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Texto y dibujo: Hermana Teresa Castaño MAR
Llevar a los niños a conocer y amar más a Jesús, llamado Cristo.
Queridos niños: Cuando hablamos de Jesucristo ya sabemos a quien nos referimos: Jesús Cristo, Jesús Mesías. Por Jesucristo, vamos descubriendo ese amor tan grande que Dios nos tiene, que nos perdona, nos salva y nos ayuda a vivir con los demás como verdaderos hermanos.
-¿He rezado todos los días por los que no conocen a Jesús y he pedido al Padre que envíe misioneros a esas personas? -¿He recordado a Jesús muchas veces: al estudiar, comer, salir, llegar, dormir...?
Querido Jesús: Eres el Cristo, el Mesías prometido para salvarnos del poder del pecado y de la muerte. Eres el único por el que podemos ser salvados: no permitas que jamás nos alejemos de ti, que siguiendo lo que dicen y prometen otras personas, te perdamos de vista y ya no seas el primero en nuestro corazón. Te pedimos por todos los que se han alejado de tu amistad para que tú los sanes y recobren tu alegría. Amén.
Cuando Jesús llegó a la región de Cesarea de Filipo, interrogó a los discípulos: -¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre? Contestaron: -Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o algún otro profeta. Les dice: -Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo? Respondió Simón Pedro: Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo. Jesús le replicó: -¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás! Porque no te lo ha revelado nadie de carne y sangre, sino mi Padre del cielo.
-¿Qué dice la gente quien es Jesús? -¿Qué dice Simón Pedro sobre Jesús? -¿Qué decimos nosotros, cada uno, quien es Jesús? -¿Tenemos alguna duda de quién es Jesús? Jesús le dice a Pedro que es el Padre del cielo el que le ha revelado quien es él. Jesús, a través de su Palabra y de las explicaciones de su Iglesia nos ayuda para que lo conozcamos y comprendamos quien es él. Cristo es una palabra griega que en idioma hebreo significa “Mesías”. Mesías quiere decir “ungido”. Jesús es llamado Cristo porque ha cumplido con perfección la misión divina que esta palabra (Mesías) significa. En el pueblo de Israel eran ungidos (con aceite) en el nombre de Dios los que eran consagrados para una misión encomendada por Dios, en este caso: los reyes, los sacerdotes y los profetas. El Mesías debía ser ungido por el Espíritu del Señor a la vez como rey y sacerdote pero también como profeta. Jesús cumplió la esperanza mesiánica de Israel en su triple función de sacerdote, profeta y rey. El ángel anunció a los pastores el nacimiento de Jesús como el Mesías prometido a Israel: “Les ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es el Cristo Señor” (Lucas 2,11). Desde el principio él es “a quien el Padre ha santificado y enviado al mundo” ( Juan 10, 36), concebido como “santo” en el seno virginal de María. José, descendiente del rey David, (Mateo 1, 20 y ss) fue llamado por Dios para llevar a su casa a María su esposa “embarazada“ por obra del Espíritu Santo. Así, Jesús, “llamado Cristo” nació de la esposa de José en la descendencia mesiánica de David. La consagración mesiánica de Jesús muestra su obediencia divina. Su eterna consagración mesiánica fue revelada en el tiempo de su vida terrena en el momento del bautismo por Juan cuando “Dios lo ungió con el Espíritu Santo y con poder” (Hechos 10, 38) “para que él se manifestara a Israel” (Juan 1,31) como su Mesías. Sus obras y sus palabras lo dieron a conocer como “el santo de Dios” (Marcos 1,24). Numerosos judíos y algunos paganos que compartían la esperanza judía, reconocieron en Jesús los rasgos fundamentales del mesiánico “hijo de David” prometido por Dios a Israel. Jesús aceptó el título de Mesías pero con reservas porque mucha gente de su tiempo tenía una idea demasiado humana y esencialmente política respecto de la misión del Mesías. Jesús acoge la confesión de Pedro cuando le dice: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo” (Mateo 16, 16). Seguidamente, Jesús les anuncia a sus discípulos que debe ir a Jerusalén a sufrir, morir y resucitar al tercer día. Reveló el auténtico contenido de su realeza mesiánica cuando explica que el Hijo del Hombre “ha bajado del cielo” (Juan 3, 13) siendo su misión redentora la de servir: “el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos” (Mateo 20, 28). Esta es la razón por la que el verdadero sentido de su realeza se ha manifestado desde lo alto de la Cruz. Solamente después de su resurrección su realeza mesiánica podrá ser proclamada por Pedro ante el pueblo de Dios: “Sepa, pues, con certeza toda la casa de Israel que Dios ha constituido Señor y Cristo a este Jesús a quien ustedes han crucificado” (Hechos 2, 36).
En el libro de los Hechos de los Apóstoles, capítulo 4, leemos: verso 32: “En el grupo de los creyentes todos pensaban y sentían lo mismo:... “Verso 34: “ninguno pasaba necesidad...” -Hacer un dibujo y pintarlo expresando: por qué en el grupo de los primeros cristianos ninguno pasaba necesidad.
El catequista indica a los niños que se sienten en le suelo formando un círculo. Se entona un canto a Jesús y luego el catequista invita a que cada uno haga una oración: JESUS, TU ERES PARA MI...., te doy gracias....., te bendigo.... Al final se reza el Padrenuestro.
-Escribir una carta al papá o a la mamá (aunque estén en la casa), contándoles lo que se ha aprendido en esta catequesis. - Rezar todos los días para que los cristianos podamos vivir como los primeros creyentes: muy unidos a Jesús, amándonos unos a otros y compartiendo lo que tenemos.
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