Catequesis:  EL CREDO

Texto y dibujo: Hermana Teresa Castaño MAR

TEMA 49:

Creo en el Espíritu Santo.

  • OBJETIVO ESPECíFICO:

Explicar a los niños a quien se llama Espíritu Santo y como la Escritura nos lo hace conocer a través de símbolos. 

  • AMBIENTACIóN:

En la cartelera colocar el dibujo que corresponde y escribir un título.

  • SALUDO:

Queridos niños: Dios es Padre, Hijo y Espíritu Santo, tres Personas distintas y un solo Dios verdadero. La Sagrada Escritura  nos habla del Espíritu Santo y en el Nuevo Testamento Jesús nos habla de él y los apóstoles le dan diversos nombres. Por ser espíritu no lo podemos ver ni tocar pero a través de varios símbolos logramos comprender cómo es y como actúa en nosotros, en la Iglesia, en el mundo.

  • REVISIóN DEL COMPROMISO:

    -¿Durante la semana, he rezado muchas veces: “Padre, en el Nombre de tu Hijo Jesús, concédeme el Espíritu Santo”?

    -¿He hecho con alegría mis tareas y demás obligaciones sabiendo que el Espíritu Santo está conmigo?

     

    • ORACIóN:

    Espíritu Santo: ven a iluminar nuestras mentes y corazones para que podamos vivir en alegría llevando la paz y el amor a todas las personas con las que nos encontremos. Aumenta nuestra fe y nuestros deseos de ser buenos misioneros. Amén.

                                      

    • PALABRA DE DIOS: Juan 14, 26.

     Pero el Defensor, el Espíritu Santo que enviará el Padre en mi nombre, será quien les enseñe todo y les vaya recordando todo lo que yo les he dicho.

     

    • PREGUNTAS, RESPUESTAS, OPINIONES, EXPLICACIóN:

    En Dios hay tres Personas: el Padre, el Hijo, que se hizo hombre como nosotros, y el Espíritu Santo. A las tres Personas adoramos y glorificamos, bendecimos y alabamos.

    La Sagrada  Escritura nos enseña quien es el Espíritu Santo, por qué su Nombre.

    La palabra “espíritu”, que en idioma hebreo es “Ruah”, significa: soplo, aliento, aire, brisa, viento. Jesús le dice a Nicodemo: “El viento sopla hacia donde quiere: oyes su rumor, pero no sabes de dónde viene no adónde va. Así sucede con el que ha nacido del Espíritu” (Juan 3, 8).

    Jesús, cuando anuncia y promete la venida del Espíritu Santo, le llama el “Paráclito”, que se traduce comunmente por “Consolador”, siendo Jesús el primer consolador. El mismo Señor llama al Espíritu Santo “Espíritu de Verdad”.

    El Nombre de “Espíritu Santo” aparece muchas veces en el libro de los Hechos y en las cartas de los apóstoles; además, San Pablo lo llama con otros nombres: el Espíritu de la promesa, el Espíritu de adopción, el Espíritu de Cristo, el Espíritu del Señor, el Espíritu de Dios, y  San Pedro, el Espíritu de gloria.

    Los creyentes han creído siempre en la presencia del Espíritu Santo y para darlo a conocer han utilizado diversos símbolos. El Espíritu de Dios es la tercera Persona de la Santísima Trinidad, es como el viento, como la respiración, como el agua, como el fuego, como el aceite, como la paloma...

    El agua. El simbolismo del agua es significativo de la acción del Espíritu Santo en el Bautismo, ya que, después de la invocación del Espíritu Santo, el agua se convierte en el signo sacramental eficaz del nuevo nacimiento a la vida divina

    La unción. El simbolismo de la unción con el óleo es también significativo del Espíritu Santo. Es el signo sacramental de la Confirmación, llamada justamente en las Iglesias de Oriente “Crismación”.  En la Antigua Alianza hubo “ungidos” del Señor, de forma eminente el rey David. Pero Jesús es el Ungido de Dios de una manera única: Cristo (Mesías en hebreo) significa “Ungido” del Espíritu de Dios.

    El fuego. Mientras que el agua significaba el nacimiento y la fecundidad de la Vida dada en el Espíritu Santo, el fuego simboliza la energía transformadora de los actos del Espíritu Santo. Juan Bautista anuncia a Cristo, como el que “Bautizará en el Espíritu Santo y el fuego”, Espíritu del cual Jesús dirá: “He venido a traer fuego sobre la tierra y ¡cuánto desearía que ya estuviese ardiendo!”. Bajo la forma de lenguas “como de fuego”, el Espíritu Santo se posó sobre los discípulos la mañana de Pentecostés y los llenó de él. La tradición espiritual conservará este simbolismo del fuego como uno de los más expresivos de  la acción del Espíritu Santo.

    La nube y la luz. Son dos símbolos inseparables en las manifestaciones del Espíritu Santo. Ya en el Antiguo Testamento, la Nube, unas veces oscura, otras luminosa, revela al Dios vivo y salvador: con Moisés en la montaña del Sinaí, en la Tienda de Reunión y durante la marcha por el desierto: con Salomón  en la dedicación del Templo. Pues bien, estas figuras son cumplidas por Cristo en el Espíritu Santo. En la montaña de la Transfiguración es El quien “vino en una nube y cubrió con su sombra” a Jesús, a Moisés y a Elías, a Pedro, Santiago y Juan, y “se oyó una voz desde la nube que decía: “Este es mi Hijo, mi Elegido, escuchadle”. Es, finalmente, la misma nube la que “ocultó a Jesús a los ojos” de los discípulos el día de la Ascensión, y la que lo revelará como Hijo del Hombre en su Gloria cuando vuelva en el fin del mundo.

    El sello. Es un símbolo cercano al de la unción. En efecto, es Cristo a quien “Dios ha marcado con su sello” (Juan 6,27) y el Padre nos marca también en él con su sello. Como la imagen del sello indica el carácter indeleble de la Unción del Espíritu Santo en los sacramentos del Bautismo, de la Confirmación y del Orden, esta imagen se ha utilizado para expresar el “carácter” imborrable impreso por estos tres sacramentos, los cuales no pueden ser repetidos.

    La mano. Imponiendo las manos Jesús cura a los enfermos y bendice a los niños. En su Nombre, los apóstoles harán lo mismo. Más aún, mediante la imposición de manos de los apóstoles el Espíritu Santo nos es dado. Este signo de la efusión todopoderosa del Espíritu Santo, la Iglesia lo ha conservado siempre.

    La paloma. Al final del diluvio, la paloma soltada por Noé vuelve con una rama de olivo en el pico, signo de que la tierra es habitable de nuevo. Cuando Cristo sale del agua de su bautismo, el Espíritu Santo, en forma de paloma, baja y se posa sobre él. El Espíritu desciende y reposa en el corazón purificado de los bautizados. El símbolo de la paloma para sugerir al Espíritu Santo es tradicional en el arte cristiano.

     

    • ACTIVIDAD:
    El catequista entrega a los niños una hoja de papel en blanco para dibujar y pintar: un niño que posee el Espíritu Santo, qué hace, cómo se comporta.
    • CELEBRACIóN:

    El catequista invita a los niños a sentarse en el suelo formando un círculo. Se iniciará con un canto al Espíritu Santo. A continuación el catequista reparte a cada niño un trozo de papel escrito con una de las siguientes palabras: santifica, libera, transforma, fortalece, reconforta, renueva, ilumina, sana, enseña, consuela, enfría, calienta, guía, dirige, salva, endereza, enriquece, alegra, revive, une. (Puede repetir alguna según el número de niños). El catequista dice que entre todos van a hacer una oración al Espíritu Santo utilizando cada uno la palabra que le ha correspondido. (Como ejemplo, el Catequista puede iniciar así: Espíritu Santo, fortalece nuestra fe, otro seguirá: une mi familia que está desunida...etc.) Se termina con el Gloria al Padre, ...

    • COMPROMISO:

    -Rezar por la Iglesia para que el Espíritu Santo, en estos momentos, nos ilumine, nos fortalezca en la fe y nos mantenga unidos en el amor.

    -Ayudaré en la escuela y en mi casa sin que me lo pidan.

     

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