- El cambur o banano no es un árbol como en
Italia: es una planta como generalmente se cree; más aún es un tronco
herbáceo arboriforme: aquello que erróneamente viene llamado tronco, es
formado de cuatro-cinco metros, donde las hojas larguísimas y anchísimas
hasta dos metros, se alargan hasta el copete. Bajo las hojas se esconde
una pelusa blanca.
- Cada tronco produce un racimo, y cuando el
fusto llega a maduración, el tronco seca y se muere o envejece y se tala.
Más sus pies ya nacen otros pequeños copetes, transplantados, desarrollan,
en nuevos troncos herbáceos pueden vegetar de tres en tres.
- Hay que tener cuidado con los mogotes de
hojas secas donde se anidan serpientes o en los racimos.
- Cuando de improviso cae un temporal y se está
lejos de casa, una hoja penetrada por un bastoncito ofrece un reparo, como
paraguas. En Oriente se pueden encontrar más de doscientos tipos de
bananos o cambures. La variedad más característica en Tailandia es: la
kluay horm, larga y perfumada; la kluay khey, corta, redonda y
amarillísima; la kluay hamwa, más grande y más clara. También los bananos
o cambures menos sabrosos son comestibles: se pueden comer hervidos o
fritos, asados o a la plancha.
- Hace
mucho tiempo vivía en una aldea cercana del río Mekong un tal Nai Ha. Amaba el
oro mas que cualquier otra cosa en el mundo. Nai Ha tenía una esposa e hijos,
más gastaba todo su tiempo en el secreto de fabricar el oro. Y bien temprano
terminó con gastar su dinero en experimentar como obtenerlo, a tal punto que
no fue capaz de mantener la familia.
- La esposa de Nai Ha no soportando mas tal situación, fue a lamentarse con
su padre. Este hizo llamar a Nai Ha.
- No le gritó, más bien con voz suave, gentilmente, le dijo:
- -Mi querido Nai Ha, hasta hoy yo no sabía que tú eras así dedicado a las
artes mágicas. Como sabes, también desde muchísimo tiempo me interesa lo
mismo. Quiero confiarte un secreto mío: he logrado finalmente como obtener
oro.
- Todo excitado y lleno de curiosidad Nai Ha le rogó a su suegro le revelara
aquel secreto maravilloso que ya era el único fin de su vida.
- -¡Ay de mí! – exclamo el anciano suegro – a todo lo que me falta hasta hoy
para fabricar el oro. Me falta una cosa, más soy un anciano para procurármela.
Si, solamente, tu quisieras ayudarme...
- -¡Ciertamente que te ayudare! Aseguró Nai Ha que ya se sentía el dueño de
la fabrica de oro. – dime solo aquello que debo hacer.
- -¡Bien! Yo estoy dispuesto a desvelarte el secreto con el pacto de que
colabores.
- Lo que necesitamos son tres kilos de aquella pelusa que crece bajo las
hojas de banano o cambures. Atención: las hojas que tomaras aquellas pelusas
deben ser de los árboles de bananos que tu mismo has plantado y cultivado en
tus campos. Cuando hayas recogido bastante pelusa, tráemela, juntos haremos el
oro.
- Nai Ha quedó tan feliz que corrió a su casa y enseguida narró a la esposa
el pacto estipulado con el suegro. El día después la familia estaba
comprometida a plantar árboles de bananos o cambures.
- Con el tiempo las plantas crecieron, y con mucho cuidado Nai Ha sacaba de
cada hoja la ligera pelusa. Estaba tan concentrado en el proyecto que ni se
daba cuenta que la esposa y los hijos recogían los bananos y cada día los
llevaban a vender al mercado de la aldea.
- Después de 3 años de intenso trabajo, Nai Ha había recogido poco más de
medio kilo de pelusa: un trabajo fatigoso, más, él no tenía otro pensamiento
sino nada mas el del oro que un día, con el padre de la esposa habría
fabricado.
- Finalmente después de 10 años, Nai Ha había logrado recoger 3 kilos de la
blanca pelusa que le había pedido el suegro. La puso en un cesto y se la llevo
al anciano.
- -¡Bravo! ¡Bueno! Veo que has seguido, al pie de la letra, las
instrucciones y que has trabajado con compromiso extraordinario – lo alabó el
suegro.
- -Ahora no queda que una cosa que hacer: Abre por favor la puerta allá en
el fondo.
- Nai Ha se precipitó hacia la puerta y quedo como paralizado a la vista de
tantos pedacitos de oro que había en la mesa, destellaban al sol. Alrededor de
la mesa, sonrientes sentados la esposa y los hijos de Nai Ha.
- -Este es el que hemos ganado vendiendo nuestros buenos bananos en estos 10
años dijo amablemente la esposa de Nai Ha.
- -Nai Ha, eres un hombre rico de verdad – se congratuló con el rostro
satisfecho el suegro – ahora regresa a casa y continua junto a tu esposa e
hijos cultivando bananos. En todos estos años has aprendido a transformar los
bananos en oro.
-
- Reflexión:
- Desde siempre la tentación del hombre de buscar
el oro se agota solo en las montañas o a lo largo de los ríos: ya los
antiguos griegos y los egipcios estudiaban el modo de transformar los
metales menos preciados que el oro. La técnica por ellos usadas se llamaba
alquimia.
- Ellos seguían la teoría según la cual la materia
se manifiesta en diferentes grados de pureza. Ya que el oro era
considerado la perfección de la materia, los alquimistas buscaban los
metales desde su imperfección hasta transformarlos en oro.
- Todavía en el medioevo se buscó descubrir una
sustancia capaz de obtener tal transformación. La sustancia era llamada
“piedra filosofal”.
- También a ti te gustaría ciertamente que tus
acciones fuesen siempre buenas y generosas, que tus empresas se
concluyeran siempre con éxito. ¿Cuál es la piedra filosofal que
podría ayudar a realizar tus proyectos o deseos secretos?
-
- Enseñanza:
- Si una persona cree en su trabajo y usa cada una de sus capacidades en el
perseguir un fin, ciertamente logrará realizar sus aspiraciones. No debemos
engañarnos por fáciles éxitos. Las empresas más importantes no se realizan con
sueños o suspiros, sino con la fatiga y la tenacidad.
- ¿Sabrías hacer una historia como esta, tomando un ejemplo de la vida
práctica?
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