El Domingo de la Divina Misericordia

2º Domingo de Pascua

La Misericordia es  el corazón del  Evangelio  

 

 

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    ¿Desde cuando existe  esta solemnidad?

    El papa Juan Pablo II a instituido, en el año 2000, el domingo después de Pascua, el Domingo de la Misericordia, en respuesta al pedido del Señor a sor Faustina :

    « Deseo que la fiesta de la Misericordia sea un recurso y un refugio para todas las almas, y sobre todo por los pobres pecadores. En ese día, las entrañas de mi misericordia están abiertas, derramo todo un océano de gracias sobre las almas que se acercaran de la fuente de mi misericordia.” (Diario § 699)

    ¿Cuál es el sentido de esta solemnidad ?

    El Evangelio de ese Domingo de la Misericordia es el de la aparición de Jesús resucitado a los apóstoles y a Santo Tomas : “ se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo : « La paz con vosotros. » Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron de ver al Señor. Jesús les dijo otra vez : « La paz con vosotros. Como el Padre me envió, también yo os envío. » (Juan 20,19-21)

    El Cristo resucitado se muestra a los apóstoles. El guarda las llagas abiertas de su Pasión, de donde brota la Misericordia. Los apóstoles son a la vez invitados a contemplar esas plagas, a recibir la paz y la alegría de la Misericordia e inmediatamente enviados por Jesús a testimoniar. Con su ejemplo, somos invitados a vivir la experiencia de la Misericordia no solamente para nosotros mismo, pero para ser misericordia en ese mundo y llevar el mundo a la Misericordia, al ejemplo de Cristo.

     

    Mensaje de Jesús


    ¿Por qué te confundes y te agitas ante los problemas de la vida? Déjame el cuidado de todas tus cosas y todo te irá mejor.

    Cuando te entregues a Mí, todo se resolverá con tranquilidad según mis designios. No te desesperes, no me dirijas una oración agitada, como si quisieras exigirme el cumplimiento de tus deseos. Cierra los ojos del alma y dime con calma:

    ¡JESÚS YO CONFÍO EN TI!

    Evita las preocupaciones angustiosas y los pensamientos sobre lo que puede suceder después. No estropees mis planes queriéndome imponer tus ideas. Déjame ser DIOS y actuar con libertad. Entrégate confiadamente a Mí. Reposa en Mí y deja en mis manos tu futuro. Dime frecuentemente:

    ¡JESÚS YO CONFÍO EN TI!

    Lo que más daño te hace es tu razonamiento y tus propias ideas y querer resolver las cosas a tu manera. Cuando me dices:
    ¡JESÚS YO CONFÍO EN TI!,
    No seas como el paciente que le dice al médico que lo cure, pero le sugiere el modo de hacerlo. Déjate llevar con mis brazos divinos, no tengas miedo, yo te amo. Si crees que las cosas empeoran o se complican a pesar de tu oración, sigue confiando, cierra los ojos del alma y confía. Continúa diciéndome a toda hora:

    ¡JESÚS YO CONFÍO EN TI!

    Necesito las manos libres para poder obrar. No me ates con tus preocupaciones inútiles. Satanás quiere eso: agitarte, angustiarte y quitarte la paz. Confía sólo en Mí. Reposa en Mí. Entrégate a Mí. Yo hago los milagros en la proporción de la entrega y confianza que tienes en Mí. Así que no te preocupes, echa en mi todas tus angustias y duerme tranquilo. Dime siempre:

    ¡JESÚS YO CONFÍO EN TI!...

    Y verás grandes milagros.

    TE LO PROMETO POR MI AMOR.

     

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