somete totalmente a la
acción de Cristo <favorece, y nunca impide, la unión de los creyentes con
Cristo>. Esta es una verdad expresada por el Concilio Vaticano II de la cual
dice Juan Pablo II: la he experimentado en mi vida, haciéndola
mi lema episcopal: Totus tuus. Un lema, como es
sabido, inspirado en la doctrina de san Luis María Grignion de Montfort, que
explicó así el papel de María en el proceso de configuración de cada uno de
nosotros en Cristo: <Como quiera que toda nuestra perfección consiste en el
ser conformes, unidos y consagrados a Jesucristo, la más perfecta de las
devociones es, sin duda alguna, la que nos conforma, nos une y nos consagra lo
más perfectamente posible a Jesucristo. Ahora bien, siendo María, de todas las
criaturas, la más conforme a Jesucristo, se sigue que, de todas las
devociones, la que más consagra y conforma un alma a Jesucristo es la devoción
a María, su Santísima Madre, y que cuando más consagrada esté un alma a la
Santísima Virgen, tanto más lo estará a Jesucristo>. De verdad, en el Rosario
el camino de Cristo y el de María se encuentran profundamente unidos. ¡María
no vive más que en Cristo y en función de Cristo!
| Completar el siguiente dibujo y pintarlo.
Explicar lo que a cada uno le quiere decir. |
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El catequista indica a los niños que formen un semicírculo, de pie, frente a
la imagen de la Virgen María que estará preparada para el momento. Explicará que
van a rezar una partecita de la Consagración a Jesús por María, escrita por san
Luis María G. De Montfort, que fue un hijo fiel de la
Virgen y gran misionero. (Todos pueden decirla repitiendo despacio)
En presencia de toda la Iglesia, te reconozco ahora, por mi Madre y
Soberana; te ofrezco y consagro mi persona, mi vida y el valor de mis buenas
acciones pasadas, presentes y futuras; te pido dispongas de mí y de cuanto me
pertenece para la mayor gloria de Dios, en el tiempo y en la eternidad. Madre
del Señor, acepta mi ofrenda y preséntala a tu Hijo: si él me redimió con tu
colaboración, debe ahora recibir de tu mano el don total de mí mismo. Amén
- Hacer cada día una oración de consagración a María, la que nos sepamos o
inventada...
- Hacer un pequeño sacrificio por los misioneros: dejar algo que me agrada,
estar con quien me cae antipático, comer aquello que no me gusta, dar de mi
dinero para las misiones.
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