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El Muchacho y
el Cocodrilo |
Era el tiempo de las lluvias y el
río había crecido tanto que parecía el mar. Poco a poco volvió a su cauce y
dejó en la orilla seca un cocodrilo. Llegó por allí un muchacho que se
compadeció de él, lo agarró, lo enrolló en una estera, ató el rollo con una
liana, se cargó el cocodrilo al hombro y se fue con él al río. El muchacho
fue a dejar el cocodrilo a la orilla del río, donde el agua aún estaba baja.
Al muchacho le llegaba al tobillo. Entonces el cocodrilo se quejó, diciendo: -
Estoy tan débil ... Llévame donde el agua sea más profunda.
El muchacho siguió con el cocodrilo al hombro hasta que el agua
le llegó a las rodillas. Intentó dejarlo, pero el cocodrilo se quejó de
nuevo. - Llévame donde el agua está más profunda. El muchacho
Introdujo más al cocodrilo. Al muchacho ya le llegaba el agua a cuello cuando
dejó el cocodrilo en el río y... ¡plaf! - Pero, ¿qué haces? -gritó
el muchacho. El cocodrilo le había dado una dentellada en el brazo. El
cocodrilo dijo: - Hace tres días que no he comido nada. Así es la vida. Tú
lo sabes. Una buena acción se paga con otra mala, pregúntaselo a quien
quieras.
| - De acuerdo -dijo el muchacho-, preguntaré a los
tres primeros que encuentre. Cuando terminó de decir esto el
muchacho, llegó un caballo viejo a beber agua -Caballo -dijo el
muchacho-, ¿es verdad que en la vida se paga siempre una acción buena
con otra mala? - Muchas veces así es -gimió el caballo-. Antes,
cuando yo llevaba a mi señor en la batalla contra su enemigo, podía
gustar buena comida; pero ahora que soy viejo, tengo que buscármela por
el camino. - ¿Tú ves? -dijo el cocodrilo-. Así es la vida.
Entonces llegó una vaca y le preguntó el muchacho lo mismo. Ella
contestó: - Algunas veces así es. Cuando yo tenía un bonito ternero
y daba mucha leche, estaba muy apreciada. pero ahora que soy vieja...
Mañana me llevarán al matadero. - Entonces ya puedo comerte -dijo el
cocodrilo. -No, no, todavía no, he de preguntar a un tercero -dijo
el joven. Y llegó un conejo que salía de un matorral. - Conejo -dijo
el joven-, ¿en el mundo una buena acción se paga con otra mala? -
¡Huuuuuuml -dijo el conejo-. Antes de contestar necesitaría
conocer los antecedentes. El muchacho respondió: -He traído al
cocodrilo desde la orilla seca hasta el agua. - Joven -dijo el
conejo-, estás muy tranquilo, pero mientes. No te puedo creer. -
Pero es así -contestó orgulloso el cocodrilo. - Necesito que me
lo demostréis, de lo contrario no os creo -dijo el conejo. El
cocodrilo nadó hasta la orilla y se dejó enrollar en la estera y atar
con la liana. El joven lo tomó sobre los hombros. Entonces dijo el
conejo: - A quien paga el bien por el mal no hay que devolverle dones.
Muchacho, vete a tu casa con el cocodrilo ¡y deja que tu familia se lo
coma! |
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PIENSA...
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- ¿Crees que se debe devolver mal por bien?.
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- ¿Qué dice el EVANGELIO sobre eso?
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Busca en tu Biblia Mt. 5,38-42
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- Recuerda el número 6 del decálogo
del niño misionero.
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