El desafío cristiano, testimoniar la resurrección de Jesús: explica el Papa
«¡Señor mío y Dios mío!»

Benedicto XVI está convencido de que el actual desafío
para los cristianos consiste en testimoniar que Cristo ha resucitado y vive para
siempre.
Fue el mensaje central que dejó en su mensaje de Pascua, pronunciado desde el
balcón de la Basílica de San Pedro del Vaticano, en el que repitió las palabras
del apóstol Tomas al ver a Jesús resucitado, de quien antes había dudado:
«¡Señor mío y Dios mío!».
El Papa ha escogido esta frase como lema para esta Pascua. La ha escrito a mano
y la ha enviado a sus amigos y colaboradores en una tarjeta, en la que se
reproduce la Resurrección de Cristo de Pinturicchio (1454-1513), que se
encuentra en el Vaticano, en el Apartamento Borgia.
En su mensaje dirigido a los miles de peregrinos que llenaban la plaza de San
Pedro, transmitido por 108 canales de televisión de 67 países, explicó que ha
escogido estas palabras «porque la humanidad actual espera de los cristianos un
testimonio renovado de la resurrección de Cristo».
«Necesita encontrarlo y poder conocerlo como verdadero Dios y verdadero Hombre»,
añadió.
«Si en este Apóstol podemos encontrar las dudas y las incertidumbres de muchos
cristianos de hoy, los miedos y las desilusiones de innumerables contemporáneos
nuestros, con él podemos redescubrir también con renovada convicción la fe en
Cristo muerto y resucitado por nosotros».
«Esta fe, transmitida a lo largo de los siglos por los sucesores de los
Apóstoles, continúa, porque el Señor resucitado ya no muere más. Él vive en la
Iglesia y la guía firmemente hacia el cumplimiento de su designio eterno de
salvación», aclaró.
«Cada uno de nosotros puede ser tentado por la incredulidad de Tomás»,
reconoció. «El dolor, el mal, las injusticias, la muerte, especialmente cuando
afectan a los inocentes - por ejemplo, los niños víctimas de la guerra y del
terrorismo, de las enfermedades y del hambre-, ¿no someten quizás nuestra fe a
dura prueba?».
«No obstante, justo en estos casos, la incredulidad de Tomás nos resulta
paradójicamente útil y preciosa, porque nos ayuda a purificar toda concepción
falsa de Dios y nos lleva a descubrir su rostro auténtico: el rostro de un Dios
que, en Cristo, ha cargado con las llagas de la humanidad herida», concluyó.