|
Texto y dibujo: Hermana Teresa Castaño MAR
Queridos niños: Los apóstoles, en el anuncio del Evangelio, tenían como centro el Misterio Pascual. La Iglesia continuó y continúa con este mismo anuncio permaneciendo fiel a la interpretación que el mismo Jesús dio de todas las Escrituras. Que Jesús ilumine con su luz nuestra fe y el poder comprender las enseñanzas que la Iglesia nos transmite.
-¿Qué programa he hecho para este tiempo litúrgico a partir de cada una de las letras del nombre: J E S U S? -¿He pedido a Jesús por todos los cristianos para que vivamos la unidad que El nos pidió?
Querido Jesús: sabemos que por la Verdad te persiguieron y te llevaron a la muerte en la cruz. Tú cumpliste el plan de amor que Papá Dios quería y nos alcanzaste a todos la salvación. Gracias, Jesús: te adoramos, te alabamos y te bendecimos. Enséñanos a decir siempre la verdad: que nuestros sentimientos estén de acuerdo con lo que decimos y pensamos. Amén.
Juan 8, 1-11. Y Jesús se dirigió al monte de los Olivos. Al amanecer volvió al templo. Todo el mundo acudía a él y sentado les enseñaba. Los letrados y fariseos le presentaron una mujer sorprendida en adulterio, y, colocándola en medio, le dijeron: Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en el momento del adulterio. La Ley de Moisés ordena que dichas mujeres sean apedreadas; tú, ¿qué dices? Le preguntaban esto para tentarlo y tener de qué acusarlo. Jesús se inclinó y con el dedo se puso a escribir en el suelo. Como insistían en su pregunta, se incorporó y les dijo: Quien de ustedes esté sin pecado, tire la primera piedra. De nuevo se inclinó y siguió escribiendo en el suelo. Los oyentes se fueron retirando uno a uno, empezando por los más viejos. Quedó solo Jesús y la mujer en el centro de pie. Jesús se incorporó y le preguntó: Mujer, ¿dónde están tus acusadores? ¿ninguno te ha condenado? Ella contestó: Ninguno, Señor. Jesús le dijo: Tampoco yo te condeno. Ve y en adelante no peques más.
-¿Qué mandaba la Ley de Moisés cuando una mujer era acusada de adulterio? -¿Qué le preguntan a Jesús, los escribas y fariseos, cuando le presentan a una mujer sorprendida en adulterio? -¿Qué hace Jesús en vez de responder a los acusadores de la mujer? -Al insistir en su pregunta, ¿Qué les dice Jesús a los acusadores de la mujer? -¿Qué sucede después de que Jesús les responde? El Misterio Pascual: pasión, muerte y Resurrección de Cristo está en el centro de la Buena Noticia que la Iglesia siempre debe anunciar al mundo. El plan salvador de Dios se ha cumplido de “una vez por todas” con la muerte salvadora de su Hijo Jesucristo. La Iglesia permanece fiel a “la interpretación de todas las Escrituras“ dada por Jesús mismo, tanto antes como después de su Pascua: “¿No era necesario que Cristo padeciera eso y entrara así en su gloria?” Jesús padeció realmente porque fue “reprobado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas”, que lo “entregaron a los gentiles, para burlarse de él, azotarle y crucificarle”. Nuestra fe puede penetrar en las circunstancias de la muerte de Jesús, que han sido transmitidas fielmente por los Evangelios e iluminadas por otras fuentes históricas, para comprender mejor el sentido de la Redención. Desde que Jesús comenzó su ministerio público, fariseos y partidarios de Herodes, junto con sacerdotes y escribas, se pusieron de acuerdo para quitarlo de en medio. Jesús, por algunas de sus obras (expulsión de demonios, perdón de los pecados, curaciones en sábado, interpretación original de los preceptos de pureza de la Ley, familiaridad con los publicanos y pecadores públicos) era sospechoso para algunos malintencionados de tener posesión diabólica. Lo acusaron de blasfemo (que decía cosas contra Dios) y de falso profeta, dos crímenes religiosos que la Ley castigaba con pena de muerte a pedradas. Al comenzar el sermón de la Montaña, Jesús hace una advertencia solemne presentando la Ley dada por Dios a Moisés en el monte Sinaí, con ocasión de la primera Alianza, a la luz del regalo de la Nueva Alianza: “No piensen que he venido a suprimir la Ley y los Profetas. No he venido a suprimir sino a dar cumplimiento”. La misma Palabra de Dios que resonó en el Sinaí para dar a Moisés la Ley escrita, es la que en Jesús se hace oír de nuevo en el Monte de las Bineventuranzas. La palabra de Jesús no anula la Ley sino que la perfecciona aportando de modo divino su interpretación definitiva: “Ustedes han oído que se dijo a sus antepasados... pero yo les digo..” Con esta misma autoridad divina, desaprueba ciertas tradiciones humanas de los fariseos que “quitaban el sentido a la Palabra de Dios”. Jesús da plenitud a la Ley sobre la pureza de los alimentos, tan importante en la vida de pueblo judío, dándole una interpretación divina: “Todo lo que de fuera entra en el hombre no puede hacerlo impuro...así declaraba puros todos los alimentos....Lo que sale del hombre, eso es lo que hace impuro al hombre. Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen las intenciones malas” (Marcos 7, 18-21). Jesús, al dar con autoridad divina la interpretación definitiva de la Ley, se vio enfrentado a algunos doctores de la Ley que no aceptaban su interpretación a pesar de haber visto los signos divinos con que la acompañaba. Esto ocurre en particular, respecto al problema del sábado: Jesús recuerda, frecuentemente con argumentos lógicos que el descanso del sábado no se quebranta por el servicio de Dios o al prójimo que realizan sus curaciones.
Colocando las vocales en el lugar correspondiente encontrarás un texto de Juan 13, 34. Esas mismas palabras las encontrarás en la “sopa de letras”
Se tendrá preparado, recortado en cartulina roja un corazón con la palabra LEY escrita en su centro y en tiras de papel escritas las siguientes palabras: VER, ACTUAR, OIR, PENSAR, SENTIR, DECIR. El catequista invita a los niños a sentarse en el suelo formando un círculo. En el centro del grupo, sobre el corazón se pondrá un crucifijo. Las tiras de papel se guardan para su momento. Se inicia la celebración con un canto. En catequista invita a observar lo que hay en el centro y dirá: para Jesús la Ley se fundamente en el Amor. Los fariseos y letrados habían hecho de la Ley una carga pesada pero Jesús viene a liberarnos de esa carga pesada y nos dice que la Ley más importante es la del amor: Amor a Dios y al prójimo. La Ley del Amor nos hace: ( se van colocando las tiras escritas alrededor del corazón) personas nuevas que ven, oyen, dicen, sienten, piensan y actúan de forma diferente. Pensemos unos momentos y digamos algo a Jesús. Para finalizar se cantará o rezará el Padrenuestro.
-Haré el compromiso correspondiente a la letra “J” que preparé para este tiempo litúrgico. -Rezaré por todos los que se han alejado de Jesús para que vuelvan a su amistad con El.
| |||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
|
|