ESCUCHEMOS A DIOS
Profundizar en las palabras del Evangelio que dicen: "Este es mi Hijo muy amado, escúchenlo".
En la cartelera dibujar una montaña colocando en la cima, en el centro el nombre de Jesús, a su izquierda el nombre de Elías y a la derecha el nombre de Moisés. En la parte baja de la montaña colocar los nombres: Pedro- Santiago - Juan.
Queridos niños: Jesús tiene hoy, algo nuevo para enseñarnos. Quiere
también, que descubramos cuál es la voluntad de Papá -Dios para nosotros.
Nos vamos a tomar de la mano y muy despacio vamos a recitar aquella hermosa oración que Jesús enseñó a sus discípulos: Padre nuestro...
-¿Quién de ustedes ya ha comenzado a pintar la cruz ? -¿Ha sido muy difícil vencer las tentaciones ? -En cuanto a la oración, ¿quiénes han recordado hacerla todos los días?
Nuestro juego de hoy tiene un nombre: «Llamar-responder». A cada niño se le entrega una papeleta con un número, empezando por el 1 y se continúa según la cantidad de niños . Al lado del número se coloca el nombre de un apóstol u otro nombre de la Biblia. El catequista en el centro, hace como si estuviera llamando por teléfono y dirá: Por favor, el 3. El 3 responderá: aquí el 3, soy fulano. El catequista continúa, quiero saber de tu amigo Jesús, ¿qué me puedes decir de El ? u otras preguntas parecidas sobre Jesús. Al final del juego el catequista invitará a escuchar el mensaje del Evangelio y a observar la cartelera. Les insinúa que estén atentos para ver cómo se podría completar la cartelera.
Leemos Mateo 17,1-9 En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan, hermano de este, y los hizo subir a solas con El a un monte elevado. Ahí se transfiguró en su presencia: su rostro se puso resplandeciente como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la nieve. De pronto aparecieron ante ellos Moisés y Elías conversando con Jesús. Entonces Pedro le dijo a Jesús: «Señor, ! Que bueno sería quedarnos aquí ! Si quieres, haremos aquí tres chozas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías». Cuando aún estaba hablando, una nube luminosa los cubrió y de ella salió una voz que decía: «Este es mi Hijo muy amado, en quien tengo puestas mis complacencias; escúchenlo». Al oír esto los discípulos cayeron rostro en tierra, llenos de un gran temor. Jesús se acercó a ellos, los tocó y les dijo: «levántense y no teman». Alzando entonces los ojos, ya no vieron a nadie más que a Jesús. Mientras bajaban del monte, Jesús les ordenó: «No le cuenten a nadie lo que han visto, hasta que el Hijo del Hombre haya resucitado de entre los muertos».
Jesús llamó y se llevó a solas a una montaña a tres de sus discípulos. Ellos presenciaron algo que los demás no vieron y por mandato de Jesús, sólo pudieron contarlo después de que Jesús murió y resucitó. Jesús quería fortificar la fe de sus discípulos que tal vez dudaban muchas veces. También, en esta ocasión, el Padre deja oír su voz declarando que Jesús es su Hijo muy amado y a quien se debemos escuchar. Jesús es el Mesías, el Salvador esperado por el pueblo en el ANTIGUO TESTAMENTO, no hay ni habría otros Mesías. Por eso nosotros aquí, en cada reunión escuchamos a Jesús y tratamos de seguirlo con entusiasmo. Papá-Dios se alegra de que seamos obedientes a sus palabras, de que escuchemos a Jesús.
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