TEMA:
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Objetivo :
Que los niños descubran cómo Jesús nos advierte de que sólo hay
uno a quien podemos llamar Padre, Maestro y Guía.
En la cartelera, con letras grandes colocar:
UN MAESTRO: EL ESPIRITU SANTO,
UN PADRE: EL PADRE CELESTIAL,
UN GUIA: JESUS.
Queridos niños: Vivir en grupo, en comunidad, en familia es difícil
si no seguimos los consejos de Jesús. El nos dirá hoy algo muy
importante, por eso estaremos atentos en todo momento.
- 2- Revisión del compromiso
- ¿Quién hizo la lista de personas necesitadas e hizo algo por una de
ellas?
- ¿Nos acordamos de rezar por los que no se sienten amados por nadie?
Querido Jesús: te damos gracias por todo lo que nos enseñas, porque
sabemos que tú nos dices la verdad, no te equivocas. Queremos conocerte
más y dejarnos iluminar por tu Espíritu para vencer las dudas y las
tentaciones. Amén
Se divide el grupo grande en tres o cuatro más pequeños, según el
número de niños. A cada pequeño grupo se le entregan seis palabras:
HUMILDE-ORGULLOSO-SALUDAR-OBLIGAR-SERVIR-HERMANOS, para que redacten un
cuento y hagan un dibujo. Al terminar hay comunicación entre todos los
grupos para exponer el trabajo realizado. El catequista preguntará
cómo se han sentido y si han tenido alguna dificultad al trabajar; en
ponerse de acuerdo sobre el tema del cuento o el dibujo. Resaltar un
poco las dificultades de integración pero sin explicar nada.
El catequista invita a los niños a escuchar el mensaje de Jesús y a
descubrir lo profundo de ese mensaje. Evangelio de Mateo 23, 1-12
En aquel tiempo, Jesús dijo a las multitudes y a
sus discípulos: "En la cátedra de Moisés se han sentado los
escribas y fariseos. Hagan, pues, todo lo que les digan, pero no imiten
sus obras, porque dicen una cosa y hacen otra. Hacen fardos muy pesados
y difíciles de llevar y los echan sobre las espaldas de los hombres,
pero ellos ni con el dedo los quieren mover. Ensanchan las filacterias y
las franjas del manto; les agrada ocupar los primeros lugares en los
banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; les gusta que los
saluden en las plazas y que la gente los llame 'maestro'. Ustedes, en
cambio, no dejen que los llamen 'maestro', porque no tienen más que un
Maestro y todos ustedes son hermanos. A ningún hombre sobre la tierra
lo llamen 'padre', porque el Padre de ustedes es sólo el Padre
celestial. No se dejen llamar 'guías', porque el 'guía' de ustedes es
solamente Cristo. Que el mayor de entre ustedes sea su servidor, porque
el que se enaltece será humillado y el que se humilla será
enaltecido".
- ¿Por qué dice Jesús a la gente que no imiten las obras de
los escribas y fariseos?
- ¿Qué les gustaba a los fariseos y escribas, que Jesús
les recrimina?
- ¿A quién, dice Jesús, debemos llamar Maestro, Padre y Guía?
- ¿Qué dice Jesús debe hacer el que quiera ser mayor
entre todos?
Jesús reprendió fuertemente a los escribas y fariseos porque
engañaban y manipulaban a la gente. Les hacían cumplir leyes que ellos
no cumplían, hacían cosas para ser vistos y ser llamados: Maestro,
Padre, Guía, vivían de las apariencias. El mensaje de Jesús es claro:
sólo debemos llamar Padre, al Padre Celestial; Maestro a uno solo, el
Espíritu, que es quien nos enseña y Guía, a Jesús. Que el mayor
entre nosotros sea el que más sirve. Este será el camino del Reino,
dar nuestro servicio y no ser servidos. Podemos ahora descubrir, por
qué nos cuesta ponernos de acuerdo al hacer un trabajo. Creemos cada
uno que sabemos más que los otros, o que somos más capaces. Jesús nos
enseña el camino de la humildad y qué debemos hacer porque nuestra
vida es de relación con los demás, no estamos solos.
Hoy vamos a reconocer que sólo el Señor nos ayuda, enseña y guía,
recitando el salmo 22, que es una de tantas oraciones del Antiguo
Testamento y que Jesús y la Virgen María, también aprendieron y rezaron:
El Señor es mi pastor, nada me falta: En verdes praderas me hace
recostar;
Me conduce hacia fuentes tranquilas Y repara mis fuerzas;
Me guía por el sendero justo, por el honor de su nombre.
Aunque camine por cañadas oscuras,
Nada temo, porque tú vas conmigo: Tu vaya y tu cayado me sosiegan.
Preparas una mesa ante mí Enfrente de mis enemigos;
Me unges la cabeza con perfume, Y mi copa rebosa.
Tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi
vida,
Y habitaré en la casa del Señor Por años sin término.