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Texto y dibujo: Hermana Teresa Castaño MAR
Que los niños reflexionen y comprendan que, la naturaleza humana, por el pecado original está debilitada, inclinada al mal, sometida a la ignorancia, al sufrimiento y a la muerte.
Queridos niños: El amor que Dios nos tiene es tan grande que, Adán y Eva, que con su desobediencia se separaron de él y a todos nosotros también, Dios mismo promete un Redentor, un Salvador, uno que repararía ese pecado. Responder al amor de Dios no es fácil; hay que luchar contra el mal y hacer la voluntad de Dios. El siempre está listo para ayudarnos: confiemos en su poder, en su amor, en que El es nuestro Papá.
-¿He rezado todos los días con el salmo 102? -¿Qué puedo compartir con el grupo al haber ayudado a mis hermanos y compañeros más pequeños para que se sintieran amados?
Querido Dios: Sabemos que nos amas con un amor infinito. Ante ese amor que nos tienes nos sentimos pequeñitos y pobres porque descubrimos que en nuestro corazón hay egoísmo, hay envidia, hay pensamientos feos, hay rebeldía y deseos de venganza. No sabemos amar de verdad pero nos ponemos en tus manos para que tú nos conviertas. Convierte a todos los que hacen la guerra y tienen odio para que haya paz en el mundo y en el corazón de cada persona. Amén.
Carta de San Pablo a los Colosenses 1, 21-23. Antes estaban ustedes alejados de Dios con sentimientos contrarios y malas acciones; ahora, en cambio, gracias a la muerte que Cristo sufrió en su cuerpo de carne, Dios los ha reconciliado a ustedes para hacerlos santos, sin mancha y sin reproche en su presencia. La condición es que ustedes permanezcan apoyados y estables en la fe, y firmes en la esperanza del Evangelio que han escuchado.
Después de caer el hombre en el pecado no fue abandonado por Dios. Al contrario, Dios lo llama y le anuncia de modo misterioso la victoria sobre el mal y el levantamiento de su caída. Este pasaje del libro del Génesis 3,15, ha sido llamado “Protoevangelio”, por ser el primer anuncio de un combate entre la serpiente y la Mujer, y de la victoria final de un descendiente de esta Mujer. La tradición cristiana ve en este pasaje un anuncio del “nuevo Adán” que, por su “obediencia hasta la muerte en la Cruz” repara con sobreabundancia la descendencia de Adán. Por otra parte, numerosos Padres y doctores de la Iglesia ven en la mujer anunciada en el “protoevangelio” la madre de Cristo. María, como “nueva Eva”. Ella es la primera y de una manera única, quien se benefició de la victoria sobre el pecado alcanzada por Cristo: fue preservada de toda mancha de pecado original y, durante toda su vida terrena, por una gracia especial de Dios, no cometió ninguna clase de pecado. San Pablo dice: “Por la desobediencia de un solo hombre, todos fueron constituidos pecadores”. Sabemos por la Escritura que Adán había recibido la santidad y la justicia originales no para él solo sino para toda la naturaleza humana. Cuando caen en la tentación del diablo, Adán y Eva cometen un pecado personal, pero es un pecado que afecta a toda la humanidad. ¿Cómo el pecado de Adán vino a ser el pecado de todos sus descendientes? Todo el género humano es en Adán “como el cuerpo único de un único hombre”. Por “esta unidad del género humano”, todos los hombres están implicados en la justicia de Cristo. Sin embargo, la transmisión del pecado original es un misterio que no podemos comprender plenamente El pecado original es la privación de la santidad y de la justicia originales, pero la naturaleza humana no está totalmente corrompida: está herida en sus propias fuerzas naturales, sometida a la ignorancia, al sufrimiento y al imperio de la muerte e inclinada al pecado (esta inclinación al mal es llamada “concupiscencia”). Por esta certeza de fe de que todos nacemos con el pecado original, la Iglesia concede el Bautismo para el perdón de los pecados incluso a los niños que no han cometido pecado personal. El Bautismo da la vida de la gracia de Cristo borrando el pecado original y haciendo que el hombre vuelva a Dios. Sin embargo, las consecuencias del pecado original en la naturaleza humana, debilitada e inclinada al mal, están en el hombre. Esta situación dramática del mundo que “todo entero yace en poder del maligno, hace de la vida del hombre un combate”.( 1ª. Jn 5, 19). A través de toda la historia del hombre se extiende una dura batalla contra los poderes de las tinieblas que, iniciada ya desde el origen del mundo, durará hasta el último día según el Señor. En medio de esta lucha, el hombre debe combatir continuamente para hacer el bien. Con la ayuda de la gracia de Dios y con esfuerzo, es capaz el hombre de lograr la unidad en sí mismo. Por el pecado de los primeros padres, el diablo adquirió un cierto dominio sobre el hombre, aunque el hombre permanezca libre. El pecado original lleva en sí mismo -la servidumbre bajo el poder del que poseía el imperio de la muerte, es decir, del diablo-. Ignorar que el hombre posee una naturaleza herida, inclinada al mal, da lugar a graves errores en el dominio de la educación, de la política, de la acción social y de las costumbres.
El catequista a cada niño le entrega una hoja de papel en blanco. Antes de dibujar y pintar, pensar un poco lo que les propone la siguiente idea: ¿Cómo quiere Dios que seamos?
El catequista invita a los niños a sentarse en el suelo formando un círculo. Se comienza la celebración con un canto de acción de gracias y luego se les indica que recuerden alguna idea de lo que se ha reflexionado durante la catequesis para dar gracias a Papá Dios. Se termina cantando o recitando el Padrenuestro y el Avemaría.
-Rezar cada día para que Dios bendiga a la persona o personas que no me quieren o me han hecho algún daño. -Saludar, con alegría, a todas las personas con las que me encuentre.
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