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Texto y dibujo: Hermana Teresa Castaño MAR
Iniciar la reflexión del segundo artículo del Credo: Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor.
Queridos niños: Dios ha querido enviarnos a su Hijo, que se hizo hombre en las entrañas de la Virgen María por obra del Espíritu Santo para salvarnos del pecado y de la muerte. Como hombre, el Hijo de Dios vivió y cumplió la misión encomendada por el Padre: nos comunicó la Buena Nueva, curó a los enfermos de toda dolencia. La gente lo seguía, lo escuchaba y se alegraba de que Dios hubiera enviado un gran profeta al pueblo.
-¿He rezado cada día para que Dios bendiga a la persona o personas que no me quieren o me han hecho algún daño? -¿He saludado, con alegría, a todas las personas con las que me he encontrado?
Querido Jesús: Eres el Hijo amado por quien el Padre ha hecho todas las cosas. Eres nuestro Maestro y Señor y te pedimos tengas misericordia de nosotros, porque somos pecadores. Amén.
Jesús recorría toda la Galilea enseñando en las sinagogas, proclamando la buena noticia del reino y curando entre el pueblo toda clase de enfermedades y dolencias. Su fama se extendió por toda Siria, y le traían todos los enfermos que padecían diversas enfermedades y dolores: endemoniados, lunáticos y paralíticos. Y él los curaba. Y lo seguían multitudes venidas de Galilea, Decápolis, Jerusalén, Judea y Transjordania.
-¿Qué lugares recorría Jesús y qué hacía? -¿De dónde venía tanta gente para que Jesús los curara de sus dolencias y enfermedades? -Esa multitud que seguía a Jesús y cuantos fueron curados ¿dónde estarían cuando Jesús fue ajusticiado, torturado y llevado a la muerte en cruz? -¿Hemos comprendido qué misión Jesús tenía que realizar en el mundo? Nosotros creemos y confesamos que Jesús de Nazaret, nacido judío en Belén, de la Virgen María, también del pueblo de Israel, en el tiempo del rey Herodes el Grande y del emperador César Augusto; de oficio carpintero, muerto crucificado en Jerusalén, bajo el procurador Poncio Pilato, durante el reinado del emperador Tiberio, es el Hijo eterno de Dios hecho hombre, como lo testimonia la Sagrada Escritura. Jesús quiere decir en idioma hebreo: “Dios salva”. En el momento de la anunciación, el ángel Gabriel dijo a María que su hijo se llamaría Jesús, nombre que expresa a la vez su identidad y su misión. Jesús, pues, el Hijo eterno hecho hombre “salvará a su pueblo de sus pecados”. En Jesús, Dios recapitula toda la historia de la salvación a favor de los hombres. En la historia de la salvación, Dios no se ha contentado con librar al pueblo de Israel de “la servidumbre“ haciéndole salir de la esclavitud que vivía en Egipto. El lo salva además de su pecado. Puesto que el pecado es siempre una ofensa hecha a Dios, sólo Dios puede perdonarlo. Por eso es por lo que Israel tomando cada vez más conciencia de la universalidad del pecado, ya no podrá buscar la salvación más que en la invocación del Nombre de Dios Redentor. El nombre de Jesús significa que el Nombre mismo de Dios está presente en la persona de su Hijo hecho hombre para la redención universal y definitiva de los pecados. El es el Nombre divino, el único que trae la salvación y puede ser invocado por todos porque se ha unido a todos los hombres por la Encarnación de tal forma que “no hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres por el que nosotros podamos salvarnos” (Hechos 4, 12). El Nombre de Dios Salvador era invocado una sola vez al año por el sumo sacerdote para la expiación de los pecados de Israel. La Resurrección de Jesús glorifica el nombre de Dios Salvador porque el Nombre de Jesús es el que manifiesta en plenitud el poder soberano del “Nombre que está sobre todo nombre” (Filipenses 2, 9). Los espíritus malignos temen su Nombre y en su nombre los discípulos de Jesús hacen milagros porque todo lo que piden al Padre en su Nombre, él se lo concede. El Nombre de Jesús está en el corazón de la plegaria cristiana. Todas las oraciones litúrgicas se acaban con la fórmula: “por Jesucristo nuestro Señor...” Es el Nombre que todos los cristianos debemos llevar grabado en el corazón, en la mente y en los labios...
En la siguiente “sopa de letras” encontrar lo que escribe San Pablo a los Gálatas 4, 4-5 (27 palabras) y colocar las vocales en el lugar correspondiente del texto de abajo.
El catequista habrá preparado un letrero GRANDE con el nombre de Jesús. Pintadas las letras recortará el letrero en tantas partes como niños hay en el grupo, y, sin son pocos niños puede dar a cada uno dos trozos. Invitará a los niños a sentarse en el suelo formando un círculo. En el centro se habrá colocado una vela encendida y una Biblia abierta. Se iniciará la celebración con un canto. Después del canto el catequista pide a los niños que comenten las ideas que más les haya llamado la atención del tenemos reflexionado. Seguidamente, cada niño recibirá un trozo o dos del rompecabezas. En orden, se van acercando al centro y delante de la Biblia se colocará el trozo de papel. A medida que los niños capten lo que está escrito, sin advertirles nada, se espera que descubran el nombre de Jesús. Para terminar se dará gracias a Jesús porque “está en medio de nosotros” y porque el quiere que lo conozcamos, lo amemos y seamos siempre sus amigos. Se termina con el rezo del Padrenuestro y el Avemaría.
-Rezar todos los días por los que no conocen a Jesús y pedir al Padre que envíe misioneros a esas personas. -Siempre que vaya a hacer algo: estudiar, comer, salir, llegar, dormir, etc., decir el nombre de Jesús.
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