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Texto y dibujo: Hermana Teresa Castaño MAR
Que los niños comprendan que Dios todo lo hizo bien y quiere para todos la salvación.
Queridos niños: la Biblia nos cuenta por medio de símbolos: el jardín, la serpiente, el árbol, los frutos, etc., cómo Adán y Eva cayeron en la tentación y perdieron su participación en la vida divina quedando condenados al sufrimiento y a la muerte. El perdón de Dios y la recuperación del hombre la tenemos en Jesús que murió y resucitó por todos, para que pudiéramos obtener lo que habíamos perdido.
¿Hice la lista de las cosas que yo desperdicio y que otros pueden necesitar? ¿He rezado por todos los niños que pasan hambre y les falta lo necesario para vivir?
Querido Dios: te damos gracias por el amor que nos tienes, porque a pesar de la desobediencia de nuestros primeros padres y de todo lo malo que hacemos, nos sigues amando y buscando para entrar en amistad contigo. Te pedimos luz para poder entender y valorar el misterio de la salvación que Cristo nos ha traído. Sabemos que por su muerte y resurrección hemos recuperado el derecho de vivir siempre contigo en la felicidad que nunca acaba. Te pedimos que todos los hombres se salven. Amén.
La serpiente era el más astuto de los animales del campo que el Señor Dios había hecho. Y dijo a la mujer: -¿Cómo es que Dios les ha dicho que no coman de ningún árbol del jardín? La mujer contestó a la serpiente: Podemos comer los frutos de los árboles del jardín; solamente del fruto del árbol que está en medio del jardín nos ha dicho Dios: no coman de él ni lo toquen, bajo pena de muerte. La serpiente replicó a la mujer: No morirán. Bien sabe Dios que cuando coman de él se les abrirán los ojos y serán como Dios en el conocimiento del bien y el mal. La mujer vio que el árbol era apetitoso, atrayente y deseable porque daba inteligencia; tomó del fruto, comió y ofreció a su marido, el cual comió. Entonces se les abrieron los ojos a los dos y se dieron cuenta que estaban desnudos; entrelazaron hojas de higuera y se las ciñeron. Oyeron al Señor que paseaba por el jardín a la hora de la brisa; el hombre y la mujer se escondieron de la vista del Señor Dios entre los árboles del jardín.
Dios creó al hombre, no solamente bueno sino en amistad con El, en armonía con él mismo y con las demás cosas creadas. Por eso la Iglesia dice que nuestros primeros padres Adán y Eva fueron creados en estado de santidad, participando de la vida divina. En este estado el hombre no podía sufrir ni morir. Dios coloca al hombre en un jardín en el que todo es armonía. Con el pecado de nuestros primeros padres entran el desorden y el mal en el mundo y en la propia persona. Dios es infinitamente bueno y todas sus obras son buenas. Sin embargo, nadie escapa a la experiencia del sufrimiento, de los males de la naturaleza. ¿De dónde viene el mal? Contemplando a Cristo, que siendo Dios se hizo hombre, que con sus padecimientos, su muerte y resurrección venció al pecado, podemos darnos cuenta de la magnitud del mal que trajo el pecado a la humanidad. El pecado está presente en la historia del hombre, es una dura realidad: no lo podemos ignorar ni le podemos dar otros nombres. Para intentar comprender lo que es el pecado, es preciso en primer lugar reconocer la unión profunda del hombre con Dios, y como el pecado viene a romper y a separar; es rechazo y oposición a Dios. Con la luz de la Revelación divina podemos esclarecer la realidad del pecado, y más particularmente, la realidad del pecado original. Conociendo esta Revelación de Dios podemos reconocer claramente el pecado, y evitar la tentación de rebajar su gravedad explicándolo como un defecto de crecimiento, como una debilidad psicológica, como un error, etc. Sólo en el conocimiento del designio de Dios sobre el hombre podemos comprender que el pecado es un abuso de la libertad que Dios da a las personas creadas para que puedan amarle y amarse mutuamente. A la luz de la Muerte y la Resurrección de Jesucristo llegamos a comprender el significado último de lo que nos narra el libro del Génesis. Es preciso conocer a Cristo como fuente de la gracia para conocer a Adán como fuente del pecado. El Espíritu Santo, enviado por Cristo resucitado, es quien vino “a convencer al mundo en lo referente al pecado” revelando al que es su Redentor. La doctrina del pecado original es, por así decirlo, “el reverso” de la Buena Nueva de que Jesús es el Salvador de todos los hombres, que todos necesitan salvación y que la salvación es ofrecida a todos gracias a Cristo. El relato de la caída, en Génesis 3, utiliza un lenguaje hecho de imágenes literarias, pero afirma un acontecimiento primordial, un hecho que tuvo lugar al comienzo de la historia del hombre. La Revelación nos da la certeza de fe de que toda la historia humana está marcada por el pecado original libremente cometido por nuestros primeros padres. El pecado original es una verdad esencial de la fe.
Colocar las vocales en los lugares indicados y aparecerá un texto de la Carta de San Pablo a los Efesios:
El catequista invita a los niños a sentarse en el suelo formando un círculo. Se entonará un canto, y les indica que, con el texto de San Pablo, como modelo, cada uno pensará en una bendición y luego la dice; te bendigo Papá Dios por... Al terminar se recitará o cantará el Padrenuestro.
Explicar en mi cuaderno de I. M., lo que significa el dibujo representado en la cartelera. Rezaré por la paz del mundo y para que haya perdón y unión en las familias.
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