EL NIñO QUE QUERÍA

 JUGAR CON DIOS

Cuento enviado por el Padre Hector Pernía
 desde el Vicariato Apostólico de Puerto Ayacucho (Venezuela).

Una noche Pedrito le pregunta a su mamá:  ¿Quién es Dios?.    Ella le responde:  él es tu Padre.  Entonces, ¿él se casó con usted, mamá?. No hijo, El es el papá mío también, El es el Padre de todos los seres humanos porque El nos creó.

Desde aquella noche Pedrito se quedó pensando en el nuevo Papá del que su mamá le había hablado y se  preguntó si El podría   bajar a jugar con él.  Recordó unas palabras de su mamá que decía siempre:  Dios escucha nuestras oraciones y, sobre todo, las de los niños.  Así que Pedrito ya no hacía sino pedirle a Dios que bajara a jugar con él.   Al pasar varios días Pedrito se puso triste pues no veía a Dios bajar a jugar con él.   Reflexionó y se dio cuenta  que mientras jugaba decía groserías, así que se imaginó que era por eso que Dios no bajaba a jugar con él.   Dejó de decir groserías, jugaba hasta cansarse, pero al pasar los días todo seguía igual.  Se preguntó qué pasaba y entonces se dio cuenta que nunca iba a misa, que no había hecho ni el bautismo, ni la primera comunión y desde ese día Pedrito se volvió muy fervoroso y muy caritativo, compartiendo todo lo que tenía y ayudando a los demás.  Cuando jugaba estaba pendiente para que los demás niños tampoco dijeran groserías para que Dios pudiera bajar a jugar con él.   Sus amigos se reían y se burlaban de El al ver que no bajaba Dios a jugar con él.   El niño se puso triste .

Al día siguiente la mamá fue a buscar la boleta de las notas en la escuela y resultó que Pedrito había perdido el año escolar y tenía que repetir otra vez Quinto Grado.  Después que ella lo regañó él se fue a su cuarto a llorar.   Creyó que era por eso que Dios nunca bajó a jugar con él; que siempre lo estubo castigando por su bajo rendimiento. Así que se propuso estudiar más y llegó a ser uno de los mejores de su salón de clase.

Sus amigos ya notaban lo mucho que Pedrito había cambiado para que Dios bajara a jugar con él.  El día de cumpleaños de Pedrito la mamá organizó una fiesta en su casa con todos los amigos de Pedrito y un amigo le escribió una tarjeta que decía algo así: 

“Pedrito, tú no te has dado cuenta, pero nosotros sí.  Dios siempre estubo jugando.  El estaba dentro de ti.    Te quiere tanto que no sólo quiso jugar contigo, sino que quiso jugar a través de ti porque le gustó como aprendiste a jugar mientras aprendiste a corregir tus groserías, a ser mejor cristiano, a mejorar tus notas y a enseñarnos a nosotros también a ser mejores.   Es más, ¡escucha Pedrito!  Cada vez que tú jugabas con nosotros, nosotros sentíamos que también Dios estaba allí presente jugando.

Pedrito lloraba de contento por el bonito regalo y las bonitas palabras que su amigo le dedicó en la tarjeta.  Por fin descubrió que su Padre Dios siempre había bajado a jugar con él haciéndose presente en su mente y en su corazón.   Después de darle las gracias a todos sus amigos por haberle acompañado en la fiesta, les invitó a ir a jugar un rato para que Dios bajara con ellos a jugar.

 

P. Héctor Pernía.

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