“He venido para que tengan VIDA en abundancia"  (Jn 10,10)

Pbro. Edduar Molina E.
Director Arquidiocesano de O.M.P.
MERIDA

 

La obra misional de los niños de nuestra Patria se llena de júbilo al presentar como lema en su campaña 2008: “El don de la Vida”. Inspirados en las figuras de sus dos máximos defensores, en los últimos tiempos: El Papa grande Juan Pablo II y la inolvidable mujer de entrega y servicio, Madre Teresa de Calcuta.  El afiche pareciera un tremendo contraste: Una viejita, arrugadita, encogidita  ¿y cargando a un niño enfermo...?  La verdad que no parece la cosa muy apropiada. Pues esa viejita ha llenado al mundo de Amor y de Vida. Testimonios como el del amado Juan Pablo II como destacando la "cultura de la Vida".

 La Madre Teresa habló ante los organismos internacionales y dirigiéndose a las mamás dispuestas al aborto; a matar a sus propios hijos todavía en el seno materno suplicó: ¡¡¡ NO LOS MATEN, DENMELOS A MI!!! ¿De dónde iba ha sacar aquella monjita los infinitos recursos para empresa tan gigantesca y humanamente imposible?   Los recursos necesarios los pedía prestados a quien los ofrece "EN ABUNDANCIA".

En un tiempo marcado por la rebelión, la Madre Teresa defendió fuertemente la fidelidad al magisterio de la Iglesia, la santidad de la vida humana, la familia y la moral. Nos enseñó la verdadera dignidad de la mujer convirtiéndose en madre de todos. Nos enseñó que la mayor pobreza la encontró no en los arrabales de Calcuta sino en los países más ricos cuando falta el amor, en las sociedades que permiten el aborto. El propósito de la  misión de Jesús —según nuestro pasaje— fue impartir vida, una vida de calidad suprema, y por añadidura “eterna”. Su objetivo de máximo nivel fue que todo hombre alcanzara este conocimiento que consiste en conocer el amor de Dios, y que este conocimiento fuera tan abundante que todos pudiesen en verdad estar llenos de la plenitud de Dios según él mismo lo determinara: “Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero y a Jesucristo, a quien has enviado” (Juan 17.3). O siguiendo a San Pablo en su magnífica exposición de Efesios 3.16-19 después de conocer las dimensiones del amor de Cristo, para que sean “llenos de toda la plenitud de Dios”.  La “plenitud” a la que se refiere Pablo, como la palabra “vida” usada en este caso por Jesús, incluye toda clase de bienes espirituales, y al agregar “para que la tengan en abundancia” se refiere a una vida de excelencia, con un contenido mayor de lo que se podría pedir o esperar; porque lo que Cristo ofrece es siempre algo más y mejor de lo que se espera, pues es la seguridad de una vida normal, y sobre todo de una vida eterna a partir de ese momento crucial cuando lo recibimos y lo hacemos nuestro (1 Juan 5.11,12). 

VIDA EN ABUNDANCIA ES vivir una vida cristiana victoriosa que se pone en marcha desde el primer escalón —que no es otro que la conversión— y sigue ese camino “puestos los ojos en el autor y consumador de la fe” hasta llegar a la cumbre de una vida santa, llena de gracia y verdad .

VIDA EN ABUNDANCIA ES vivir una vida cristiana de calidad tal que nadie dude de su autenticidad, pudiendo distinguir entre lo verdadero y lo falso; y será abundante en la medida que sea excelente por su naturaleza de permanente comunión con el Padre y con su Hijo Jesucristo.

VIDA EN ABUNDANCIA ES una vida cristiana en permanente crecimiento en la gracia y en el conocimiento del Señor.  Es un manantial conductor de vida salvífica, que se expresa en aquello de “dad y se os dará”.  No es un charco de agua estancada, sino un río de agua viva que brota desde lo más íntimo de nuestro ser.

 VIDA EN ABUNDANCIA ES vivir una vida cristiana con reglas y cuentas claras que dan como resultado una conciencia en paz con Dios y con el prójimo, a quien estamos llamados a amar como a nosotros mismos.

 VIDA EN ABUNDANCIA ES vivir la vida cristiana en permanente relación con Dios como amigo y como Padre.  Sus caminos son desconocidos y sólo pueden descubrirse cuando se vive en estado de dependencia de Él y en la búsqueda de su voluntad.  Para el creyente Dios es algo más que un presupuesto teológico, más que un concepto, más que una doctrina o una creencia.  Es encontrar la vida que es luz, que renueva las fuerzas y alumbra en cada instante el camino por el cual debemos transitar.

VIDA EN ABUNDANCIA ES vivir la vida cristiana “a pesar de todo”; confiar en el Señor “pase lo que pase”; estamos en sus manos, las manos más poderosas del universo.  Ser cristiano no es una póliza de seguro contra sufrimientos y adversidades; pero el cristiano equipado con las promesas del Salvador estará siempre preparado para aceptar cualquier situación y valerse aun de la adversidad misma poniéndola al servicio del Señor.

VIDA EN ABUNDANCIA ES por fin y sin intentar agotar el profundo significado de la afirmación de Jesús — vivir en estos términos cuando se vive en el espíritu de la cruz. 

Que el Autor de la Vida, bendiga y acompañe nuestra Obra Misionera.

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