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Texto y dibujo: Hermana Teresa Castaño MAR
Queridos niños: La ofensa del hombre a Dios fue tan grande que sólo Dios mismo podía repararla y, es el Hijo de Dios quien se ofrece al Padre para interceder por nosotros. Jesús toda su vida la ofreció al Padre y estuvo siempre en comunión con él. ¿Seremos nosotros, contando con la ayuda de Jesús, capaces de ofrecer también nuestra vida al Padre, pidiendo que el Reino de Dios llegue a todos los hombres?
-¿He ayudado con mis ahorros o con una palabra amable a las personas que he visto necesitadas? ORACIóN:Querido Jesús: Tú nos enseñas a desear y buscar los bienes del cielo, que no se acaban ni se los roba nadie. El mayor bien es seguirte a Ti y saber que así, Papá Dios está contento con nosotros. Seguirte a Ti es hacer el bien a los demás, es “dar la vida por los amigos”. Ilumínanos, aumenta nuestra fe, esperanza y caridad. Amén.
Yo soy el buen pastor. El buen pastor da la vida por las ovejas; el asalariado, que no es pastor ni dueño de la ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye; y el lobo hace estrago y las dispersa; y es que a un asalariado no le importan las ovejas. Yo soy el buen pastor, que conozco a las mías y las mías me conocen, igual que el Padre me conoce y yo conozco al Padre; yo doy mi vida por las ovejas. Tengo, además, otras ovejas que no son de este redil; también a ésas las tengo que traer, y escucharán mi voz y habrá un solo rebaño, un solo pastor. Por eso me ama el Padre: porque yo entrego mi vida, para poder recuperarla. Nadie me la quita, sino que yo la entrego libremente.
-¿Quién dice Jesús es él? -¿Qué hace el buen Pastor? -¿Qué hace el asalariado cuando ve venir al lobo? -¿Qué relación hay entre Jesús y sus ovejas? -¿Quiénes escucharán la voz de Jesús y para qué? -¿Qué hace Jesús con su vida, y por qué? Desde el primer instante de su Encarnación el Hijo acepta el plan divino de salvación en su misión redentora: “Mi alimento es hacer la voluntad del que me ha enviado y llevar a cabo su obra” (Juan 4,34). El sacrificio de Jesús por los pecados de toda la humanidad, expresa su total unión de amor con el Padre: “El Padre me ama porque doy mi vida” (Juan 10, 17). “El mundo ha de saber que amo al Padre y que obro según el Padre me ha ordenado” (Juan 14, 31). Este deseo de aceptar el plan de amor redentor de su Padre anima toda la vida de Jesús porque su Pasión redentora es la razón de ser de su Encarnación: “¡Padre líbrame de esta hora! Pero ¡si he llegado a esta hora para esto!” (Juan 12, 27). Juan Bautista, después de haber aceptado bautizar a Jesús en compañía de los pecadores, lo vio y lo señaló como el “Cordero de Dios que quita los pecados del mundo” . Manifestó así que Jesús es a la vez el Siervo doliente que se deja llevar en silencio al matadero y carga con el pecado de las multitudes y el cordero pascual símbolo de la redención de Israel cuando celebró la primera Pascua. Toda la vida de Cristo expresa su misión: “Servir y dar su vida en rescate por muchos” (Marcos 10,45). Jesús, al aceptar en su corazón humano el amor del Padre hacia los hombres, amó a todos sin límite, “los amó hasta el extremo” porque “nadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos”. Tanto en el sufrimiento como en la muerte, su humanidad se hizo el instrumento libre y perfecto de su amor divino que quiere la salvación de los hombres. Jesús aceptó libremente su pasión y su muerte por amor a su Padre y a los hombres que el Padre quiere salvar: “Nadie me quita la vida; yo la doy voluntariamente” (Juan 10, 18).
Solución:
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