TEMA:
-
Objetivo :
Jesús nos dice que debemos
perdonar siempre.
Colocar en la cartelera el dibujo y expresión siguientes:
DEBEMOS PERDONAR COMO PAPÁ-DIOS NOS PERDONA A
NOSOTROS
Queridos niños: el corazón de Papá-Dios nunca se cansa de
perdonar y así quiere Jesús que seamos nosotros. Las enseñanzas
de hoy, la entenderemos muy bien si estamos atentos.
- 2- Revisión del compromiso
En esta semana,
-¿hemos tenido ocasión de corregir o aconsejar a alguien?
-Si me han corregido a mí, ¿cómo ha sido mi actitud?
-¿He rezado todas las noches por los pecadores?
Jesús, cuando tú agonizabas en la cruz pediste al Padre que
perdonara a todos por el mal que te hacían. Enséñanos a ser como tú,
generosos con el que nos hace mal. Que sepamos olvidar las ofensas para
tener el corazón libre de rencores. Amén.
El catequista llevará un pan o una fruta y lo repartirá a tres
niños, en porciones desiguales. (Previamente les habrá comunicado a
estos tres niños, lo que deben hacer: discutir porque a cada uno no se
le dio la misma cantidad). Después de un tiempo oportuno el catequista
termina la discusión y pregunta al resto del grupo cómo le pareció la
representación. En qué estaban de acuerdo y en qué no estaban de
acuerdo. Si era necesario, por algo que no es importante, perder la paz
y la armonía. Se le entregará a cada niño una hoja de papel con una
línea en el medio para que cada uno escriba en dos columnas: en qué
momentos he sido perdonado por alguien y en la otra columna: en qué
ocasiones he perdonado a alguien.
Jesús, hoy nos va a decir algo muy importante sobre lo que hasta
ahora hemos trabajado. Escuchemos el Evangelio de Mateo 18, 21-35
En aquel tiempo, Pedro se acercó a Jesús y le preguntó: "Si
mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta
siete veces?" Jesús le contestó: "No sólo hasta siete, sino
hasta setenta veces siete". Entonces Jesús les dijo: "El
Reino de los cielos es semejante a un rey que quiso ajustar cuentas con
sus servidores. El primero que le presentaron le debía muchos millones.
Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él,
a su mujer, a sus hijos y a todas sus posesiones, para saldar la deuda.
El servidor, arrojándose a sus pies, le suplicaba, diciendo: 'Ten
paciencia conmigo y te lo pagaré todo'. El rey tuvo lástima de aquel
servidor, lo soltó y hasta le perdonó la deuda. Pero, apenas había
salido aquel servidor, se encontró con uno de sus compañeros, que le
debía poco dinero. Entonces lo agarró por el cuello y casi lo
estrangulaba, mientras le decía: 'Págame lo que me debes'. El
compañero se arrodilló y le rogaba: 'Ten paciencia conmigo y te lo
pagaré todo'. Pero el otro no quiso escucharlo, sino que fue y lo
metió en la cárcel hasta que pagara la deuda. Al ver lo ocurrido, sus
compañeros se llenaron de indignación y fueron a contar al rey lo
sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo: "Siervo malvado.
Te perdoné toda aquella deuda porque me lo suplicaste. ¿No debías tú
también haber tenido compasión de tu compañero, como yo tuve
compasión de ti?". Y el señor, encolerizado, lo entregó a los
verdugos para que no lo soltaran hasta que pagara lo que debía.
"Pues lo mismo hará mi Padre celestial con ustedes, si cada cual
no perdona de corazón a su hermano".
- ¿Qué nos enseña Jesús cuando dice que debemos perdonar hasta
setenta veces siete?
- El rey que perdonó la deuda al que le debía mucho, ¿a
quién se parece?
- ¿Qué fue lo que le disgustó al rey de la historia que contó
Jesús?
Jesús nos enseña siempre y conoce muy bien nuestro corazón. El sabe que nos
gusta ser perdonados pero, también, que no nos gusta perdonar. Nos cuesta
perdonar porque nos sentimos ofendidos y nuestro orgullo está herido, siente
como una espina que le pincha y busca curarse, no perdonando sino tal vez,
"sacándose esa espina", vengándose del otro. Los niños, ¿por qué nos peleamos?
Muchas veces vamos a los golpes y a los insultos. Nos ponemos en competencia a
ver quien gana la pelea. Se pasa fácilmente, de cosas sin importancia a otras
que pueden ser de gravedad.
Jesús nos enseña a mirar las cosas en sus justo valor y hasta perder la
vida por el bien y la paz. Un niño misionero en su imitación de Jesús deberá
perdonar siempre sabiendo que Jesús lo ha perdonado ya y lo ama de verdad.
Un niño se colocará en medio, tumbado en el suelo, como Jesús en
la cruz. Los demás, alrededor, sentados en el suelo mirarán en
silencio, por unos momentos, al que está ahí tumbado. El catequista
iniciará la oración diciendo: Jesús, tú estás en cada una de las
personas que hemos ofendido. Así como fuiste tu, crucificado por tu
pueblo, nosotros hemos crucificado a alguno de nuestros hermanos.
Queremos decirte que nos perdones porque: ( se invita a los niños a
reconocer sus peleas y riñas). Para finalizar, se toman todos de la
mano y rezan despacio el Padrenuestro.