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Texto y dibujo: Hermana Teresa Castaño MAR
Reflexionar con los niños en el amor de Dios para crearnos a su imagen y semejanza.
Queridos niños: En la Biblia hay dos relatos que nos quieren explicar cómo creó Dios al hombre y a la mujer. Nos fijaremos hoy en el primer relato: Dios creó al hombre, hombre y mujer, con un amor tan grande, que no lo llegamos a comprender del todo en esta vida. Sólo nosotros, los hombres y mujeres estamos llamados a participar, por el conocimiento y el amor, en la vida de Dios. Para el hombre hizo Dios el cielo y la tierra, el mar y la totalidad de la creación. Por la salvación del hombre, no perdonó a su propio Hijo al tener que pasar por el sufrimiento y la muerte.
-¿Hice la revisión de mis actitudes? -¿Pedí perdón a Jesús? ¿Cómo me he sentido? -¿He rezado porque se acaben las guerras y para que haya paz en el mundo?
Querido Dios: nos has hecho a tu imagen y semejanza y por eso, capaces de relacionarnos contigo. Eres nuestro Padre bueno, nuestro amigo siempre fiel, nuestra fortaleza, nuestra esperanza. Te pedimos por todos los niños del mundo para que lleguen al conocimiento de tu amor bondadoso y, también, que nosotros seamos capaces de dar testimonio de nuestra fe en ti y en tu amor a través de nuestro modo de vivir. Amén.
Y dijo Dios: -Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza; que ellos dominen los peces del mar, las aves del cielo, los animales domésticos y todos los reptiles. Y creó Dios al hombre a su imagen; a imagen de Dios los creó; varón y hembra los creó. Y los bendijo Dios y les dijo Dios: -Crezcan, multiplíquense, llenen la tierra y sométanla; dominen los peces del mar, las aves del cielo y todos los animales que se mueven sobre la tierra.
-¿A quienes les dio poder Dios de dominar los peces, las aves y los animales? -¿A quién creó Dios a su imagen y semejanza? -¿Al bendecir Dios al hombre y a la mujer, qué les dijo? “Dios creo al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó” (Gen. 1,27). De todas las criaturas visibles sólo el hombre es “capaz de conocer y amar a su Creador”. Sólo el hombre está llamado a participar, por el conocimiento y el amor, en la vida de Dios. Por haber sido hecho a imagen de Dios, el ser humano tiene la dignidad de persona; no es solamente algo, sino alguien. La persona humana, creada a imagen de Dios, es un ser a la vez corporal y espiritual. El relato bíblico expresa esta realidad con un lenguaje simbólico cuando afirma que “Dios formó al hombre con el polvo del suelo e insufló en sus narices aliento de vida y resultó el hombre un ser viviente”. Por tanto, el hombre en su totalidad es querido por Dios. El hombre es imagen de Dios por el alma o principio espiritual. El alma designa también lo que hay de más íntimo y de más valor en la persona. El cuerpo del hombre participa de la dignidad de la “imagen de Dios” porque está animado precisamente por el alma espiritual, y es toda la persona humana la que está destinada a ser, en el Cuerpo de Cristo, el Templo del Espíritu. Al hombre no le es permitido despreciar la vida corporal, sino que, por el contrario, tiene que considerar su cuerpo bueno y digno de honra, ya que ha sido creado por Dios y que ha de resucitar en el último día. El espíritu y la materia no son dos naturalezas unidas, sino que su unión constituye una única naturaleza: la persona humana. El alma es inmortal y no se acaba cuando por la muerte se separa del cuerpo, pues con este se unirá de nuevo en la resurrección final. También, la Iglesia habla del corazón en su sentido bíblico: como “lo más profundo del ser”, donde la persona se decide o no por Dios. El hombre y la mujer son creados, es decir, son queridos por Dios: por una parte, en una perfecta igualdad en tanto que personas humanas, y por otra, en su ser respectivo de hombre y de mujer. El hombre y la mujer son, con la misma dignidad, “imagen de Dios”. Dios no es, ni hombre ni mujer. Dios es espíritu puro, en el cual no hay lugar para la diferencia de sexos. Pero las perfecciones del hombre y de la mujer reflejan algo de la infinita perfección de Dios: las de una madre y las de un padre y esposo. Creados a la vez, el hombre y la mujer son queridos por Dios el uno para el otro. La Palabra de Dios nos lo hace entender. La mujer que Dios forma de la costilla del hombre y se la presenta a éste, despierta en él un grito de admiración, una exclamación de amor y de comunión: “esta si que es hueso de mis huesos y carne de mi carne”. El hombre descubre en la mujer como otro “yo”, de la misma humanidad. El hombre y la mujer están hechos el uno para el otro: no es que Dios los haya creado a medias e incompletos; los ha creado para una comunión de personas, en las que cada uno puede ser ayuda para el otro porque son a la vez iguales en cuanto personas y complementarios en cuanto masculino y femenino. En el matrimonio, Dios los une de manera que, formando una “sola carne” puedan transmitir la vida humana.
En la sopa de letras encontrar 15 nombres de cosas que son creación de Dios y 15 nombres de cosas que el hombre ha inventado:
El catequista indica a los niños que formen un círculo, sentados en el suelo. Se entonará un canto de acción de gracias y seguidamente, se invita a los niños a agradecer a Papá Dios por tantas cosas que nos ha regalado y que con la inteligencia que ha dado al hombre, este ha podido inventar. Se terminará con el rezo del Padrenuestro.
-Escribir en el cuaderno de I. M., una lista de las cosas que yo desperdicio y que otros lo pueden necesitar. -Rezar por todos los niños que pasan hambre y les falta lo necesario para vivir.
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