Que los niños profundicen en los hechos y palabras de Jesús cuando era niño.
Queridos niños: la Virgen María tenía siempre presente en su mente y en su corazón las palabras, los gestos, las actitudes, la mirada, los gustos de Jesús. Jesús era su único Hijo pero a la vez, su Dios. La fe nos ayuda, pues, a comprender y penetrar en ese misterio de Jesús.
-¿He rezado cada noche dando gracias a Papá Dios porque "he visto su rostro" en muchos momentos del día y en las personas que me han ayudado, corregido y amado? -¿Hice el dibujo referente a la "mirada de María a Jesús" y lo regalé a la persona que más quiero?
Virgen María: tú, que llevaste en tu seno al Hijo de Dios, que lo contemplaste en su realidad de niño y que lo viste crecer y hacerse hombre, y guardaste en tu corazón y en tu memoria todos esos momentos de su vida; enséñanos a conocerlo para poder contemplarlo y que en nuestra vida Jesús esté siempre presente como el más importante. Amén
Lucas 2, 49-52. El replicó: ¿por qué me buscaban? ¿No sabían que yo tengo que estar en la casa de mi Padre? Ellos no entendieron lo que les dijo. Bajó con ellos, fue a Nazaret y siguió bajo su autoridad. Su madre lo guardaba todo en su interior. Jesús progresaba en saber, en estatura y en el favor de Dios y de los hombres.
-Cuando María y José preguntaron a Jesús por qué se había quedado en el templo ¿cuál fue la respuesta de éste? -¿Cuál fue la actitud de María aunque no entendiera las palabras de Jesús? -¿Después de lo ocurrido en el templo qué hizo Jesús? María vive mirando a Cristo y tiene en cuenta cada una de sus palabras: "Guardaba todas estas cosas, y las meditaba en su corazón" (Lucas 2, 19). Los recuerdos de Jesús, impresos en su alma, la han acompañado en todo momento, llevándola a recorrer con el pensamiento los distintos episodios de su vida junto al Hijo. Han sido aquellos recuerdos los que han constituido, en cierto sentido, el 'rosario' que Ella ha recitado constantemente en los días de su vida terrenal. Y también ahora, entre los cantos de alegría en el cielo, los motivos de su acción de gracias y su alabanza siguen siendo los mismos pues inspiran su maternal dedicación hacia la Iglesia que avanza y camina. María propone continuamente a los creyentes los 'misterios' de su Hijo, para que al ser contemplados puedan derramar toda su fuerza salvadora. La comunidad cristiana, cuando reza el Rosario, está en sintonía con el recuerdo y con la mirada de María. El Rosario, porque brota de la experiencia de María, es una oración marcadamente contemplativa. Sin esta dimensión contemplativa perdería su razón de ser, como lo dijo el Papa Pablo VI: "Sin contemplación, el Rosario es un cuerpo sin alma y su rezo corre el peligro de convertirse en mecánica repetición de fórmulas y de contradecir la advertencia de Jesús: "Cuando oren, no sean charlatanes como los paganos, que creen ser escuchados por su mucha palabrería" (Mt 6, 7). Por su naturaleza el rezo del Rosario exige un ritmo tranquilo y un reflexivo remanso, que favorezca en quien ora la meditación de los misterios de la vida del Señor, vistos a través del corazón de Aquella que estuvo más cerca del Señor, y que muestren su insondable riqueza". Estas palabras de Pablo VI sobre el Rosario son muy importantes pues expresa que esta oración es contemplación de Cristo.
El catequista entregará a cada niño la siguiente “sopa de letras” para que busque en ella : -4 lugares que tienen que ver con la vida de Jesús -8 palabras que indican acciones realizadas por Jesús cuando era niño. Las palabras se encuentran en varios sentidos: derecha a izquierda, izquierda a derecha, arriba abajo y diagonalmente.
El catequista indica a los niños que se sienten en el suelo formando un círculo. Los invita a hacer el ejercicio de recordar, cuando eran ellos más pequeños, las cosas que la mamá les decía y enseñaba. Seguidamente, se comparte lo pensado imaginando que esas mismas cosas, o parecidas, le decía y enseñaba la Virgen María a Jesús. Se terminará la celebración dando gracias a Dios por todo lo bueno que nuestra mamá nos ha enseñado y pidiendo por sus necesidades.
-Le preguntaré a mamá qué cosas mías recuerda con más alegría de cuando yo era más pequeño. Le daré las gracias por todo lo que ha hecho y hace por mí. -Rezaré todos los días por los niños de la calle, que sufren y no tienen el amor de una familia, para que la Virgen María los proteja y encuentren personas que los quieran y ayuden.
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