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Texto y dibujo: Hermana Teresa Castaño MAR
Llevar a los niños a profundizar en el misterio del bautismo de Jesús, inicio de su vida pública.
Queridos niños: Jesús se coloca en la fila de los pecadores para recibir el bautismo de penitencia que Juan ofrecía al que arrepentido de sus pecados quería cambiar de vida. Jesús es el Siervo de Dios que acepta la misión de salvar a los hombres cargando con nuestros pecados; aceptando el camino de la cruz. Jesús mismo es un Misterio que nos deslumbra: es maravilloso, amor no tiene medida...
¿He hecho el compromiso de imitar a Jesús en una de sus actitudes? ¿He rezado por todos los que anuncian el mensaje del Evangelio a los demás: sea con la palabra, a través del arte, con escritos, con gestos de amor y servicio...? ¿He colaborado con mi dinero en la campaña misionera?
Querido Dios: nos has dado a tu Hijo amado, a tu predilecto, para salvarnos de la muerte y del pecado. Queremos ser como Jesús: obedientes a tu voluntad y siempre dispuestos a amar y ayudar a todos, en especial, al que más necesite de ayuda. Te damos las gracias por tu inmenso amor. Amén.
Entonces fue Jesús desde Galilea al Jordán y se presentó a Juan para que lo bautizara. Juan se lo impedía diciendo: Soy yo el que necesito que tú me bautices, ¿y tú acudes a mí? Jesús le contestó: Está bien que cumplamos así todo lo que Dios quiere. Entonces Juan accedió. Jesús se bautizó, salió del agua y se abrió el cielo y vio al Espíritu de Dios que bajaba como una paloma y se posaba sobre él. Y se oyó una voz del cielo que decía: Este es mi Hijo, el amado, mi predilecto.
¿En qué pueblo de Galilea vivía Jesús? ¿Para qué fue Jesús al río Jordán en donde Juan bautizaba? ¿Qué sucedió cuando Jesús se presentó a Juan para que lo bautizara? ¿Qué ocurrió al salir Jesús del agua, después de ser bautizado? Jesús comienza su vida pública cuando Juan lo bautiza en el río Jordán. Juan proclamaba “un bautismo de conversión para el perdón de los pecados”. Una multitud de pecadores, publicanos y soldados, fariseos y saduceos y prostitutas van donde Juan para que los bautice. Jesús aparece entonces. Ante Jesús, Juan duda, pero Jesús le insiste para que lo bautice. Juan bautiza a Jesús y, enseguida, el Espíritu Santo, en forma de paloma, viene sobre Jesús, y la voz del cielo proclama: “Este es mi Hijo amado”. Es la manifestación (Epifanía) de Jesús como Mesías de Israel e Hijo de Dios. El bautismo de Jesús es, por su parte, la aceptación y el comienzo de su misión de Siervo doliente. Se deja contar entre los pecadores; es ya “el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”; hace ya presente el “bautismo” de su muerte sangrienta. Viene a “cumplir toda justicia”, es decir, se somete totalmente a la voluntad de su Padre para redimirnos de nuestros pecados. A esta aceptación de Jesús responde la voz del Padre que pone toda su complacencia en su Hijo. El Espíritu que Jesús posee en plenitud desde su concepción viene a “posarse” sobre él. De Jesús surgirá este Espíritu para toda la humanidad. En su bautismo “se abrieron los cielos” que el pecado de Adán había cerrado; y las aguas fueron santificadas porque a ellas descendió Jesús y el Espíritu como comienzo de la nueva creación. Por el bautismo, el cristiano se hace uno con Cristo y anticipa también que morirá y resucitará. El cristiano debe entrar en este misterio de rebajamiento humilde y de arrepentimiento, bajando al agua con Jesús, para subir con él, renacer del agua y del Espíritu para convertirse, en el Hijo, en hijo amado del Padre y “vivir una vida nueva”. Todo lo que aconteció en Cristo nos enseña que después del baño del bautismo, el Espíritu Santo baja a nosotros desde lo alto del cielo y que, adoptados por el Padre, llegamos a ser sus hijos.
El catequista entrega a cada niño media hoja de papel en blanco, cortado hacia lo largo. Se doblará, la media hoja de papel, en cuatro partes iguales para dibujar y pintar, en cada parte, los siguientes momentos del bautismo de Jesús: 1. Jesús en la fila de los pecadores, 2. Jesús hablando con Juan, 3. Juan bautizando a Jesús, 4. Al salir Jesús del agua desciende el Espíritu Santo y se escucha la voz del Padre. Pegaré esta actividad en mi cuaderno de I. M.
El catequista invita a los niños a sentarse en el suelo formando un círculo. Cada niño tendrá en sus manos la tira de papel con los dibujos que hizo y un lápiz. Se entona un canto y seguidamente se les pide a los niños que observen en silencio sus dibujos: (Si se tiene grabadora, colocar una música suave que ayude a la reflexión) Cada uno elegirá una de las escenas y escribirá, por detrás del dibujo, lo que quiera decirle a Jesús y si siente que Jesús le dice algo, también lo escribe. Para terminar, si se ve conveniente leer en voz alta lo que cada uno escribió, lo puede hacer y se termina con el Padrenuestro. De otra manera, el catequista recitará la siguiente oración: Jesús, te damos gracias porque siempre estás en medio de nosotros pues nos reunimos en tu nombre. Enséñanos a hacer la voluntad de Papá Dios para que podamos escuchar su voz que nos dice: eres mi hijo amado. Te pedimos, que todos los niños del mundo te conozcan para que puedan vivir la alegría de ser tus amigos. Bendícenos, bendice a nuestros padres, hermanos, catequistas y maestros. Amén.
-Rezaré por la conversión de los que odian y no perdonan y por los que no quieren compartir sus bienes con los necesitados. -Ayudaré todo lo que pueda en la campaña misionera de este mes.
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