"20 Siglos de AMOR"

Reflexiona y responde...
Jesús te espera

 

 
7-Asombro permanente
2-Enamorado de Cristo 8-Intima Ternura
3-El gran descubrimiento 9-Ingenua emoción
4-Presencia viva de Cristo 10-Ciencia de Amor
5-Cristo es todo para Pablo 11-La humanidad del "Buen Amigo"
6-Conocedor de Cristo 12-Experiencia personal

                 

Con la RESURRECCION concluye la primera parte de la Vida de Jesús. La primera, porque una historia completa de Cristo debería prolongarse hasta e fin de los siglos. Jesús no muere al morir, no se va al resucitar, no deja de vivir al desaparecer de entre los hombres. Sigue -literalmente- vivo en su Iglesia, en esta aventura que aún tenemos a medio camino. Vive en su eucaristía, vive en su palabra; vive en la comunidad; vive en cada creyente, vive, incluso, en cada hombre que lucha por amar y vivir. Y estas cinco presencias son tan reales como las que los apóstoles experimentaron en Galilea o por las calles de Jerusalén. En rigor, lo que hasta aquí hemos contado es sólo el primer capítulo de una  dilatadísima historia que se alarga por todos los meandros de la nuestra de hoy. Para contarla entera deberíamos hacer la de todos y cada uno de los cristianos, sus luchas, sus triunfos, sus heridas, sus defecciones y logros. Porque en cada uno de ellos -en cada uno de nosotros- se realiza la «segunda navegación de Cristo». Esto lo sintieron como nadie los primeros cristianos.

    Cuando él se fue de su lado es cuando empezaron a entenderle y vivirle. Charlaban, recordaban, reconstruían. Hechos y palabras que les habían desconcertado cuando él estuvo entre ellos, comenzaban ahora a tener su sentido. Se reprochaban a sí mismos el no haberlo entendido antes. Y era como el placer de reconstruir un rompecabezas facilísimo. Y, porque le entendían, le sentían vivir en ellos, a su lado. Realmente, literalmente, la Iglesia primera es Cristo viviendo. En él se centra todo: la liturgia, la predicación, las esperanzas. No es que le recordasen, es que le experimentaban, es que le hacían revivir dentro de sí mismos. Desde entonces la historia de la Iglesia es la historia de ese Cristo presente, y todos los altibajos de la comunidad cristiana son también los altibajos de esa presencia vivida en plenitud u obscurecida. Sus épocas altas son sus tiempos de fidelidad. Sus momentos negros son aquellos otros en los que el prestigio, el poder humano o las luchas intestinas dejaron a Cristo en segundo lugar.

     Por eso puede asegurarse que la historia verdadera de la Iglesia es la historia de sus santos, es decir, la de aquellos que intentaron calcar en sus vidas la vida de Jesús. Y, afortunadamente, en el río de los veinte siglos de cristiandad, nunca faltó esa presencia de hombres que creyeron obstinadamente en él y que apasionadamente le amaron. Porque conocemos a Cristo para amarle y seguirle. ¡Pobre vida de Cristo la que únicamente despertase en sus lectores curiosidad o fríos conocimientos! ¡Pobre lector el que; después de pasear a la orilla del evangelio, no emprende él mismo un camino de seguimiento! Eso es lo que hizo siempre la mejor tradición cristiana.

    Somos hijos de un río de santos; de seguidores. Sólo entrar en esa corriente justifica nuestras vidas.

Tomado del libro Vida de Jesús de J.L. Martín Descalzo 


El Amor de Cristo que invadió toda la vida de uno de los grandes profetas  de nuestro tiempo, Teilhard de Chardin

        En mi marcha por la vida pude ver y descubrir que todas las cosas están centradas en un punto, en una persona, y esta persona eres tú, Jesús. Jesús, sé para mí el verdadero mundo. Que todo lo que hay en el mundo tenga tu influencia sobre mí, se transforme cada vez más en ti por mi esfuerzo.

Es absolutamente necesario que Cristo ocupe mi vida, toda mi vida. Debo tener conciencia de que Cristo crece y se desarrolla en mi, no sólo a base de ascética y sufrimiento, sino a través de todo esfuerzo positivo que yo sea capaz de hacer, con todo lo que me perfeccione naturalmente en mis conquistas humanas. Porque la contribución cristiana al progreso del hombre, no es simplemente una cuestión de impulsar una tarea humana, sino de completar de algún modo a Cristo.

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Jesús te espera


 

  Enamorado de Cristo

Pablo será el primer gran enamorado de Cristo tras su muerte. En el camino de Damasco no se limitó a conocerle, entró a ser parte de él, a ser todo él. Como ha escrito Brunot:

La sublime originalidad, la gran idea de San Pablo es haberlo visto todo y haberlo conducido todo a un centro: el Cristo muerto y resucitado, el Cristo que se incorpora a los creyentes para formar el hombre nuevo.

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Jesús te espera

El gran descubrimiento

El gran descubrimiento de pablo es que el Hijo de Dios vive en cada uno de los que creen en él, los transfigura con su luz y con su vida por la resurrección. Pablo lo siente, lo sabe, lo vive. Jesús vive en él, amándole con un amor loco y haciendo de él una criatura nueva. Pablo está totalmente tomado por él,  ocupado, poseído. Y capitula sin condiciones ante este amor.

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Jesús te espera

 

Esta presencia viva de Cristo chorrea por todas sus cartas:

- “Mi vivir es cristo y el morir una ganancia mía” (Flp1.22)

-“Tengo deseos de verme libre de ataduras de este cuerpo y estar con Cristo” (Flp 1.23)

-“¿Quién podrá separarnos del amor de Cristo? Ni la muerte, ni la vida, ni los ángeles y principados, ni virtudes, ni lo presente, ni lo venidero, ni la fuerza, ni todo lo que hay de mas alto, ni otra criatura alguna podrá jamás separarnos del amor de Dios que se funda en Jesucristo nuestro señor” (Rom 36-39).

-“Estoy clavado en la cruz justamente con Cristo y yo vivo o mas bien no soy yo quien vive, sino Cristo vive en mi” (Gal 2, 19-20)

Cristo es todo para Pablo

-“Cristo es todo para Pablo, el alma de su alma, una persona cuya voz reconoce” (2 Cor 13,3), Alguien de quien puede fiarse sin vacilaciones (2 Tim 1,12), Alguien que murió para que vivamos con el (2 Tim 2,11), En quien hemos sido injertados (Rom 6.5), Que nos alimenta y abriga (Ef 5,29), Gracias a quien somos libres (Rom 7,6), Miembros de cuyo cuerpo somos (1 Cor 12,17), Porque el nos vivifica (1 Cor 15,22), Cuyo embajadores somos (2 Cor 5,20), Que nos enseña a caminar en el amor (Ef 5,2), alguien a cuyo lado todo lo demás es basura (Flp 3,8), una persona a la que podemos decir: “Se de quien me he fiado” (2 Tim 1,12).

Conocedor de Cristo

Pablo se convierte así en el modelo del conocedor de Cristo: alguien para quien el conocimiento se convierte en amor, el amor en seguimiento, el seguimiento en lucha apasionada por la difusión de su reino.

Esta misma conciencia de la presencia de Cristo en sus vidas es la que conducía , gozosos, a los mártires hasta las muertes mas horribles. Es la que hace proclamar a San Ignacio de Antioquia: “Para mi es mejor morir en Jesucristo que ser rey de los términos de la tierra” y la que le lleva a exclamar ante la muerte: “Permitidme ser pastor de las fieras, por las que me es dado alcanzar a Dios. Trigo soy de Dios, y por los dientes de las fieras he de ser mordido, a fin de ser presentado como limpio pan de Cristo”

Esa presencia hace sonreír a San Policarpo ante los tormentos porque “Estaba persuadido de que el señor estaba a su lado y sufría con el” Y la que ayuda a no temer a santa felicidad porque “Estaba segura de que en el momento del suplicio Jesús surgiría en su lugar” Y la que consigue al diacono Lionés Santo soporte con valor sus sufrimientos “porque Cristo, que en el sufría, realizaba grandes maravillas, desarmando al enemigo y mostrando, para ejemplo de los demás, que nada hay penoso cuando se ama al Padre, nada doloroso cuando se trata de dar gloria a Cristo”

Asombro permanente

¿Y qué es las historia de los antiguos padres de la iglesia sino el asombro permanente ante los sucesivos descubrimientos de la profundidad y hondura de Cristo? Del rosario de textos maravillados déjeseme recoger algunos ejemplos:

- Donde no esta Jesús, se encuentran pleitos y guerras; pero donde esta presente, allí todo es suavidad y paz (Orígenes)

- Y antes que los astros, inmortal e inmenso Cristo brilla mas que el sol sobre los seres. Por ello, para nosotros, que creemos en el, se instaura un día de luz largo, eterno, que no se acaba (San Hipólito)

- El súmmun del apostolado, la ciencia de la perfección consiste en vender todo cuanto se posee, darlo a los pobres para, libre y desligado de toda atadura, elevarse al cielo hacia Cristo (San Jerónimo)

- Hablemos siempre de él. Si hablamos de sabiduría, él es la sabiduría. Si de virtud él es la virtud. Si de justicia, él es la justicia. Si de paz, él es la paz. Si de la verdad, la vida, la redención, él es todo eso (San Ambrosio).

-Jesucristo es el mismo hoy que ayer y para siempre; es decir, que se trata siempre de un misterio siempre nuevo, que ninguna comprensión humana puede hacer que envejezca (San Máximo, confesor)

-Tu estas por encima de todo hombre; ninguna palabra escrita puede expresarte, ninguna inteligencia te comprende, ningún espíritu es capaz de abarcarte. Tu solo eres, porque tu eres fuente de todo lo que existe, de todo lo comunicable, porque todo conocimiento procede de ti, todas las criaturas te rinden homenaje. ¡Oh, tu, Cristo, que estas por encima de todo! (San Gregorio Nacianceno)

-Tarde te conocí, oh Cristo. Yo iba en busca de la fuerza necesaria y no la encontraba porque no tenia entre mis brazos a mi señor Jesús, no era discípulo humilde de mi humilde maestro. El es la patria a donde vamos. El es el camino por donde vamos. Vayamos por él a él y no nos extraviaremos (San Agustín)

Intima Ternura

Lo que en los padres de la iglesia era veneración, adoración, asombro se vuelve intima ternura en los mejores cristianos medievales. Ahora no es la majestad de Cristo lo que ante todo se vive, sino su caliente humanidad. San Benito recordará que la regla benedictina es paz. “Que es tanto como decir Jesús, porque realmente él es nuestra paz”. Y pondrá como centro de toda santidad el “No anteponerse cosa alguna al amor de Cristo, nada absolutamente”.

Y San Francisco de Asís, tal vez el hombre que mas se ha parecido a Cristo en toda la historia, no tendrá otra vida que la de arder en su llama:

-¿ Quien eres tu, mi amado Señor y Dios y quien soy yo? El mas pobre gusano de la tierra entre tus siervos. Señor mío muy amado ¡cuánto te quisiera amar! Señor mío y Dios mío, yo te doy mi corazón y mi cuerpo, pero con cuanta alegría quisiera mas por tu amor, si supiera como.

Toda la conmoción del cristianismo ante la figura de Jesús inundara la personalidad de San Bernardo que llevaba en su alma “Una grande y suave herida de amor grande” y que reconocía que Cristo estaba mas dentro de él que él mismo. Conmueve aún hoy su ternura ante los padecimientos de Cristo:

-Yo le componía de todas las tristezas y todas las angustias de mi señor ese hacecillo de mirra, primero de sus penalidades de niño, luego de los trabajos y fatigas que soporto en el curso de sus predicaciones, de sus vigilias en la oración, de sus tentaciones en el desierto, de sus lagrimas de compasión, de las injurias, de las bofetadas, de los sarcasmos, de las mofas y los clavos.

Ingenua emoción

¿Y como no recordar aquella ingenua y emocionante oración a Cristo que escribiera San Patricio, el patrón y evangelizador de Irlanda?

-Cristo conmigo, Cristo delante de mi, Cristo detrás de mi, Cristo dentro de mi, Cristo debajo de mi, Cristo a mi derecha, Cristo a mi izquierda, Cristo en la fortaleza, Cristo en el asiento del carro, Cristo en la popa de la nave, Cristo en el corazón de todo hombre que piensa en mi, Cristo en la casa de todo hombre que hable de mi, Cristo en todos los ojos que me ven, Cristo en todos los oídos que me oyen.

Ciencia de Amor

Y no debo olvidarme de Santo Tomas que sobre su mesa tuvo siempre las que eran las dos fuentes de su inspiración teológica: los evangelios y el crucifijo, y que, al final de su vida, habría dado todos sus libros escritos por un poco mas de amor. Verdaderamente su pasión por Jesús valía mas que toda su ciencia:

Yo te amo y estoy maravillado ante ti, yo te bendigo. Por los beneficios que me has hecho y de los cuales soy yo indigno, yo te amo porque tu eres digno de amor y porque tu me has llamado. Porque tu eres bienhechor y has tomado mi corazón. Porque eres indulgente y perdonas mis pecados. Porque te inclinas al perdón y has olvidado mis ofensas. Porque eres eterno y me mantienes viviente.

Y será de nuevo el amor a Cristo lo que alimentara las vidas de los grandes santos del siglo de oro. San Ignacio, que centraría toda la santidad en la contemplación de los misterios de la vida de Cristo, escribía a los estudiantes jesuitas de Coimbra:

Sobre todo quería que os ejercitaseis en el puro amor de Jesucristo, nuestro redentor, y en el deseo de su honra y de la salud de las animas que él reparo tan a su costa, pues sois soldados suyos con especial titulo.

La humanidad del "Buen Amigo"

Y Teresa será la gran apasionada de la humanidad de su “buen amigo”, su “buen capitán”. Y lo será desde el día en que verdaderamente se encontró con el:
-Pues andaba mi alma cansada y, aunque quería, no le dejaba descansar las ruines costumbres que tenia. Acaecióme que, entrando un día en el oratorio, vi una imagen que había traído allí a guardar, que se había buscado para cierta fiesta que se hacia en la casa. Era de Cristo muy llegado, y tan devota que, mirándole, toda se turbo de verle tal, porque representaba bien lo que paso por nosotros. Fue tanto lo que sentí de lo mal que había agradecido aquellas llagas, que el corazón me parece se me partía y arrojéme cabe él con grandísimo derramamiento de lagrimas, suplicándole me fortaleciese ya de una vez para no ofenderle.
 
Y San Juan de la Cruz le encontrara en la cima de la mística para gritar : 
-Tu no me quitaras, Dios mío, lo que una vez me diste en tu único hijo, Jesucristo, en quien me das todo lo que quiero.

-Y en el siglo XIX, el frío siglo del racionalismo, el cura de Ars proclamará que “Nadie es tan amado en el mundo, aún en nuestros días, como Jesucristo”.

-Y la pequeña Teresa de Lisieux gritara que “Jesús es un abismo cuya profundidad no se puede sondear”

Experiencia personal
 
Y el cardenal Newman, que proclamaba que “Un autentico cristiano no puede oir el nombre de Cristo sin emoción” la experimentaba el mismo en sus palabras:
-Aguardan la venida de Cristo los que sienten por el una devoción tierna e impaciente, se alimentan con su recuerdo, están suspendidos en sus labios y viven de sus sonrisas. Todo lo que os lo recuerda excita y el es el primer pensamiento que os asalta al levantaros por la mañana. ¿Sabéis lo que es vivir del afecto y de la ternura hacia un amigo que esta cerca de vosotros? Vuestros ojos adivinan los suyos, leéis su alma, el menor cambio de su actitud tiene un significado para vosotros, os adelantáis a sus deseos y necesidades.
 
No menos emoción hay en las palabras del gran predicador que fue Lacordaire:
Aquí abajo se puede encontrar a Jesucristo como se puede encontrar a cualquier otro hombre. Un día, a la vuelta de la esquina, un sendero solitario, uno se para, escucha una voz que dice a la conciencia: ha aquí a Jesucristo, momento celeste en el que, después de tanta bellezas como uno ha gustado y le han decepcionado, uno se encuentra con una mirada y una belleza que no engaña. Se puede decir que es un sueño cuando no se le ha conocido, pero aquellos que le han visto saben que jamás podrán olvidarlo. Este descubrimiento de Jesús cambia radicalmente la vida. Se puede perder a Jesús al salir de la infancia, porque no se le ha conocido mas que a través de otros, sobre las rodillas de la madre, tal vez; pero cuando Jesús llega a ser algo propio, el fruto de nuestra experiencia personal y de nuestra madurez, nada puede ya conmovernos con mas cándida certeza. Realmente para un cristiano lo único difícil es saber hasta que punto ama a Jesucristo y que sacrificios esta dispuesto y es capaz de hacer por el.

 

 

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