Cuando comemos SU PAN
y bebemos SU VINO,
su corazón y el nuestro se hacen uno.

Meditación - Parte1

Padre Nuestro,
te quiero dar las gracias
porque eres bueno,
porque eres el AMOR,
porque estás en mi corazón
como una semilla que puede crecer
como creció en Jesús.
A veces
cuando he querido ser bueno,
me lo he pasado mal,
lo mismo que Jesús.
He tenido que dejar cosas
que me gustaban mucho.
Pero Tú ibas creciendo y creciendo
dentro de mí,
y estabas conmigo,
y yo, en el fondo, era más feliz.
A veces me parece que no:
que es mejor la tele, las chucherías,
tener el mejor puesto
y la mejor parte de todo.
Pero es mentira.
En el fondo, en el fondo,
cuando comparto todas esas cosas
y cuando a veces
hasta me quedo sin nada,
me siento más contento.
Lo que pasa es que es difícil
hacerte más caso a ti
que hacérselo a ellos, ¿sabes?
Ellos se pasan todo el día dale y dale
y te lo ponen todo muy bonito,
y no tienes más que estirar la mano
y ya lo tienes.
Y si no les hago caso,
luego me quedo solo.
Bueno, solo no
porque tú estás conmigo,
lo que pasa que a ti no te veo
como se ve la tele,
y ese es el problema.

 

 

 

Meditación - Parte2

Pero al final,
 tienes que ganar tú.
De verdad quiero que ganes.
Que sigas creciendo en mi,
cueste lo que cueste,
como creciste en Jesús. Quiero ser como Jesús.
¡Qué chévere va a ser entonces!
porque eso es lo que le pasó a Jesús,
y por eso se que vive,
que está conmigo,
que su corazón y el mío
pueden ser un solo corazón
lleno de ti.
Que quiere hacer con nosotros
lo mismo que hizo entonces,
partiendo el PAN,
tomando el VINO,
repartiéndolo a todos,
dándote gracias a ti
por estar todos juntos y unidos.
Cada vez que participe
en la eucaristía del domingo
me sentiré contento por todas estas cosas,
y lo celebraré con todos, cantando,
rezando, hablando contigo,
dándote las gracias,
contándonos unos a otros
lo que nos va pasando cada día,
lo que nos cuesta que crezcas en nosotros
y lo felices que somos.
Porque contigo, padre nuestro,
padre bueno,
todo termina siendo UNA FIESTA.

 

 

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