Fines y
Efectos de la Santa Misa
La Santa Misa, como reproducción que es del sacrificio redentor,
tiene los mismos fines y produce los mismos efectos que el sacrificio
de la cruz. Son los mismos que los del sacrificio en general como
acto supremo de religión, pero en grado incomparablemente superior.
FINES DE LA SANTA MISA
Adoración, Reparación, Petición, Acción de Gracias
1.- Adoración
Este efecto lo produce siempre, infaliblemente ex opere operara, aunque celebre la misa un sacerdote indigno y en pecado mortal. La razón es porque este valor latréutico o de adoración depende de la dignidad infinita del Sacerdote principal que lo ofrece y del valor de la Víctima ofrecida.
Recuérdese el ansia atormentadora de glorificar a Dios que experimentaban los Santos. Con una sola misa podían apagar para siempre su sed. Con ella le damos a Dios todo el honor que se le debe en reconocimiento de su soberana grandeza y supremo dominio: y esto del modo más perfecto posible, en grado rigurosamente infinito.
Por razón del Sacerdote principal y de la Víctima ofrecida, una sola misa glorifica más a Dios que le glorificaran en el cielo por toda la eternidad todos los santos y bienaventurados juntos, incluyendo a la misma Santísima Virgen María, Madre de Dios. La Razón es muy sencilla: la gloria que proporcionarán a Dios durante toda la eternidad, todas las criaturas juntas, será todo lo grande que se quiera, pero no infinita, porque no puede serIo.Ahora bien: la gloria que Dios recibea través del sacrificio de la misa es absoluta y rigurosamente infinita.En retorno de esta incomparable glorificación Dios se inclina
amorosamente a sus criaturas. De ahí procede el inmenso valor de santificación que encierra para nosotros el santo sacrificio del Altar.
Consecuencias.-iQué tesoro el de la Santa Misa! y pensar que muchos Cristianos, la mayor parte de las personas devotas no han caído todavía en la cuenta de ello, y prefieren sus prácticas rutinarias de devoción a su incorporación a este sublime sacrificio, que constituye el acto principal de la religión y del culto católico.
Después de la adoración, ningún otro deber más apremiante para con el Creador que el de reparar las ofensas que de nosotros ha recibido. y también en este sentido ofrecemos al Padre la reparación infinita de Cristo con toda su eficacia redentora.
"En el día, está la tierra inundada por el pecado; la impiedad, e inmoralidad no perdona cosa alguna ¿Por qué no nos castiga Dios? Porque cada día, cada hora, el Hijo de Dios, inmolado en el altar, aplaca la ira de su Padre y desarma su brazo pronto a castigar.
Innumerables son las chispas que brotan de las chimeneas de los buques; sin embargo, no causan incendios, porque caen al mar y son apagados por el agua. Sin. cuento son también los crímenes que a diario suben de la tierra, y claman venganza ante el trono de Dios; esto no obstante merced a la virtud reconciliadora de la misa se anegan en el mar de la misericordia divina".:!
Claro que este efecto no se aplica en toda su plenitud infinita (bastaría una sola misa para reparar, con gran sobreabundancia, todos los pecados del mundo y liberar de sus penas todas las almas del purgatorio), sino en grado limitado y finito según nuestras disposiciones.
Pero con todo:
a) Nos alcanza -de suyo ex opere operara, si no le ponemos
obstáculos- la gracia actual, necesaria para el arrepentimiento de nuestros pecados.4Lo enseña expresamente el Concilio de Trento.
Consecuencia.-
Nada puede hacerse más eficaz para obtener
de Dios la conversión de un pecador como ofrecer por esa
intención el santo sacrificio de la misa; rogando al mismo
tiempo que el Señor quite del corazón del pecador los
obstáculos para la obtención infalible de esa gracia.
b) Remite siempre, infaliblemente si no se le pone obstáculo, parte al menos de la pena temporal que había que pagar por los pecados en este mundo o en el otro.
De ahí que la Santa Misa aproveche también a las almas del purgatorio. El grado y medida de esta remisión dependen de nuestras disposiciones.
Consecuencia.- Ningún sufragio aprovecha tan eficazmente a
las almas del purgatorio como la aplicación del santo sacrificio
de la misa. y ninguna otra penitencia sacramental pueden
imponer los confesores a sus penitentes, cuyo valor satisfactorio
pueda compararse de suyo al de una sola misa ofrecida a Dios.
iQué dulce purgatorio puede ser para el alma la Santa Misa!
3.- Petición
"Nuestra indigencia es inmensa; necesitamos continuamente luz, fortaleza, consuelo. Todo esto lo encontraremos en la misa. Allí está en efecto, aquél que dijo: "Yo soy la luz del mundo, yo soy el camino, yo soy la verdad, yo soy la vida. Venid a Mí los que sufrís, y yo os aliviaré. Si alguno viene a mí, no lo rechazaré". 5 y Cristo se ofrece en la Santa Misa al Padre para obtenemos, porel mérito infinito de su oblación, todas las gracias de vida divina que necesitamos, allí está "siempre vivo intercediendo por nosotros" (Heb.7,25), apoyando con sus méritos infinitos nuestras súplicas y peticiones.
Por eso la fuerza impetratoria de la Santa Misa es incomparable.De suyo ex opere operato infalible e inmediatamente mueve a Dios a conceder a los hombres todas cuantas gracias necesiten, sin ninguna excepción; si bien la colación efectiva de esas gracias se mide por el grado de nuestras disposiciones, y hasta puede frustrarse totalmente por el obstáculo voluntario que le pongan a las criaturas.
"La razón es que la influencia de una causa universal no tiene más límites que la capacidad del sujeto que la recibe, así, el sol alumbra y da calor lo mismo a una persona que a mil que estén en
una plaza. Ahora bien; el sacrificio de la misa, por ser sustancialmente el mismo que el de la cruz, es, en cuanto a reparación y súplica, causa universal de las gracias de iluminación, atracción y fortaleza.
Su influencia sobre nosotros no está, pues, limitada sino por las disposiciones y el fervor de quienes las reciben. Así, una sola misa puede aprovechar tanto a un gran número de personas como a una sola; de la misma manera que el sacrificio de la cruz aprovechó el buen ladrón lo mismo que si por él solo se hubiese realizado. Si el Sol ilumina lo mismo a una que a mil personas, la influencia de esta fuente de calor y fervor espiritual como es la misa, no es menos
eficaz en el orden de la gracia.
Cuanto es mayor la fe, confianza, religión y amor con que se asiste a ella, mayores son los frutos que en las almas produce". 6
Al incorporarla a la Santa Misa, nuestra oración no solamente entra en el río caudaloso de las oraciones litúrgicas, que ya le daría una dignidad y eficacia especial ex opere operantis Ecclesiae, sino que se confunde con la oración infinita de Cristo. El Padre le escucha siempre (Jn 11,42); y en atención a Él nos concederá a nosotros todo cuanto necesitamos.
Consecuencia.-No hay novena ni triduo que se pueda comparar
a la eficacia impetratoria de una sola misa.jCuánta desorientación entre los fieles en torno al valor objetivo de las cosas!.
Lo que no obtengamos con la Santa Misa, jamás lo obtendremos con ningún otro procedimiento. Está muy bien el empleo de esos otros procedimientos bendecidos y aprobados por la iglesia; es indudable que Dios conceda muchas gracias a través de ellos, pero,
coloquemos cada cosa en su lugar. La misa por encima de todo.
Efectos de la Santa Misa
a) El sacrificio de la misa da gloria a Dios y dásela de modo perfecto, porque en él ofrece de nuevo Jesús a su Padre, por mediación del Sacerdote, todos los actos de adoración, de agradecimiento y de amor que ofreció al inmolarse en el calvario, los cuales son de infinito valor moral. Ofreciéndose como víctima, afirma del modo más expresivo el dominio soberano de Dios sobre todas las cosas; ésta es la adoración: dándose a sí mismo a Dios en agradecimiento a sus beneficios, ríndele alabanzas iguales a los beneficios; ésta es la acción de gracias o culto eucarístico.
Así pues, nada puede impedir la realización de este efecto, ni aun la indignidad del ministro; porque el valor del sacrificio no depende esencialmente del que le ofrece en lugar secundario, sino del precio de la víctima ofrecida y de la dignidad del Sacerdote principal, que es Jesucristo mismo. Así nos lo enseña el concilio de Trento, cuando dice que esta ofrenda purísima no puede ser manchada por la dignidad o la malicia de los que ofrecen; que en este divino sacrificio se contiene y es inmolado, de modo incruento, el mismo Cristo que de modo cruento se ofreció en el ara de la Cruz.
La víctima, pues, es la misma, y el que la ofrece ahora por medio de los sacerdotes es el mismo que la ofreció en la cruz; no hay diferencia sino en el modo de ofrecerse. De donde se sigue que, asistiendo a la Santa Misa, y aún más, celebrándola, damos a Dios toda la honra que se le debe, y del modo más perfecto posible, porque hacemos nuestra la que le da Jesús, víctima. Y no se diga que esto no tiene que ver con nuestra santificación; realmente, cuando damos gloria a Dios, inclinase amorosamente el Señor hacia nosotros y cuando más nos cuidamos de su alabanza, tanto El se cuida más de nuestros bienes espirituales; mucho adelantaremos, pues, en nuestra santificación, si cumpliéramos con nuestras obligaciones en unión con la víctima que se inmola de nuevo cada día en nuestros altares.
b) Pero además tiene el divino sacrificio un efecto propiciatorio por sí mismo (ex opere operaro, según dicen los teólogos). Ved como el sacrificio rindiendo a Dios el homenaje que se le
debe y una justa compensación por el pecado, muévele a concedemos, no directamente la gracia santificante (lo cual es efecto propio del sacramento), pero sí la gracia actual y el don de penitencia y a perdonamos todos los pecados aun los más graves, cuando estamos contritos y verdaderamente arrepentidos.7
Es también satisfactorio en cuanto remite infaliblemente a los pecadores arrepentidos una parte por lo menos de la pena temporal debida por sus culpas, en proporción a las disposiciones más o menos perfectas con que asisten o celebran. Por esta razón añade el Concilio de Trento, puede ser ofrecido no solamente por los pecados, las satisfacciones y las necesidades espirituales de los vivos sino también por los que murieron en Cristo sin haber pagado suficientemente por
sus pecados. Fácilmente se deja ver cuánto habrá de contribuir a nuestro adelantamiento espiritual, ese doble efecto de propiciación y de satisfacción.
Lo que más impide nuestra satisfacción con Dios es el pecado; conseguir pues el perdón, y borrar hasta los últimos vestigios de aquél, será abrir el camino para unimos más estrechamente a Dios.
c) La Santa Misa es impetratoria de la misma manera que es propiciadora; alcanza de Dios en virtud del mismo sacrificio (Ex opere operaro), todas las gracias que hemos menester para
nuestra santificación.
Es el sacrificio una oración en acción, y quien ruega por nosotros sobre el altar santo es el mismo cuyas oraciones siempre fueron oídas (Hebr 5,7). Por esta razón la Iglesia, intérprete auténtica del
pensamiento divino, ruega constantemente sobre el altar con Jesús sacerdote y víctima. (Por Jesucristo Ntro. Señor), para pedir todas las gracias para la salud del alma y del cuerpo.
4 Nótese bien que se refiere a la gracia actual, no a la habitual, que es fruto del
arrepentimiento perfecto y de la absoluta sacramental.
5 Don Columba Marmion; Jesucristo Vida del Alma; c.7 N° 4
6 Garrigou Lagrange: TRES EDADES, n. 147 Es doctrina del Concilio de Trento, Sess, XXII, c.lI.