TEMA:
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Objetivo :
Que los niños lleguen a comprender que Dios nos da el Reino de los
cielos, pero, lo alcanzamos con nuestro esfuerzo.
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Colocar en la cartelera el dibujo que
representa el año litúrgico. |

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Queridos niños: estamos terminando juntos el recorrido de un año en
la Infancia Misionera. Vamos a evaluar un poco, lo que hemos hecho.
Jesús nos ayudará.
- 2- Revisión del compromiso
- ¿He hablado con alguna persona para invitarle a esperar a Jesús
con la lámpara encendida?
- ¿He rezado por la conversión de los pecadores?
Querido Jesús: Ya casi terminamos el año litúrgico y reconocemos
que sí hemos trabajado. Tal vez hubo momentos de aburrimiento en que no
hicimos nada; caímos en la tentación de enterrar los dones que nos
regalas. Hoy estamos aquí para escucharte y conocerte más. Te pedimos
que seamos capaces de dar y capaces de recibir para que otros, también,
se sientan felices de compartir tus dones. Amén.
Se les da a los niños una hoja con el esquema del año
litúrgico, pero sin tener nada escrito. Se trata de hacer un recuento
del camino recorrido y de lo más interesante que cada niño ha vivido.
(Ver la catequesis No.0) Se puede dividir el grupo grande en grupos
pequeños, o individualmente. El catequista puede tomar nota para saber
los logros obtenidos y mejorar, tal vez, alguna deficiencia.
Jesús nos habla hoy, de "evaluación" y vemos que eso
tiene mucha relación con la actividad que hemos hecho. Escuchemos el
Evangelio de Mateo 25, 14 -30
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos esta parábola:
"El Reino de los cielos se parece también a un hombre que iba a
salir de viaje a tierras lejanas. Llamó a sus servidores de confianza y
les encargó sus bienes. A uno le dio cinco millones; a otro, dos; y a
un tercero, uno, según la capacidad de cada uno, y luego se fue. El que
recibió cinco millones fue enseguida a negociar con ellos y ganó otros
cinco. El que recibió dos hizo lo mismo y ganó otros dos. En cambio,
el que recibió un millón, hizo un hoyo en la tierra y ahí escondió
el dinero de su señor. Después de mucho tiempo regresó aquel hombre y
llamó a cuentas a sus servidores. Se acercó el que había recibido
cinco y le presentó otros cinco, diciendo: 'Señor, cinco millones me
dejaste; aquí tienes otros cinco, que con ellos he ganado'. Su señor
le dijo: 'Te felicito, siervo bueno y fiel. Puesto que has sido fiel en
cosas de poco valor te confiaré cosas de mucho valor. Entra a tomar
parte en la región de tu señor'. Se acercó luego el que había
recibido dos millones y le dijo: 'Señor, dos millones me dejaste; aquí
tienes otros dos, que con ellos he ganado'. Su señor le dijo: 'Te
felicito, siervo bueno y fiel. Puesto que has sido fiel en cosas de poco
valor, te confiaré cosas de mucho valor. Entra a tomar parte en la
alegría de tu señor'. Finalmente, se acercó el que había recibido un
millón y le dijo: 'Señor, yo sabía que eres un hombre duro, que
quieres cosechar lo que no has plantado y recoger lo que no has
sembrado, por eso tuve miedo y fui a esconder tu millón bajo la tierra.
Aquí tienes lo tuyo'. El Señor le respondió: 'Siervo malo y
perezoso... ¿Por qué, entonces, no pusiste mi dinero en el banco para
que, a mi regreso, lo recibiera yo con intereses? Quítenle el millón y
dénselo al que tiene diez. Pues al que tiene se le dará y le sobrará;
pero al que tiene poco, se le quitará aún ese poco que tiene. Y a este
hombre inútil, échenlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y
la desesperación".
- ¿A qué se parece el Reino de los cielos, en esta parábola que
contó Jesús?
- ¿Qué es lo el Señor, al volver de su viaje, hizo con los
empleados?
- ¿Cuál es el motivo de castigo para el hombre que guardó el
dinero?
Jesús, una vez más, porque esta enseñanza la hemos recibido en
otros momentos, nos habla del Reino y de cómo hay que conseguirlo. El
perezoso, el que no hace nada, el que esconde por miedo los dones, no
produce ningún fruto para el Reino. Nosotros, estamos llegando al final
del año litúrgico. ¿Recordamos qué significa? Hemos hecho un
recorrido y comprobado nuestro trabajo: unos, con grandes resultados,
otros, un poco menos y quizás, un poquito, algunos. Jesús no mira la
cantidad sino la buena voluntad para trabajar. El es quien da fermento a
la masa, el que hace crecer la semilla, el tesoro escondido en el campo,
el que multiplica los panes, el que cura a los enfermos, quien nos
invita a tener fe y a saber esperarlo con la lámpara encendida.
Estamos contentos porque hemos conocido un poco más a Jesús, porque
hemos sentido su amor y ayuda, porque, tal vez, ahora nos parecemos un
poco más a El. También, reconocemos que nuestras relaciones con los
demás han cambiado para bien. Seguramente, si le preguntamos a mamá o
a papá, a la abuela o a la tía, nos dirá que sí hemos mejorado.
Bueno todo esto, son dones que debemos agradecer. Todos en círculo,
sentados en el suelo, vamos a decirle a Jesús de qué cosas le damos
las gracias. Finalmente rezamos el Padrenuestro entonamos un canto de
agradecimiento.