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SALMOS
(Del Salmo 139)
- Padre Nuestro,
- Tú estás en mi corazón
- y me ves tal como soy por dentro.
- Si me siento o me levanto,
- o si me echo a correr,
- Tú vienes siempre conmigo.
- No necesito decirte muchas palabras,
- porque ya te las sabes
- antes de que me ponga a pensarlas.
- Vives conmigo
- al ritmo de los latidos de mi corazón.
- Eres como un mar
- y yo soy como un pez que navega por él:
- mire donde mire, vaya donde vaya,
- Tú eres mi mar,
- donde nado, como, respiro y vivo.
- Yo no recuerdo nada,
- pero tú si te acuerdas
- de cuando yo no era más que un puntito
- en el vientre de mi mamá.
- Con su cariño, Tú me dabas calor
- ya desde entonces.
- ¡Qué a gusto estaba
- y cómo te gustaba verme crecer..!
- Las manos, los pies, la boca...
- Después he nacido
- y he visto cosas malas en el mundo:
- en el barrio, en la pandilla,
- en casa y en la escuela,
- en la tele y en las revistas,
- y cuando voy por la calle.
- ¿Por qué somos malos, Padre nuestro?
- Si Tú no quieres eso...
- Tampoco yo lo quiero.
- Quisiera que mi corazón
- fuese como tu corazón
- Pero eso es muy difícil
- y necesito que Tú estés siempre cerca
- y me ayudes a ser como Tú eres.
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Cuando Jesús era pequeño la Virgen y San José le enseñaron a rezar a Dios.
Le enseñaban poesías muy bonitas, que hacía mucho estaban escritas y se llaman
SALMOS. Vamos a rezar uno de estos salmos, el nº 139, tal como lo rezaría
Jesús entonces, aunque las palabras no sea exactamente las mismas.
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