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Texto y dibujo: Hermana Teresa Castaño MAR
Llevar a los niños a reflexionar en la obra misteriosa de Dios al preservar a María de todo pecado haciéndola partícipe en la obra redentora de Cristo.
Queridos niños: Dios eligió a María para ser la madre de Jesús y por eso la llenó de santidad. Ella al decir sí a Dios participa con su Hijo en la Redención y nos aceptó como hijos, ayudándonos a crecer en la fe y en el seguimiento de Jesús.
-¿Pedí a la Virgen María por la paz del mundo y para nos enseñe a decir Sí a Papá Dios? -¿He ayudado en mi casa en los trabajos que podía, aunque no me guste hacerlos?
Derrama, Señor, tu gracia sobre nosotros que por el anuncio del ángel hemos conocido la encarnación de tu Hijo, para que lleguemos por su pasión y su cruz y con la intercesión de la Virgen María, a la gloria de la resurrección. Por Cristo.... Amén.
A los seis meses el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una Virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María. El ángel, entrando en su presencia dijo: Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo. Ella se turbó ante estas palabas y se preguntaba qué saludo era aquél. El ángel le dijo: No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios, concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David su padre, reinará sobre la casa de Israel para siempre y su reino no tendrá fin. Y María dijo al ángel: ¿Cómo será eso, pues no conozco varón? El ángel le contestó: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible. María contestó: Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra. Y la dejó el ángel.
Dios regaló a María dones a la medida de la misión que debería cumplir como Madre del Salvador. El ángel Gabriel la llama: “llena de gracia”, porque, para que María pudiera libremente decir Sí, era necesario que estuviera poseída por la gracia de Dios. La Iglesia, a lo largo de los siglos ha tomado conciencia de que María “llena de gracia” por Dios, fue redimida; limpia de todo pecado, desde el primer instante de su existencia. El Papa Pio IX , en 1854 al proclamar el dogma de la Inmaculada Concepción, dijo:...La bienaventurada Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de pecado original en el primer instante de su concepción por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Jesucristo Salvador del género humano. Por la gracia de Dios, María ha permanecido pura de todo pecado personal a lo largo de toda su vida. El ángel le anuncia que ella dará a luz al “Hijo del Altísimo” sin conocer varón, por la virtud del Espíritu Santo y María le responde, segura de que “nada hay imposible para Dios”: “He aquí la esclava del Señor: hágase en mí según tu palabra” (Lc 1, 37-38). Con su consentimiento a la palabra de Dios, María llegó ser la Madre de Jesús y, aceptando de todo corazón la voluntad divina de salvación, se entregó por entero a la persona y a la obra de su Hijo, para servir, en su dependencia y con él, por la gracia de Dios, al Misterio de la Redención. María es llamada en los evangelios (Juan 2,1 y 19,25) “la Madre de Jesús” y aclamada, antes del nacimiento de Jesús, por el impulso del Espíritu, como “la Madre de mi Señor” (Lc 1,43). La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios. Desde las primeras formulaciones (Credos) de la fe, la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo. Los evangelios presentan la concepción virginal como una obra divina que sobrepasa toda comprensión y toda posibilidad humanas: “Lo concebido en ella viene del Espíritu Santo”, dice el ángel a José refiriéndose a María, su desposada. La Iglesia ve en ello el cumplimiento de la promesa divina hecha por el profeta Isaías. Al profundizar en la fe sobre la maternidad virginal de María la Iglesia confiesa la virginidad real y perpetua de María incluso al dar a luz al Hijo de Dios hecho hombre. La liturgia de la Iglesia celebra a María como la “siempre virgen”. Jesús es el Hijo único de María. Pero la maternidad espiritual de María se extiende a todos los hombres a los cuales, El vino a salvar: “Dio a luz al Hijo, al que Dios constituyó el mayor de muchos hermanos (Rom 8, 29), es decir, de los creyentes a cuyo nacimiento y educación colabora con amor de madre. Una mirada de fe, a toda la Revelación, nos puede descubrir las razones misteriosas por las que Dios, en su designio salvífico, quiso que su Hijo naciera de una virgen. Estas razones misteriosas se refieren tanto a la persona y a la misión redentora de Cristo como a la aceptación por María de esta misión para con los hombres.
En el cuaderno de I. M. escribir una carta a la Virgen María y dedicarle un bonito dibujo.
El catequista invita a los niños a sentarse en el suelo formando un círculo y entona un canto de acción de gracias. Seguidamente, entre todos, se recuerda lo leído en el evangelio sobre la Anunciación. El catequista pide a los niños que piensen en alguna petición a Papá Dios por medio de María. Al hacer la petición, quien habla, levanta en alto los brazos con la palmas hacia arriba, acompañando con este gesto lo que dice. Para terminar se recita el Padrenuestro y el Ave María.
-Pediré a la Virgen María, todos los días, por los niños que sufren y están abandonados y por mis compañeros de la escuela. -Comenzaré a hacer algún ahorro para las misiones.
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