Dos Bloques de Hielo 

    Erase una vez, dos bloques de hielo. La relación entre ellos era muy fría, lo que no debe extrañar. Uno pensaba: ¿por qué el otro no se acerca a mí?. Pero el bloque de hielo no podía ir ni venir. Entonces pensó el bloque de hielo, si el otro se derrite, también yo me derrito. Pero como el bloque de hielo no se derretía por sí solo, entonces ninguno de los dos se derretía. De esa forma sucedió que nadie se les acercó y cada uno se congeló más. Después de mozos o quizás de años, descubrió uno de los bloques de hielo que al mediodía, cuando brillara el Sol se podía derretir, convirtiéndose en agua y seguiría siendo él. El otro descubrió también la misma maravilla. Por los canales de la vida diaria corrieron uno al otro, hasta que se encontraron. Claro, sintieron aún el frío, pero también su debilidad y buena voluntad, su propia necesidad y la de los otros. Descubrieron que se necesitaban mutuamente y que deberían permanecer juntos. Luego vino un niño y después otro, más tarde otros niños y echaron barquitos grandes y fuertes al agua. Ellos oyeron que los niños eran felices y esta alegría se reflejó como un sol en el agua.

PIENSA... 

- ¿Por qué los bloques de hielo no querían derretirse? 

- Después que se convirtieron en agua, ¿qué lograron descubrir? 

- ¿Con qué valores de Decálogo Misionero se puede iluminar este cuento? 

- ¿Qué obras puedes tú realizar que sean buenas para los demás? 

- ¿En tu vida has tenido momentos en que te has convertido en bloque de hielo para con alguien?

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