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Texto y dibujo: Hermana Teresa Castaño MAR
Ayudar a los niños a afianzar su fe en que el Espíritu Santo fecundó el seno de María para que naciera Jesús.
Queridos niños: Dios es infinitamente sabio y misericordioso y queriendo llevar a cabo la redención del mundo, “al llegar la plenitud de los tiempos, envió a su Hijo, nacido de mujer,... para que recibiéramos la adopción de hijos (Carta a los Gálatas 4,4-5).
-¿Escribí a Jesús una carta para darle gracias porque se hizo nuestro hermano y nos ha enseñado a amar a Papá Dios y a los demás? -¿He rezado para que se terminen las guerras y las injusticias que originan muchos males en el mundo?
Dios santo y misericordioso, que te complaces en los humildes y cumples en ellos, por medio de tu Espíritu, las maravillas de la salvación; mira la humildad de María y danos un corazón sencillo que sepa responder con alegría a tu voluntad. Por Jesucristo nuestro Señor, amén.
Pero apenas había tomado esta resolución se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo: José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás por nombre Jesús, porque El salvará a su pueblo de sus pecados. Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por el Profeta: Miren: la Virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrá por nombre Emanuel que significa Dios con nosotros. Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y se llevó a casa a su mujer. Y sin que él hubiera tenido relación con ella, dio a luz un hijo; y él le puso por nombre Jesús.
-¿Quién anunció a María que concebiría en su seno a Jesús? -¿Con qué palabras expresó María que aceptaba lo que Dios quería de ella? -¿Quién le explicó a José de quien venía la criatura que María llevaba en sus entrañas? -¿Por qué José debe ponerle el nombre a Jesús? -¿Qué significa el nombre de Emmanuel? -¿Qué significa el nombre de Jesús? -¿Qué hizo José cuando se despertó? La anunciación a María es el comienzo de la plenitud de los tiempos. Plenitud de los tiempos quiere decir cumplimiento de las promesas que Dios hizo a su pueblo. María es invitada a concebir en su seno al Hijo de Dios. María pregunta al ángel Gabriel: “¿cómo será esto, puesto que no conozco varón?” (Luc 1, 34) y la respuesta divina se le da mediante el poder del Espíritu: “El Espíritu Santo vendrá sobre ti” (Luc 1,35). La misión del Espíritu Santo está siempre unida y de acuerdo a la misión del Hijo. El Espíritu Santo fue enviado para santificar el seno de la Virgen María y fecundarla, haciendo que ella conciba al Hijo eterno del Padre en una humanidad que toma de ella. El Hijo único del Padre, al ser concebido como hombre en el seno de la Virgen María, es “Cristo”, es decir, el ungido por el Espíritu Santo, desde el principio de su existencia humana, aunque su manifestación se fuera dando progresivamente: a los pastores, a los magos, a Juan Bautista, a los discípulos. Por tanto, toda la vida de Jesucristo manifestará “cómo Dios le ungió con el Espíritu Santo y con poder”. Lo que la fe católica cree acerca de María está basado en lo que cree acerca de Cristo, pero lo que enseña sobre María ilumina a su vez la fe en Cristo. Dios envió a su Hijo, pero para “formarle un cuerpo” quiso la libre cooperación de una criatura. Para eso desde toda la eternidad, Dios escogió para ser la Madre de su Hijo, a una hija de Israel, una joven judía de Nazaret en Galilea, a “una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María”. El Padre de las misericordias quiso que la que estaba predestinada a ser la Madre de su Hijo diera su consentimiento antes de la encarnación para que, así como una mujer contribuyó a la muerte, así también otra mujer contribuyera a la vida. A lo largo de toda la Antigua Alianza, la misión de María fue preparada por la misión de algunas santas mujeres. Al principio de todo está Eva: a pesar de su desobediencia, recibe la promesa de una descendencia que será vencedora del Maligno y la de ser Madre de todos los vivientes. Por esta promesa, Sara, ya de edad avanzada, concibe a su hijo Isaac. Contra toda esperanza humana, Dios escoge lo que era tenido por impotente y débil: Ana, la madre de Samuel, Débora, Rut, Judit y Ester, y muchas otras mujeres. María “sobresale entre los humildes y los pobres del Señor, que esperan de él con confianza la salvación y la acogen. Finalmente, con ella, excelsa Hija de Sión, después de la larga espera de la promesa, se cumple el plazo y se inaugura el nuevo plan de salvación” (L.G. 55). | |||||||||||||||