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Texto y dibujo: Hermana Teresa Castaño MAR
Que los niños vean que la vida de Cristo es un Misterio que nos revela al Padre, que nos redime, que nos restablece como imagen y semejanza de Dios, que es un bien y un modelo para todos y que nos llama a ser una sola cosa con él.
Queridos niños: La vida de Cristo es un Misterio que encierra todo el amor de Dios a la humanidad. En la medida que entremos de corazón a ese Misterio conoceremos a Cristo, lo amaremos, lo seguiremos y seremos sus discípulos más fieles.
-¿He pedido a la Virgen María, cada día, por los niños que sufren y están abandonados y por mis compañeros de la escuela? -¿Ya he comenzado a hacer algún ahorro por las misiones?
Querido Jesús: Enséñanos a amar y hacer la voluntad del Padre, tu manera de comportarte con la gente, con los que sufren. Que tu seas siempre nuestro modelo y maestro a seguir. Dános fortaleza para seamos siempre rectos, diciendo la verdad, ayudando al que más lo necesita. Regálanos la gracia de descubrir en el Misterio de tu vida la luz que nos lleva por el camino de la paz y del amor verdadero. Amén.
Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el sol que nace de lo alto, para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte; para guiar nuestros pasos por el camino de la paz.
Las palabras del texto de Lucas que hemos escuchado las dijo Zacarías. -¿De quién era papá Zacarías? -¿Qué nos quieren decir las palabras “entrañable misericordia de nuestro Dios”? -¿Quién es ese sol que nace de lo alto, que ilumina y guía nuestros pasos por el camino de la paz? En el Credo, respecto a la vida de Cristo, sólo se habla del misterio de la Encarnación (fue concebido por obra del Espíritu Santo y nació de Santa María Virgen) y del misterio de la Pascua (padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos y al tercer día resucitó de entre los muertos y subió a los cielos). Esto que decimos en el Credo ilumina toda la vida terrena de Cristo. Toda la vida de Cristo es Misterio. Lo que se ha escrito en los evangelios es “para que crean que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengan vida en su nombre”. (Juan 20,31) Los evangelios fueron escritos por hombres que pertenecieron al grupo de los primeros que tuvieron fe y quisieron compartirla con otros. Habiendo conocido por la fe quién es Jesús, pudieron ver los rasgos de su Misterio durante toda su vida terrena. Desde los pañales de su natividad hasta el vinagre de la pasión y el sudario de su resurrección, todo en la vida de Jesús es signo de su Misterio. A través de sus gestos, sus milagros y sus palabras, se ha revelado que “en él reside toda la plenitud de la Divinidad corporalmente”. Toda la vida de Cristo es Revelación del Padre: sus palabras y sus obras, sus silencios y sus sufrimientos, su manera de ser y de hablar. Jesús puede decir: “Quien me ve a mí, ve al Padre”, y el Padre: “Este es mi Hijo amado; escúchenlo”. Jesús, al hacer la voluntad del Padre, nos “manifestó el amor que nos tiene”. Toda la vida de Cristo es Misterio de Redención. La Redención nos viene ante todo por la sangre derramada hasta morir en la cruz, pero este misterio está actuando en toda la vida de Cristo: en su Encarnación, en su vida oculta, en su vida pública, en su Resurrección, por medio de la cual nos justifica. Toda la vida de Cristo es Misterio de Recapitulación. Todo lo que Jesús hizo, dijo y sufrió, tuvo como finalidad restablecer al hombre caído en el pecado. Toda la riqueza de Cristo “es para todos los hombres y constituye el bien de cada uno”. Cristo no vivió su vida para sí mismo, sino para nosotros, desde su Encarnación hasta su muerte “por nuestros pecados” y en su Resurrección para nuestra justificación. El sigue siendo “nuestro abogado cerca del Padre”, “intercediendo en nuestro favor”. Jesús es nuestro modelo de vida: es el “hombre perfecto” que nos invita a ser sus discípulos y a seguirle: con su anonadamiento, nos ha dado un ejemplo que imitar: con su oración atrae a la oración; con su pobreza, llama a aceptar libremente la privación y las persecuciones. “El Hijo de Dios con su encarnación se ha unido en cierto modo con todo hombre”. Estamos llamados a ser una sola cosa con El.
Buscar en la “sopa de letras” las siguientes palabras que nos hablan del Misterio de la vida de Jesucristo: Encarnación, concepción, nacimiento, pasión, crucifixión, muerte, sepultura, resurrección, ascensión, transfiguración, milagros, curaciones, exorcismos, revelación, amor, perdón, palabras, obras, oración, obediencia, pobreza, perdón.
El catequista invita a los niños a sentarse en el suelo formando un círculo. Les dice que cada uno, observe en silencio al compañero/a que le queda al frente. Pensará que Jesús fue niño como el que tiene delante, tenía ojos, frente, nariz, labios, mejillas y, especialmente, un corazón con el que amaba a la gente. Preparará, cada uno, una petición por el compañero/a que observó. Para terminar se reza el Padrenuestro.
-Rezaré para que todos los que creen en Jesús, nuestro Salvador, lleguen a ser un solo cuerpo por el amor y no Iglesias separadas. -Pensaré qué sacrificio haré en el mes de las misiones por los misioneros.
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