El
cardenal Zen cuenta cómo la limosna le salvó del hambre
El obispo de Hong Kong exhorta a ser
generosos con los pobres
HONG KONG, jueves, 7 febrero 2008 (ZENIT.org).-
La carta pastoral del cardenal Joseph Zen para la Cuaresma se hace eco del
llamamiento de Benedicto XVI a la limosna cuaresmal y relata cómo un
donante salvó a su propia familia del hambre.
La carta del obispo de Hong Kong, de 1 de
febrero, cuenta los detalles de una experiencia que el joven Joseph Zen
vivió de niño.
«Fue cuando Shanghai había sido invadido
--recuerda el cardenal--. Mi padre había tenido un derrame cerebral y
estaba enfermo. Éramos siete de familia y cinco de nosotros en edad
escolar, todos con necesidad de ser alimentados. Un frío día de invierno
estaba nevando, así que nos quedamos todos en la cama para estar
calientes. Estábamos hambrientos y sólo podíamos pensar: "¿Tendremos arroz
para comer hoy?"».
«Mi padre miró al reloj y me dijo que me
levantara. [...] Mi madre dijo: "Está nevando. Las suelas de tus zapatos
de plástico están rotas. Si te mojas, cogerás un resfriado. Quédate en
casa a rezar"».
«Pero mi padre dijo: "Tú vas a Misa cada
día. No la pierdas hoy. Quiera Dios darnos nuestro pan de cada día". Por
supuesto, mi padre tuvo las de ganar -recuerda el cardenal de 76 años,
nacido en Shanghai--. Apreté los dientes y corrí a la iglesia y ayudé en
la Misa como acostumbraba. Cuando me disponía a volver corriendo a casa,
un hombre anciano vino corriendo detrás de mí. Era Zhou Chi Yao a quien
todos conocíamos».
El cardenal Zen explica que su padre y Zhou
iban a Misa todos los días: «Aunque se saludaban mutuamente con un breve
gesto de cabeza, llegaron a ser buenos hermanos en el Señor».
El hombre anciano dijo al joven Joseph Zen:
«Amiguito, ¿no eres el hijo de Zen En Giou?».
«Sí», respondió el muchacho.
«Gracias a Dios que corrí detrás de ti
--dijo Zhou--.¿Cómo está tu padre? Hace mucho tiempo que no viene a la
iglesia».
El cardenal recuerda en la carta de
Cuaresma: «Le hablé de la situación de mi familia. [...] Me llevó a su
casa y cogió un fajo de dinero, lo contó, lo envolvió y me lo dio. Dijo:
‘Ten mucho cuidado y lleva esto a tu padre'».
Con ese dinero, explica el cardenal Zen, su
familia tuvo dinero suficiente para comprar alimentos durante varios
meses.
«La mano izquierda de Zhou no sabía lo que
su derecha estaba haciendo», escribe el cardenal aludiendo a la
exhortación de Cristo en el Evangelio. El obispo de Hong Kong urge a los
católicos a seguir el ejemplo dado por el anciano Zhou.
«No deberíamos preocuparnos por la falta de
medios financieros --exhortó el cardenal--. Podemos quedarnos tranquilos
si hacemos lo que podemos. Jesús alabó abiertamente a la viuda por dar dos
monedas de poco valor».
Cuaresma,
tiempo de esperanza; explica Benedicto XVI
En la celebración del Miércoles de Ceniza
CIUDAD DEL VATICANO, jueves, 7 febrero 2008
(ZENIT.org).- Cuaresma es tiempo de esperanza, explicó Benedicto XVI este
miércoles en la misa de la imposición de las cenizas.
Como todos los años, en la tarde de este
día que da inicio al período de preparación para la pasión, muerte y
resurrección de Jesús, el obispo de Roma presidió la celebración
eucarística en la basílica romana de Santa Sabina.
Según la tradición, antes de la misa, se
vivió un momento de oración en la Iglesia de San Anselmo, seguido de una
procesión a la basílica de Santa Sabina, en la que participaron
cardenales, arzobispos, obispos, los monjes benedictinos de San Anselmo,
los padres dominicos de Santa Sabina y laicos.
En la celebración, el cardenal eslovaco
Jozef Tomko, prefecto emérito de la Congregación para la Evangelización de
los Pueblos, impuso las cenizas al Papa.
«Precisamente porque invita a la oración, a
la penitencia y al ayuno, la Cuaresma constituye una ocasión providencial
para hacer más viva y sólida nuestra esperanza», explicó el pontífice en
la homilía de la misa.
De hecho, aclaró el Papa, la oración «es la
primera y principal "arma" para afrontar victoriosamente la lucha contra
el espíritu del mal»
«Sin la dimensión de la oración, el yo
humano termina por encerrarse en sí mismo, y la conciencia, que tendría
que ser eco de la voz de Dios, corre el riesgo de reducirse al espejo del
yo, de modo que el coloquio interior se convierte en un monólogo, dando
lugar a miles de auto-justificaciones».
«La oración, por tanto, es garantía de
apertura a los demás: quien se hace libre para Dios y sus exigencias, se
abre al otro, al hermano que llama a la puerta de su corazón y pide ser
escuchado, atención, perdón, a veces corrección, pero siempre en la
caridad fraterna», subrayó.
Según Benedicto XVI «la verdadera oración
nunca es egocéntrica, sino que siempre está centrada en el otro».
«Es el motor del mundo, porque lo mantiene
abierto a Dios y por ello, sin oración no hay esperanza, sólo existe
ilusión».
«No es la presencia de Dios lo que aliena
al hombre, sino su ausencia --aclaró--. Sin el verdadero Dios, Padre del
Señor Jesucristo, las esperanzas se convierten en ilusiones que inducen a
evadirse de la realidad».
«El ayuno y la limosna, unidos
armónicamente con la oración, también pueden ser considerados lugares de
aprendizaje y ejercicio de la esperanza cristiana», explicó.
De hecho, «gracias a la acción conjunta de
la oración, el ayuno y la limosna, la Cuaresma forma a los cristianos para
que sean hombres y mujeres de esperanza, siguiendo el ejemplo de lo
santos».
La alegría
de la limosna, según el portavoz vaticano
El padre Lombardi comenta el mensaje del
Papa para la Cuaresma
La limosna es fuente de alegría,
asegura el padre Federico Lombardi S.I., director de la Oficina de
Información de la Santa Sede.
El sacerdote hace un análisis del mensaje
de Benedicto XVI para la Cuaresma de este año, dedicado a la limosna, en
el editorial del último número de «Octava Dies», semanal informativo del
Centro Televisivo Vaticano, del que también es director.
«La penitencia cristiana no hay que vivirla
encerrándose en sí mismos; no puede faltar la dimensión social de la
apertura activa hacia los demás, comenzando por el necesitado, superando
el egoísmo y el apego a la posesión de los propios bienes», explica el
portavoz vaticano.
«De hecho, se trata de dimensiones tan
verdaderas y profundas de la realidad humana que es fácil reconocer su
presencia en las demás grandes experiencias religiosas».
«El Papa recuerda la enseñanza perenne de
la Iglesia, según la cual los bienes de la tierra están destinados a
todos, y nosotros somos más administradores que propietarios. Recuerda que
la Iglesia no puede crecer como comunidad sin solidaridad efectiva en su
interior».
«Las colectas que se hacen en muchísimas
partes del mundo manifiestan con frecuencia una gran generosidad, y
testimonian que el pueblo cristiano es sumamente consciente de este deber
suyo».
«Pero Benedicto XVI subraya también un
aspecto particularmente profundo y significativo de la limosna: la
alegría».
«Recuerda las palabras de la Escritura:
"Hay más alegría en dar que en recibir" y evoca la experiencia de alegría
que se experimenta en el don gratuito, hecho por amor, también en lo
pequeño. Dios Padre recompensa fielmente la generosidad hacia el
necesitado con una bendición de paz, de satisfacción interior y de
alegría».
«Esta es una de las pruebas concretas, por
decir así "experimentales", de la presencia y de la obra del Espíritu, que
se ofrece a todos, de manera fácil y amplia, cuando damos un paso para
salir del egoísmo y entrar en el mundo de la gratuidad y del amor.
Esperamos hacerlo con frecuencia en esta Cuaresma, para que también las
personas que están a nuestro alrededor se den cuenta de que el camino de
la paz y de la alegría no algo alejado e imposible, sino cercano y a
nuestro alcance. Cada día», concluye.