De cómo la Adelfa perdió su Beleño

      "Oílo a los viellos". Así dicen mis parientes que viven en Asturias y hablan en "bable" lenguaje entre gallego y castellano. Y el cuento tuvo que ser en tiempos muy antiguos y en lugares muy lejanos, pues, por más que pregunté, nunca llegué a saber el nombre de la tierra donde sucedió lo que voy a contar. 

      Un sábado por la tarde, víspera de una gran fiesta, un jardinero, tijera en mano, cortó apresuradamente gran cantidad de flores para tejer en la mañanita del domingo una guirnalda. Exactamente, todas las flores que cortó eran rosas; pero entre ellas, sin darse cuenta, había cortado una adelfa. Al empezar el tejido de la guirnalda, el jardinero se tropezó con la adelfa y la tiró despectivamente contra el suelo y algo lejos. Y se dio cuenta, con no pequeño asombro, que la adelfa se le paró y le dijo con voz muy clara y muy lastimera: "¿Por qué me tira? ¿No soy bonita, aunque no lo sea tanto como las rosas?". El jardinero, como si fuera tartajoso y como balbuciendo por el susto, le dijo: ¡Pues, sí que... eres bonita, pero... tienes beleño". La adelfa le contestó: "Eso era antes, pero ahora no; ni tengo beleño ni mi propio olor. ¿No te das cuenta de que pasé toda la noche con las rosas?". 

      El jardinero, emocionadísimo, recogió la adelfa, que se había recostado en el suelo y se había callado. La adelfa, contentísima, pero en absoluto silencio, lució su belleza entre las rosas todo aquel día y algunos días más, hasta que se marchitó a la par de las rosas.

 

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